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EDICIÓN | Enero 2014

Valparaíso y el salitre

Por Floreal Recabarren Rojas
Valparaíso y el salitre

La guerra avivó el boom salitrero. La guerra consumía el salitre en cantidades industriales, no para la agricultura, sino para fabricar la pólvora. Se trabajó a toda máquina. Lamentablemente, la prosperidad fue pasajera.

Si es correcta la afirmación que de la venta de un peso de salitre, un sesenta por ciento se fue al extranjero y el resto quedó en Chile, no es menos veraz que ese porcentaje menor alimentó el erario nacional y que Valparaíso fue la ciudad más favorecida. Por dos razones Iquique y Antofagasta se sirvieron las migajas de la torta: la ubicación del puerto y la desidia gubernamental.
 
El crecimiento acelerado de Valparaíso lo convirtió en el primer puerto del Pacífico Sur. La ruta de los naves salitreras debían obligadamente usar el Canal de Magallanes o Cabo de Hornos para alcanzar el Pacífico. Valparaíso era la escala necesaria para llegar a los puertos de embarque salitrero. Los empresarios salitreros abrieron sus agencias y el sistema bancario siguió el mismo camino. En la década de 1870, el setenta y tres por ciento del negocio se transaba allí. En esos años la aduana del puerto logró sus mayores ingresos.
 
El salitre se producía en regiones desérticas, en consecuencia, no había agricultura. Los hacendados del valle central aceptaron el desafío e iniciaron el comercio de cabotaje, de alimentos, bebidas alcohólicas, incluyendo forraje para los cientos de mulas que movían el engranaje de la producción. Hubo tiempos de prosperidad en los cuales sesenta mil obreros laboraban en las faenas.

 
VALPARAÍSO MI AMOR
 
Valparaíso se convirtió en ciudad cosmopolita. Por sus calles y centros de diversión se desplazaban los magnates y capitalistas, algunos acompañados de hermosas y dadivosas artistas extranjeras, principalmente francesas e italianas. No había día en que no actuara una compañía de comedias o de óperas. La famosa Sarah Bernhardt ocho veces se atrevió a realizar el peligroso viaje para trasladarse a Valparaíso. Más de alguna hermosa artista encontró en el puerto al amor de su vida.
Obras públicas, formación de plazas y avenidas y construcciones majestuosos de palacios: los de Baburizza y Astoreca. Tiendas que ofrecían vestuarios importados, bebidas y otras exquisiteces para paladares exigentes. Junto a tanta bonanza, circulaban grupos de campesinos vestidos con ojotas y mantas, los enganchados, esperando la nave que los trasladaría a la región del oro blanco.
Mientras eso ocurría en Chile, en Panamá se terminaba un canal que uniría a los océanos Atlántico y Pacífico, un golpe bajo para la prosperidad del puerto. En agosto de 1914 comenzó el tronar de cañones en Europa. La Primera Guerra Mundial se dejaba caer. En el mismo año y mes, el primer barco entraba al Pacifico vía Canal de Panamá.
 
La guerra avivó el boom salitrero. La guerra consumía el salitre en cantidades industriales, no para la agricultura, sino para fabricar la pólvora. Se trabajó a toda máquina. Lamentablemente, la prosperidad fue pasajera. Ya el canal de Panamá no era el enemigo mortal: el salitre sintético sacó el puñal que traía bajo la manga. La crisis económica se instaló en Chile. Valparaíso dijo adiós a su desarrollo.
 

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