Sabe de vacas gordas y de vacas flacas. Pasó de exhibir sus productos en las góndolas de las mejores tiendas de Londres, a tener que reformular su emprendimiento: una empresa de biotecnología que produce alimentos funcionales y, con ello, belleza desde el interior.
por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A.
Ester Sáez es una mujer de ideas claras. Ingeniera comercial de la Universidad Católica, hace cuatro años renunció a su trabajo como alta ejecutiva de DyS para dar un vuelco a su vida y lanzar su emprendimiento. Creó Cosmetofood, una empresa de biotecnología aplicada que produce alimentos funcionales y con ello instaló el concepto de beauty from within, es decir, belleza desde adentro.
“Con cuarenta años y dos niños chicos estaba súper cansada. Trabajaba como condenada en retail, incluso sábado y domingo, y tenía ganas de hacer cosas nuevas, así que me fui. Con un buen patrimonio y sin tener una idea clara, solo sabía que quería emprender. Pensé independizarme para estar más con mis niños, pero no sabía que como emprendedora uno tiene menos tiempo y es más estresante”, recuerda.
Pasó tres meses con su living tapizado de recortes de diarios y revistas, repleto de papeles con ideas, y cuando ya definió que lo suyo sería una línea de productos de belleza tradicional, cuyo origen se anclara en las bondades de Chile, agarró el teléfono y chequeó la idea con su gran amiga, Ana María Aguilera, responsable de regulación y desarrollo para Unilever en Nueva York. “Su respuesta fue enfática, me dijo: las uvas están pasadas de moda, métete a buscar información sobre los polifenoles y flavonoides de los berries chilenos y ve que se puede hacer”.
Fue así como inició la búsqueda y al poco andar descubrió que la climatología y el suelo chileno favorecían la producción de estas moléculas (los famosos antioxidantes) en los berries nacionales. “Cada fruta tiene distintos tipos de polifenoles y flavonoides y hay más de ocho mil tipos. En Chile, los berries tienen en promedio un cuarenta por ciento más de estas moléculas, con el consecuente beneficio para la salud”.
¿Por eso es que los berries chilenos son tan cotizados?
Para lograr sobrevivir a un clima tan agresivo como el chileno, donde las oscilaciones de temperatura entre el día y la noche son gigantes, y con una capa de ozono cada vez más dañada, lo que hace la fruta, especialmente los berries, es desarrollar mayor cantidad de polifenoles y flavonoides. Estas moléculas desintoxican, desinflaman y limpian el organismo desde adentro, por eso sus beneficios se traducen en belleza. El ingrediente activo hace que tu piel, tus uñas y tu pelo estén mejor… y para qué decir el cuerpo, si la celulitis es producto de la intoxicación.
¿Cómo se concretó el negocio?
Hasta ese momento yo seguía con la idea de una línea de skin care basado en polifenoles y flavonoides de los berries, pero no tenía idea de dónde sacar un laboratorio de biotecnología que desarrollara esto. Recuerdo que llegué al DICTUC de la Católica, y me presentaron a dos ingenieros y un bioquímico, de Lucien Biotechnologies, quienes tenían una empresa de biotecnología con desarrollo de polifenoles y flavonoides, pero orientados al campo agrícola. ¡Tuvimos química inmediata y así empezó!
AL ALIMENTO FUNCIONAL
Mientras en Lucien Biotechnologies trabajaban para lograr mantener el perfil de polifenoles y flavonoides de los berries, no solo en el tiempo sino también en distintas aplicaciones de productos, Ester viajó a Cosmetoprof, la feria de belleza más importante que hay a nivel mundial. Fue ahí donde conoció a Nicki Kinnaird, una de las líderes de emprendimiento en Inglaterra, dueña de la cadena de belleza más sofisticada de ese país, Space NK. “Me abalancé a decirle que tenía un proyecto, me dio su tarjeta y quedamos en contacto”.
¿Alguna vez se concretó ese encuentro?
Estuve más de un mes intentando conseguir una entrevista con ella. Recuerdo haberle mandado un libro sobre Chile, incluso un video. Nicki Kinnaird recorre el mundo buscando innovaciones de belleza para las inglesas, así que para mí su opinión era relevante. Finalmente, una noche, a las tres de la mañana, sonó mi celular... era su asistente que me llamaba para agendar una reunión.
“Uno se tiene que tirar a la piscina. Yo puse todo mi patrimonio en esta empresa y me quedé en cero, pero no me arrepiento de nada. Para mis hijos ha sido también un aprendizaje increíble, invertí hasta su educación en esto, se restringieron los gastos, nos cambiamos de casa... un montón de cosas”.