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EDICIÓN | Enero 2014

Vocación pública

Beatriz Corbo, abogada
Vocación pública

Lo suyo es la política, pero desde la segunda línea. Con un perfil más técnico se apasiona por el servicio público desde sus puestos como Directora Legislativa de la Fundación Jaime Guzmán, la Alta Dirección Pública y el Consejo Nacional de Pesca. “Si no se entiende la política se hacen malas leyes”, explica. 

por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Por más que uno bucee en internet no hay mucho sobre Beatriz Corbo. Publicaciones legales, estudios o noticias, pero ninguna entrevista de esta abogada. Es que lo de ella es el bajo perfil. No le gusta mucho figurar, reconoce ser pudorosa respecto de su vida y su trabajo y evita a toda costa la exposición. Esta vez hizo una excepción.
 
Integrante de una familia de ingenieros y economistas, es sobrina del ex director del Banco Central, Vittorio Corbo. Pero a pesar de una alta visibilidad en la academia y las grandes decisiones económicas, ella es la más política de los miembros del clan Corbo. “Entre nosotros la política no era tema. No vengo de una casa en que las sobremesas fueran políticas, pero me imagino que eso también pasa por una cosa generacional; yo soy parte de un país que ha estado mucho más cruzado por la contingencia, la política ha sido parte de mi vida los últimos veinte años”.
 
Entró a estudiar Derecho a la Universidad Católica sin tener muy claro hacia dónde quería enfocar su carrera. Solo sabía que en esa facultad su apellido sería más anónimo y que nadie iba a estar encima de sus notas. Recién egresada se casó y vivió dos años en Estados Unidos, donde aprovechó de estudiar un diplomado. A la vuelta se tituló y, en ese proceso, descubrió que no le satisfacía el ejercicio del derecho. “Quise probar otras opciones, porque esta es una carrera muy amplia que, en mi caso, lo que más me aportó fue en la estructura mental, en el orden que te da tener una buena base jurídica”.
 
Fue entonces cuando un profesor de la Católica la invitó a participar en un proyecto de investigación. De hecho, estaba en su oficina cuando se encontró con Carlos Frontaura, que estaba partiendo con la Fundación Jaime Guzmán y le propuso que trabajaran juntos. “Lo encontré muy atractivo, porque me permitía pensar en el futuro, había tiempo para la reflexión... o era lo que yo pensaba en ese momento (se ríe). Aunque se trataba de una labor más técnica, me atrajo la idea de pensar hoy algo que tendría impacto mañana”.
 
¿Qué hace exactamente la fundación?
El principal foco es la formación de jóvenes para que se mantengan vinculados al tema público. Tenemos un área de formación, con productos en regiones y Santiago, y nuestro foco está en los universitarios. Jaime Guzmán hacía mucho eso y tenía una frase que refleja muy bien lo que nosotros hacemos: “Si nosotros tenemos una juventud con los bolsillos llenos y las almas vacías, se nos acaba el país”. Y de eso se trata; la vinculación al tema público tiene que estar dada porque te llena el alma más que el bolsillo, esa es la aproximación. En otra área también trabajamos el tema legislativo, en apoyo a los parlamentarios de la UDI, que es otro de los grandes proyectos de Jaime.
 
¿Conociste a Jaime Guzmán?
No personalmente. Tenía nociones de lo que había hecho, estudié en la Católica por lo que conocía el gremialismo, y cualquier persona que estudie Derecho Constitucional sabe lo que él hizo. Además, eran años de gran actividad política.
 
¿Y tu entrada a la UDI coincidió con tus comienzos en la fundación?
No, para nada. La política no era tema para mí en ese momento. De hecho, más de la mitad del tiempo que he trabajado aquí fue sin militar. Pero la vinculación entre lo técnico y lo político es evidente en este tipo de instituciones, porque pensar que la legislación es puramente técnica es un error a la hora de la implementación, hay un factor político y hay que saber entenderlo, si no se hacen malas leyes.

 
LOS MEJORES
 
Beatriz tiene seis hijos, pero jamás ha sentido que eso haya sido un impedimento a la hora de trabajar. “Nunca he sentido que me muevo en un mundo masculino. Soy una convencida de que en lo público deben estar los mejores y me da lo mismo si son hombres o mujeres, no podemos prescindir de ellos por tener cuotas. En mi experiencia personal he sido bien estricta con los horarios que me permitan compatibilizar los dos roles y siempre he tenido la mayor de las comprensiones. Y aunque con el tiempo he sumado más trabajo, lo he logrado”.
 
Esta lógica de que sean los mejores quienes lleguen a ocupar altos cargos públicos, dice directa relación con su puesto como miembro del Consejo de la Alta Dirección Pública, al que llegó el 2010 en reemplazo de Rossana Costa y que se acomodó perfectamente a su intención de participar del gobierno del presidente Piñera sin dejar la fundación.
 
¿Cuál es exactamente tu rol en el consejo?
Es una institución que nace el 2003 a través de un acuerdo político entre la administración Lagos y la oposición, encabezada por Pablo Longueira, a raíz de algunos escándalos de corrupción. En ese momento se acordó hacer innovaciones en materia de gestión pública y se determinó que un número importante de cargos públicos dejarían de asignarse a dedo y estarían basados únicamente en el mérito. En ese momento se decidió que entrarían en este sistema de selección aquellos cargos relacionados con la implementación de políticas públicas, y que los de diseño seguirían siendo de confianza. Nuestro trabajo consiste, en alianza con empresas privadas de búsqueda y evaluación, en entrevistar a los candidatos y elaborar las nóminas que van a la presidencia o a los jefes de servicio.
 
¿Se logra llevar a los mejores o hay un tema de plata que lo impide?
La vocación y la motivación, en estos casos, son esenciales. Tenemos hecho un estudio de brechas de remuneraciones entre lo público y lo privado y hay algunos mitos, porque aunque en los primeros segmentos jerárquicos la brecha es muy grande, en los siguientes niveles la balanza se inclina a favor de lo público. En los servicios nuevos, sobre todo, las remuneraciones están súper ajustadas a las del mundo privado. Hay mucho desconocimiento sobre tema y debo reconocer que para mí también fue una sorpresa.
 
¿Se está elevando el nivel del funcionario público?
Creo que sí. Cuando tienes directivos seleccionados por mérito tienden a replicar el sistema para abajo y empiezas a ver que ya hay muchos más concursos y una cultura creciente de contratar empresas de búsqueda y evaluación. Es mucho más evidente en Santiago que en regiones, donde aún hay una mayor contaminación política. Este sistema es muy útil para quien gobierna, porque, en cierta medida, se blinda de la presión que ejercen los partidos políticos y eso los hace más libres para decidir. El objetivo de esta medida fue terminar con los operadores políticos dentro de los servicios y yo diría que eso está completamente logrado. Por lo mismo, ya podemos pensar en una administración pública 2.0, que avanza a una mayor estabilidad, a pensar en otra etapa.
 
También eres miembro del Consejo Nacional de Pesca.
Sí, cuando entré a trabajar a la fundación se estaba empezando a discutir la regulación pesquera vigente. Éramos un equipo chico y el tema me pareció súper atractivo y me metí bastante. Después me invitaron a ser parte del Consejo Nacional, lo que me pareció atractivo, porque allí están sentados todos los actores y la información es de primera línea. Cuando uno va mapeando la información se puede hacer mejores leyes.
 
Definitivamente lo tuyo va más por la política desde la segunda línea...
De todas maneras, no tengo vocación para la primera línea.
 

“Si nosotros tenemos una juventud con los bolsillos llenos y las almas vacías, se nos acaba el país. Y de eso se trata; la vinculación al tema público tiene que estar dada porque te llena el alma más que el bolsillo”.

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