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EDICIÓN | Enero 2014

Memoria transitable

por Montserrat Salvat, coordinadora escuela pedagogía de educación Media en Historia y geografía, facultad de ciencias de la educación, Universidad San Sebastián
Memoria transitable

La tradición, alguna anécdota popular o personaje de fama bautizaron espontáneamente las calles del casco histórico de la ciudad. Como la del comerciante de textiles, Pedro Chacón, el primero en confeccionar y exponer en su tienda epabellón de la patria nueva, lo que dio origen a Bandera.

Las proezas del conquistador y su descendencia se recuerdan en la cuadra de Ahumada; la ubicación del convento de las hermanas clarisas, en Monjitas; y sa de acuñación, aún en pie pero con uso presidencial, en Moneda. Los nombres de las calles más antiguas no nacieron de lac reatividad de quien trazó la ciudad, como ocurre hoy, antes de construir una urbanización cualquiera. Cuando se escogió ese punto que hoy consideramos el centro histórico de Santiago, y se trazó la ciudad, a partir de las normas establecidas por la corona española, se dejó una explanada para uso militar, nuestra Plaza de Armas. Desde allí, el uso, la costumbre o alguna de sus particularidades notables, produce el nombramiento popular de una vía, apunta Luis Thayer Ojeda (1874– 1942) en Santiago de Chile. Origen del nombre de sus calles.
 

Por ejemplo, Pedro Chacón y Morales, abuelo del roe naval Arturo Prat Chacón, es el arfice de Bandera. El comerciante de telas finas importadas vio muy perjudicadas sus ventas por las revueltas políticas del periodo de la Independencia. Por la prensa conoció que el supremo gobierno había acordado el diseño de la nueva bandera, y para el primer aniversario de la gesta, había solamente seis pabellones oficiales, repartidos entre las tropas del sur y el ejército Libertador en el Perú. Es decir, no había con q engalanar la capital. De hecho, relata el escritor costumbrista Sady Zañartu (1893–1983), en su Santiago, calles viejas, que se tuvieron que pedir a la gobernación de Valparaíso, con la condición de ser devueltas la misma tarde de la festividad. Ese mismo día, la brisa matinal y la luz del alba mostraron la última invención de Chacón: una bandera de propiedad “privada” más grande que las oficiales, expuesta en el local, su estrella bordada con hilos de plata, que fue objeto de admiración de los vecinos. La calle del licenciado Morales Albornoz o “atravesada de la Compañía”, pasó a conocerse desde entonces como de la Bandera.

Las manzanas en que se ubicaron las caballerizas de Mateo Toro y Zambrano, luego las instalaciones de una casa “de Moneda vieja”, desde 175recibió a quienes dieron su nombre hasta el a de hoy: los Huérfanos. En la esquina con San Martín se situó una casa donada por el marqués de Monte Pío, Juan Nicolás de Aguirre, para recibir a “los infelices expósitos en los arrabales del poniente”, es decir, reciénacidos que eran abandonados en la vía pública, fruto “del vicio y la pobreza”.

La actual Miraflores en su momento se conoció como pasaje “de las recogidas”, mujeres “libres” que comerciaban sus encantos y otras que quizás no los tenían, pero también acechaban, como pedigüeñas. El escándalo que esas mujeres de mal vivir causó a la estricta sociedad colonial lle a las autoridades civiles y religiosas a planear una lugar de acogida para corregir sus malos hábitos. En sus mejores tiempos, llegó a albergar ochenta mujeres, las que eran prendidas por oficiales de la ley y llevadas en pública procesión por los mismos, a vista y paciencia de vecinos, transeúntes que les gritaban groserías y ex convivientes que esperaban el menor descuido de las religiosas a cargo para reunirse con sus amancebadas.

Deshabitada durante la Colonia, San Antonio tenía un par de construcciones prominentes, pero en los testimonios nos hablan sobre todo de basura, letrinas y piedrazos., enfrentamientos entre “santiaguinos y chimberos”: habitantes de la zona “civilizada” versus los de la más “revoltosa”.

Por allí se llegaba a la iglesia de San Francisco, aún en pie, y se divisaba la imagen de San Antonio, el único prodigio que era capaz de agenciar un marido a una niña “solterona”, es decir, sobre los veinte años de edad.

 

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