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EDICIÓN | Enero 2014

Un viaje a las tradiciones

La Herradura
Un viaje a las tradiciones

Es una zona que se destaca por su singular fisonomía. Cerca de dos kilómetros arqueados dan forma a una verdadera laguna, abierta al océano solo por un angosto tramo. Aguas tranquilas hacen honor al nombre de Coquimbo, y es que su imperceptible oleaje promueve a este bello balneario como un lugar propicio para la diversión familiar y los deportes náuticos. 

por Víctor Godoy J. / fotografía Patricio Salfate T.

La Herradura es uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad puerto por su ambiente, bellas postales y una serenidad incomparable. Este hermoso balneario pasó a ser de un importante territorio minero a una consolidada zona de servicios turísticos, que cuenta con centros recreativos, cabañas, restaurantes, actividades deportivas y departamentos para arrendar durante todo el año.
 
La espuma blanca de su suave oleaje, dibuja de forma casi perfecta el borde costero de una milenaria playa, que fue protagonista en la génesis de Coquimbo. “El Refugio” la llamaban los primeros navegantes que arribaron a estas costas, y como no, si las calmas aguas, hasta hoy, son su característica principal.
 
Al pasar los años se transformó en unos de los sitios mineros más importantes del país dedicado a la fundición de cobre, luego su producción derivó a la pesca y hoy, se ha consolidado como uno de los balnearios más visitados de la región.

 
PACÍFICO PUEBLO
 
Una caminata nos invita a recorrer la playa grande, frente a la ruta 5 Norte, sin el bullicio urbano. De fondo, el sonido del suave oleaje, se convierte en un panorama imperdible para un atardecer de verano. Las tonalidades del mar, desde los claros tonos turquesa en la orilla, van oscureciendo rápidamente hacia el interior.
 
Al lado norte, en aguas más oscuras, observamos a la distancia el puerto de Guayacán (de la Compañía Minera del Pacífico) y parte de la Universidad Católica del Norte. Sobre esta imponente infraestructura, uno de los miradores más altos de la ciudad: el de Los Navegantes. Hacia alta mar, una zona de navíos, aquí, contrastan las grandes embarcaciones que exportan el hierro versus los pequeños botes de pescadores artesanales que flotan esperando recorrer la bahía.
 
La Avenida Costanera de La Herradura mira desde lo alto hacia la playa chica, sector que alberga a visitantes, deportistas y, durante el atardecer, a uno que otro alguero. Bajamos hacia la playa y podemos sentir cómo la suave y blanca arena va recibiendo la llegada del mar, en su orilla humedecida. Una vista panorámica nos muestra una postal inolvidable: más de cincuenta botes amarillos adornan la bahía. Más atrás se aprecian los tonos pasteles de los terrenos casi inhóspitos del lado sur de la parte alta de Coquimbo. Entre los detalles de la parte superior, destaca la Cruz del Tercer Milenio que pese a su gran dimensión, desde acá no sobrepasa de un par de centímetros.
Al lado izquierdo de la playa chica, se dibuja un acantilado con grandes casas como si estuviesen enclavadas en el terreno, incluso algunas tienen sus propias salidas a la costa y muelles privados. En la arena, reposamos bajo la sombra de eucaliptus y pimientos. De fondo, apreciamos el canto de las aves y el revoloteo de gaviotas inquietas por nuestra presencia.
 
El sector residencial está rodeado, principalmente, por casas de veraneo, las que durante la temporada estival abren sus ventanas y persianas, dando mayor vida a esta tranquila zona. Transitar por sus angostos caminos de tierra, nos traslada al pasado y, a ratos, nos recuerda las calles del Valle de Elqui y su apaciguado ritmo.
 
En su plaza hay juegos para entretener a los más pequeños de la casa, mientras los más grandes disfrutan de una amena conversación al aire libre, a la sombra de árboles y acompañados de un fresco y cálido soplo costero. En este lugar encontramos un peculiar y alternativo árbol de Navidad, que no tiene brillosas esferas ni guirnaldas de colores, solo atractivas banderines y entretelas de lanas rojas y verdes, lo que llama la atención de los transeúntes y resulta atractivo para una fotografía.
 
Frente a la plaza, la capilla Nuestra Señora del Pilar alberga a sus fieles desde comienzos del siglo XX. Restaurada después del terremoto del año 1997, recibe también, con su nueva fisonomía (desde el año 2000), a las parejas que deciden casarse en este bello y apacible sector del puerto.

 
ZONA NÁUTICA
 
La Herradura es ideal para los amantes de los deportes acuáticos. Por eso no es casualidad que, hace ya casi sesenta años, el Club de Yates se instalara en este balneario. Con una treintena de naves, esta entidad está diariamente abierta a la comunidad. Realiza regatas y cursos de navegación, incluso se hacen clínicas gratuitas durante todo el año.
 
La academia deportiva La Herradura Experience ha hecho de este lugar su espacio de trabajo. Un grupo de jóvenes realiza clases y cursos de windsurf, kayak, vela y sup, entre otras experiencias outdoors. Un panorama imperdible que permite disfrutar la temporada estival de manera sana y al aire libre.

 
TRADICIÓN Y RENOVACIÓN
 
A espaldas de la playa grande, modernos y altos complejos habitacionales demuestran el crecimiento inmobiliario de esta zona. Una expansión que marca los tiempos de hoy, pero que frente a su renovada imagen, no pierde el semblante de su origen.
 
Hace más de cuarenta años, la pastelería familiar Álvarez Carmona ha cautivado a su fiel clientela. Emplazada en la misma casa donde vivían antiguamente sus dueños, Bernarda Álvarez Carmona y Roberto Gutiérrez, más conocido como don Tito, elaboran diariamente una carta de artesanales y apetecidos pasteles, empanadas y tortas. Un negocio familiar que, al igual que Bernarda, también tiene a otros de sus parientes dedicados a este rubro.
 
El complejo turístico más reconocido del lugar es el Bucanero. Ubicado a orilla del mar, casi en el límite de la playa grande y la chica, goza de una privilegiada vista. Con el paso del tiempo, este centro se ha ido renovando. En la actualidad cuenta con cabañas, servicios de eventos y restaurante.
 
Regresamos a la calle principal de La Herradura y mientras caminamos vemos caricaturescas estatuas de fierro que van mostrando parte del patrimonio cultural de Coquimbo. A lo lejos, nos llama la atención un colorido árbol con un tronco bastante especial. Se trata de una novedosa intervención urbana. Una serie de tejidos a crochet, visten, literalmente, el tronco y sus ramas. Colores llamativos y fluorescentes, hacen una bella y alegre postal.
 
Indagando sobre esta propuesta, llegamos a la casa-taller CirColor, donde se encuentra el grupo artístico Lana Attack, creadores de esta iniciativa. Un movimiento nacional con presencia local, que pretende potenciar cultural y artísticamente a este sector. Artesanas, pintoras, diseñadoras y dueñas de casa son parte de este grupo.
 
Nos cuentan que yarnbombing es hacer arte con lana, un estilo vanguardista que ha ido tomando fuerza en el país, tanto así que ya han tenido su reconocimiento al diseñar y elaborar la escenografía del nuevo video musical del programa infantil 31 Minutos, Mi mamá lo teje todo.
La belleza y tranquilidad de La Herradura, invitan a desconectarse de las habituales labores. Es un pequeño viaje hacia las tradiciones de su pueblo... esas que para sus habitantes son intransables, pese a su crecimiento y renovación.

 

 

El sector residencial está rodeado, principalmente, por casas de veraneo, las que durante la temporada estival abren sus ventanas y persianas, dando mayor vida a esta tranquila zona.

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