Desde los siete a los catorce años prac- ticó ballet. Cuando llegó a vivir a esta ciudad, para estudiar ingeniería comercial en la UCN Coquimbo, decidió abocarse por completo a los estu- dios, pues sabía que si elegía la danza como actividad extra pro- gramática, su carrera quedaría de lado.
Tras titularse, hizo un magíster en administración. Fueron siete años de preparación en total, hasta que comenzó a trabajar en su profesión. En eso estaba, cuando en un evento vio una presentación de danza árabe y alucinó con los trajes y movimientos de las bailarinas. Esto la motivó a entrar a la Academia de Silvia Aguirre y aprender danza árabe. Fue tal su encantamiento con esta disciplina, que un año después comenzó a viajar a Santiago para estudiar con la profesora e investigadora Paola Jara. Primero cada dos meses y luego, hasta tres veces al mes.
“El enfoque de Paola es el mismo que yo he ido heredando. Se trata de rescatar las raíces, estudiar las danzas folclóricas, en especial la danza oriental vinculada a la interpretación musical. Es un desarrollo que va más allá de lo convencional, ligado a la investigación, a la historia y orígenes de la danza”, afirma María José.
En forma paralela, Coté —como le dicen sus alumnas— asistía a clases en La Serena y en Santiago. Investigaba los estilos de la danza árabe en videos y libros y descargaba música. Comenzó a organizar seminarios con profesores internacionales, especialmente egipcios, y a profundizar sus conocimientos.
Llevo ocho años bailando y estudiando; hace tres, decidí dar clases. Fueron mis compañeras de danza oriental quienes me instaron a enseñar. Opté, en ese entonces, por abrir un curso para principiantes y otro básico-intermedio. Considero que es una irresponsabilidad dar clases, después de uno o dos años de estudio. Esto requiere de un constante y largo aprendizaje.
¿Por qué lo consideras irresponsable?
Porque trabajo con el cuerpo y puedo causar una lesión. Se trabaja principalmente con la zona lumbar y si no tomo las precauciones, podría provocar un problema o dolor a las alumnas. El cuerpo debe estar alineado desde los pies a la cabeza y es fundamental desarrollar una metodología de aprendizaje donde todo esté conectado.
¿Por qué danza oriental y no árabe, como todos la conocen?
Lo correcto es hablar de danzas árabes, porque se trata de una zona compuesta por veintiún países. La danza que más se conoce es la de Egipto y eso es la que yo enseño. Este año he comenzado a mirar un par de danzas de otros lugares, como el jaliyi y, en el 2014, abriré un poco más el espectro con cursos de danza folklórica asociadas al dabke. Espero incorporar, también, danzas gitanas.
¿Das clases a todas las edades?
Mi forma de trabajo se basa en lo orgánico del cuerpo, por eso puedo dar clases desde los diez hasta los setenta años. Divido los grupos por grado de aprendizaje, no por segmento etario. Estoy pensando abrir un curso específico para niñitas desde ocho años, no me atrevo a menos, porque aún no tienen firmeza en la columna.
¿La escoliosis o lordosis pueden ser impedimentos para la danza oriental?
Siempre es importante que consulten con antelación a su médico y yo les pido que llenen una ficha e indiquen si existe algún problema físico. Las personas que padecen estas dolencias deben hacer mayor conciencia de que su eje esté más centrado, lo mismo si tienen problemas a las rodillas o caderas. Tengo alumnas embarazadas, con obesidad mórbida, etc. y bailan sin ningún problema.
MUCHO MÁS QUE TÉCNICA
En sus inicios como profesora, María José buscaba la perfección en la danza... el movimiento exacto. Al poco tiempo, sintió que su preocupación debía estar encauzada en cómo se sentían sus alumnas y esto permitió que todo fluyera más fácil. Descubrió que la danza es mucho más que técnica. “Tengo una alumna que padece cáncer e hicimos un evento para reunir fondos con el objetivo de costear su tratamiento. Tengo otras alumnas que no miran su cuerpo en el espejo, entonces, formo parte de un proceso de aceptación y se crea una relación muy especial entre todas”.
¿Esto es parte de tu personalidad y que lo incorporas a tus clases?
Es como veo la vida. Podría saludar, hacer mi clase y se acabó... pero, así no soy yo. No puedo coartar un espacio que además de permitirles aprender, se genere esto tan maravilloso que es el compañerismo, la solidaridad y la amistad.
¿La teoría también es importante?
Por supuesto, mis alumnas estudian la historia y el origen de la danza, porque deben saber qué es lo que están expresando.
¿Qué buscan tus alumnas en estas clases?
Primero, entretenerse, luego, hacer algo de ejercicio, aunque yo recalco que no son movimientos aeróbicos, de manera que no conseguirán bajar tres kilos en una clase. La razón más importante es que desean un espacio personal, acá encuentran amigas, compañía y van generando su propio mundo. Además, nadie viene obligada, lo hacen por gusto.
Esta danza, permite, además, desarrollar la femineidad...
Absolutamente. Todos los movimientos nacen desde el piso pélvico, entonces, no podemos evitar el componente sexual. Yo soy amorosa, pero también uso los sarcasmos y les enseño a reírse de sí mismas para mejorar.
¿Adiós al pudor?
Llegan muy pudorosas, pero al poco tiempo se acostumbran. Aunque debo decir que nosotras somos muy recatadas para bailar.
¿Cuáles son los cursos que impartes?
Son varios cursos: uno para principiantes que parte de cero; otro para principiantes con velo y de nivelación técnica. Ahora partiremos con un curso técnico de pies, caderas, abdomen y brazos, para este se requieren dos años de danza en el cuerpo. También uno de interpretación musical y, por último, introducción al estilo de danza oriental. Las clases duran una hora y son de lunes a jueves, desde las seis de la tarde hasta las diez y media de la noche.
¿Algún curso especial para el verano?
Sí, a las diez de la mañana y se llama “Mujeres sabias”, es para aquellas mujeres adultas que creen que no pueden bailar y que tienen alguna lesión. La idea es extenderlo durante el año. También quiero abrir un espacio para niñas, a las cinco de la tarde.
HACER ARTE
La danza, para María José, se convirtió en su primera y mayor pasión, afirma incluso, que la ingeniería comercial es un complemento. A su familia le cuesta entender que la disciplina del baile haya superado el interés de dedicarse por completo a su profesión. “Esta carrera me ha permitido administrar mi escuela de danza y organizar una serie de eventos y seminarios, de manera que resulta creíble, serio y confiable, para los ojos de mis clientes”, recalca.
¿Has tenido la posibilidad de viajar e impregnarte de la danza?
En febrero de este año estuve un mes en Marruecos y Egipto está a la espera, quiero ir a Chobra, un barrio popular, donde espero sacar elementos que me permitan expresar a través de la danza y entender lo que uno aprende de los libros. Lo que busco es interactuar con la gente, no tomar los tour clásicos para bailarinas, necesito empaparme de la cultura.
¿Y quién confecciona los trajes de las presentaciones?
Mi madre, Cristina Cortés, es modista y por años se ha dedicado a esto. Ella hace todos los trajes. Procuramos, también, reciclar la vestimenta y hacer solo las bases negras. En lo personal, busco que el traje sea cómodo para mis alumnas y que esto sea en lo último que piensen.
¿Te gusta bailar en eventos particulares?
Soy muy selectiva. No me gustan los eventos masivos y me resulta incómodo. Además, mi danza está vinculada con la interpretación musical y con el rescate de las raíces, de manera que no es el típico show que buscan las personas.
¿Encontraste en la danza tu satisfacción personal?
Eso es lo primero y está por sobre la satisfacción económica. Con la danza, siento que soy un aporte y que contribuyo a mejorar el mundo haciendo feliz a un grupo pequeño. Hacer arte o cultura no es fácil, presentarte y ganar proyectos; tampoco lo es, pero es un camino que debo cimentar de a poco.