Las veinticuatro horas del día son, para Mónica Gajardo, una mezcla compatible entre la racionalidad del derecho y la sensibilidad del arte. Es abogada, jefa de estudios de la Defensoría Laboral de esta región y es, también, artista visual. Ambas labores, junto al amor de su familia, son sus grandes pasiones y, de ello, ha construido una historia de vida que se refleja en un proceso creativo íntimo y en una expresión de profundas emociones.
Al egresar del colegio, postuló a la carrera teoría de historia del arte en Santiago, pero por diversas razones, debió congelar. Finalmente optó por la abogacía. Vive hace dieciocho años en La Serena y es aquí donde tuvo la posibilidad de reencontrarse con el arte.
De Montserrat Castedo —más conocida como Rupalí— aprendió la técnica de la retacería, hace diez años. Desde entonces, comenzó a crear no solo mosaicos en géneros, sino también a desarrollar un trabajo espiritual, desde su emotividad. Acumuló varios cuadros, hasta que sus amigos y familiares le propusieron exponerlos. “Una amiga envió tres fotos de mis cuadros para un exposición colectiva de artistas regionales y quedé seleccionada. La verdad es que yo no tenía ningún interés de hacerlo público, de hecho no fui a la presentación, pero sí mis cuadros”, comenta Mónica.
¿Sentiste pudor?
No, no sentí pudor porque me encanta este trabajo. No quise presentarme en esa primera muestra, porque fue muy fuerte, para mí, la sobre exposición personal.
¿Y por qué elegiste dedicarte a la retacería?
Al principio fue una cosa práctica, porque se presentó la posibilidad de aprender. Luego me di cuenta de que desarrollar esta técnica es un proceso interesante desde varias perspectivas. Primero, está la búsqueda del género que es una etapa muy entretenida y la disfruto mucho. Luego, porque la imaginación siempre sobrepasa el resultado y, además, porque es una manera de reciclar y de reutilizar, ese es el sentido del quilt. También, porque tiene mucha relación con la historia de las mujeres, de coser, de unir pedazos... de rearmar.
¿Cómo fluye tu creatividad?
Siempre es distinto, cada trabajo es diferente. He realizado cuatro exposiciones hasta ahora. La primera muestra está relacionada con una experiencia interna que se llamó Vuelos migratorios, porque se produjo un cambio de estado personal. Como los procesos se van cerrando, fluyen nuevos conceptos de interpretación. Por eso es muy importante desarrollar un trabajo metódico y que la creatividad te pille trabajando.
¿Qué buscas representar con esta última exposición?
Esta muestra se titula Árboles con alas. Representa las raíces, la familia, la maternidad, el permitir espacios como la casa... el nido. Surge, en esta idea, la figura de una mujer africana, Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz en el 2004. Ella le dio un sentido a la vida de las mujeres y desde esta perspectiva me sentí muy identificada con ella. Este es el proceso de mis últimos cuatro años vividos.
¿Cuántos cuadros expusiste en esta muestra?
Son cuarenta en total. Mi idea era hacer veintidós pequeños, porque se dice que necesitas veintidós árboles para respirar, pero no alcancé a hacerlos y solo hice diecinueve.
¿Y en qué momento del día trabajas en tus cuadros?
De noche. Cuando todos duermen, me instalo en mi taller con mi música y, en invierno, junto a la chimenea. Cuando tengo una idea, no me gusta que se escape, entonces si se me hace tarde, dejo la idea montada con las telas sobrepuestas.
¿Es esta tu terapia, después de un día dedicado a las leyes y a la justicia?
El arte siempre ha sido una inquietud para mí; es más bien expresar a través de otra forma que no sea la razón y las palabras. Mi trabajo como defensora laboral me encanta y siento que no existe mayor contradicción entre ambas labores. Ahora, si pudiera dedicarme solo al arte, ¡lo haría feliz!... Tal vez cuando jubile, la verdad es que las cosas se van dando en el camino.
DESPRENDERSE
Después de terminar la colección Árboles con alas, Mónica abrió las puertas de su casa y entre los senderos que van delineando su frondoso jardín, expuso en los muros y sobre atriles todos sus cuadros. Exponer sus obras no es un proceso fácil para ella, porque, cada una, representa un episodio de su vida, un estado de ánimo o a algún ser querido. “Como yo no vivo de esto, a veces me puedo dar el lujo de quedarme con alguno de mis cuadros. Los budistas, después de hacer sus mandalas, los queman, en señal de desprendimiento máximo. ¡Yo no sería capaz!”.
Pero has sido capaz de abrir tu casa y mostrar tus obras
Así es, abrir este espacio es una manera de retribuir, de agradecer, de exponerte frente a los demás. Me gusta escuchar las diferentes interpretaciones de las personas frente a un cuadro.
¿Cuál es tu cuadro favorito?
El primero que hice con Rupalí. Ella quedó impactada y me dijo “yo no habría hecho nunca un cuadro así”... esto marcó mi futuro y me dio la pauta para continuar.
¿Qué viene para más adelante?
Me gustaría explorar otras fórmulas, ampliar la técnica o la forma. Estoy pensando en combinar las telas con óleo o papel.
¿Y enseñar?
Me lo han pedido, pero no ha sido posible por falta de tiempo. A futuro espero hacerlo.
¿En lo personal, qué encontraste en este arte?
Esto me ha dado la posibilidad de ser lo que he querido ser. El derecho es importante y la justicia, mucho más; esta búsqueda tiene relación con ejercer mis propios derechos en la vida...
¿Estás haciendo justicia contigo, entonces?
Linda pregunta... sí, eso es.