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EDICIÓN | Enero 2014

Talento en la sangre

Miguel Chacoff, muralista
Talento en la sangre

Dueño de un don innato para dibujar y pintar, este joven rancagüino, y futuro arquitecto, ha sabido desarrollar el arte del muralismo como pocos. Sus trabajos se a pueden ver en distintas ciudades de Europa, Estados Unidos y gran parte de Chile. 

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U. y gentileza de Miguel Chacoff.

A sus treinta años, Miguel ya tiene un currículo digno de admirar. No solo está en los preparativos para titularse como arquitecto, sino que además tiene su propia empresa, en donde desarrolla ideas para oficinas de arquitectura y otros. Hoy le sobra el trabajo, en este minuto está elaborando varios proyectos de pintura para grandes empresas, tanto de Rancagua como de Santiago. Ha viajado por el mundo con su genialidad pintando los muros exteriores de tiendas, casas, o edificios. Además de las paredes de reconocidos restaurantes de Londres, Madrid, Mallorca, Sevilla, París, entre otros.

Chacoff supo usar el don que tiene para el dibujo en crear increíbles escenarios con perspectivas que impresionan gracias a la técnica de la pintura en espray, la que a los ojos de muchos, es un oficio callejero que ensucia los muros de las ciudades. Pero este, definitivamente, no es el caso. “Lo que pasa es que en Chile no hay cultura sobre el tema. Creo que la gente que no sabe distinguir entre obras de arte y vandalismo es porque no tiene el conocimiento, así de simple. Por lo mismo, pretendo armar bien mi empresa, titularme, terminar con los trabajos agendados y tratar de cambiar la visión que la gente tiene sobre este tipo de arte en país. Luego pienso radicarme un tiempo en California o Tokio”.

¿De qué se trata tu empresa?
Se llama kbs Works (kbsworks@gmail.com) y la formé en Europa junto a un amigo arquitecto. La finalidad es desarrollar ideas, me encargo del proceso de diseño creativo y de ejecución con el objetivo de ofrecer una visión vanguardista a empresas, ofreciendo mejoramiento de imagen junto con la renovación de fachada. Ahora en Chile me asocié con Juan Esbry, que es el encargado del área comercial.

¿Qué proyectos han desarrollado en el país?
Juntos hemos diseñado ideas para varias empresas, como o Blanco, Agroser (en este minuto están pintando los frigoríficos de esta empresa), la Municipalidad de Rancagua, entre otros. Queremos que la gente nos conozca y vea lo que hacemos. Estamos seguros que de a poco va existir un mayor interés en la gente de invertir en cuidar la imagen de su negocio con ideas creativas que mezclen el color con la arquitectura.

¿Murales en el mundo?
Me gusta muchísimo viajar, así que cada viaje amerita un buen muro. He pintado en casi todo Chile, Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro, en la mayor parte de España, París, Londres, Berlín, Múnich, Roma, Florencia, Milán y Portugal.
 

CIUDADANO DEL MUNDO

Nació en Santiago, pero al o su familia se trasladó a Washington D.C. Estados Unidos, y volvió a Chile cuando tenía diez años, directamente a Rancagua, de donde son sus padres; estudió en el Instituto O’Higgins para luego radicarse en Santiago, con el fin de estudiar arquitectura. En medio de sus estudios, empezaron sus viajes por el mundo.

¿Crees que el haber vivido en Estados Unidos influenció tu trabajo?
Aunque era muy chico, , totalmente. Me acuerdo de los murales del metro y de las calles. Allí nació mi inquietud de todas maneras Me llamó la atención el impacto visual, los colores, las formas que otorgaban vida y alegría al entorno. Creo que este trabajo le entrega una identidad única a una zona de la urbe. En Europa hay muchas ciudades quposeen murales que se convierten en íconos visuales de sus calles.

¿Por qué y cuándo empezaron tus viajes por el mundo?
Gané una beca que otorgó el banco Santander a jóvenes talentos. Así tuve la oportunidad para viajar a Sevilla, España. Estando allí decidí hacer un año más de carrera en la Universidad Politécnica de la ciudad, y luego mis prácticas de arquitectura. De repente empezaron a salir trabajos de decoración y remodelación de locales, a los cuales integré el arte mural para mejorar su estética. Los proyectos fueron creciendo, tanto así que me inicié con un pequeño restaurante y terminé haciendo planes para el gobierno regional de Andalucía, arquitectos y marcas.

¿Por qué volviste a Chile?
Ya llevaba siete años en España. Quería volver a estar con la gente que quiero, y jugármela en Chile con las ideas y propuestas que puedo ofrecer con mi experiencia en el extranjero. De hecho, ya he desarrollado proyectos en Santiago, Iquique y Rancagua.
 
¿Qué tan difícil es este arte en Chile?
Creo que en todos lados es difícil al inicio; hay que moverse, buscar proyectos, saber posicionarse, hacer las cosas bien. Así siempre estoy haciendo planes y encargos, pero también a veces me encuentro con espacios que podrían ser intervenidos, y presento por mi cuenta un proyecto a los dueños del lugar./
 
¿Qué te dijeron tus papás cuando decidiste dedicarte a esto?
Ellos me apoyan. Siempre me han dicho “haz lo que quieras pero sé el mejor”. Cuando era niño salía a pintar de noche y se preocupaban, pero hoy ya ven que lo que hago es profesional y es una forma vanguardista de ofrecer arquitectura.
 
Lo que te gusta de tu oficio
Todo, desde que empiezas a pensar cómo intervenir el lugar, a diseñarlo, pintarlo y venderlo. Todo el proceso tiene su arte. Lo que me motiva es que creo que Chile tiene un potencial visual muy grande gracias a sus largas carreteras, en cuyos perímetros se han instalado muchísimas empresas e industrias. Eso entrega una visibilidad de mínimo de ocho segundos al conductor que pasa por su borde, el mismo tiempo que dura un comercial en televisión. Así que la idea es ofrecer un servicio de riqueza visual al trabajador y confianza al cliente. Lo que yo llamo un diseño integral al edificio.
 
¿Se puede vivir de esto?
Como de todo en la vida, uno escoge los límites. Ahí es donde nacen las ganas de hacer más cosas. No soy una persona conformista y quiero siempre evolucionar como persona profesional y espiritualmente para vivir tranquilo.
 
¿Por qué murales y no cuadros?
También hago cuadros, pero es otra realidad. Un cuadro lo hago en mi casa, en cambio un mural lo pinto en la calle y convierto una fachada en un museo. Es distinto, vives una experiencia, luego recuerdas los momentos y lugares en los que estuviste pintando, adquieres experiencia al probar, por ejemplo, las distintas superficies, y además conoces gente.
 
¿Materiales que utilizas?
Mascarilla de filtros, guantes, pintura esmalte al agua, espray, pinceles, andamios, grúas, escaleras. Lo que haga falta para hacer bien el trabajo.
 
¿Tus mejores obras?
Creo que aún no he hecho mi mejor obra.
 
¿Quién te ha apoyado en esta iniciativa?
Soy una persona súper positiva y todo el mundo de que me rodea es porque me apoya de alguna forma en la vida.
 
¿La gracia de pintar un mural?
No es lo mismo que una impresión digital o un panel publicitario. Pintar un mural tiene un proceso que se va distinguiendo, y esto le da un valor agregado al producto ya que se genera un ambiente de evento. La gente lo agradece y lo valora. Además, genera opinión y si es en un lugar público, lo más seguro es que las personas lo conviertan en un ícono de la zona.
 
¿El mural o trabajo más complicado que has hecho?
Pinté, juntos a dos amigos, veinticuatro fachadas de unas viviendas de protección oficial en Sevilla. Fueron ocho mil metros cuadrados, cincuenta días pintando. Esto, además de los cursos de preparación y el proceso de diseño. Fue una experiencia buenísima.
 
¿El trabajo que más te ha gustado?
No sé, todos tienen algo. Pinté la Confitería La Campana en Sevilla, que es la confitería que le distribuye a la casa real. Me gustó cómo integramos el edificio al mural y los colores que no salen de los tonos de la zona. Creo que fue un trabajo que quedó bastante elegante.
 
¿Cuál es el mural más grande que has hecho?
El 2011, me invitó el arquitecto Óscar Rodríguez a pintar un mural de ciento cincuenta metros de largo por cuatro de alto, para la junta de Andalucía en el patio interior de un edifico que estaba en obra. Cuatrocientos cincuenta metros cuadrados tuve que pintar en cinco semanas. Fue interesante trabajar el concepto del mural con la oficina de arquitectura; usamos el agua como elemento vital.
 
¿Exposiciones?
En Sevilla expuse en Sala Microlibre y en Montana Shop&Gallery. Ahora estoy pensando en preparar una exhibición para finales del 2014.
 
¿Lo más difícil de esta profesión?
Como en todas las profesiones, aguantar las cosas que vamos teniendo que vivir en el camino que se eligió.
 
¿Qué opina la gente de tu trabajo?
Les gusta. Igual es gracioso, una vez cuando recién había llegado a Chile le conté a unos tíos a lo que me dedicaba y no podían creer que me pagaran por esto. Se nota que muchísima gente en nuestro país no valora aún el muralismo, no ven que es una especie de nuevo material de revestimiento. Pero estoy seguro de que, poco a poco, irá cambiando la visión.
 
¿Cómo ha sido el camino?
Entretenido. Soy una persona que disfruta tanto los triunfos como las derrotas. De todo se aprende, estoy siempre ilusionado

 

 
“Pintar un mural tiene un proceso que se va distinguiendo, y esto le da un valor agregado al producto ya que se genera un ambiente de evento. La gente lo agradece y lo valora. Además genera opinión y si es en un lugar público, lo más seguro es que las personas lo conviertan en un ícono de la zona”.

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