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EDICIÓN | Enero 2014

La fiesta de las tradiciones

Feria del Folclor de Huilquilemu

Es una de las actividades más esperadas por los maulinos, porque reúne en un mismo lugar artesanía, productos agrícolas, comida criolla y música. Un evento ya tradicional en un lugar Emágico: una casona patrimonial ícono de la cultura talquina. 

por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.

El último fin de semana de noviembre se abrió al público la 17° Feria del Folclor de Huilquilemu, evento tradicional maulino que dura más de tres días y se desarrolla en la Villa Cultural Huilquilemu —ubicada en el kilómetro siete del Camino a San Clemente—, una casona patrimonial, que se encuentra en proceso de restauración y que es un ícono de la cultura talquina, pues en ella se encuentra el único museo de arte religioso de la zona, que posee piezas únicas, además de una biblioteca y un parque maravilloso.
 
Por mil pesos, la Dirección de Extensión Cultural de la Universidad Católica del Maule (UCM) ofrece un evento tradicional, que mezcla la artesanía, el trabajo campesino, la comida criolla y el folclor, rescatando el valor del patrimonio inmaterial de nuestra zona huasa.

 
ARTESANÍA TRADICIONAL
 
Esta feria nació en 1997 y desde entonces se ha realizado ininterrumpidamente en el mismo lugar. Su crecimiento ha sido paulatino, y hoy cuenta con cincuenta y un stands de artesanía tradicional de todo el país: veinte de microempresarios agrícolas de la región, catorce de gastronomía y un escenario por el que pasan cerca de treinta agrupaciones folclóricas de la región y del país.
 
Al llegar, nos recibe la hermosa pérgola de esta casona de 1800 y nos conduce hacia el recinto ferial, que está compuesto de una serie de cubículos confeccionados con cortezas de árboles y techo de batro.
 
En estos stands se encuentran los artesanos confeccionando sus productos —trabajan in situ y enseñan a los visitantes—, que incluyen orfebrería en crin, cobre, plata y todo tipo de metales, alambre de fardo, piedra, telares y textiles, retablos, instrumentos musicales, marionetas, juguetes y muebles de madera, mimbre, cuero y sombreros de huaso, entre otros. Una infinidad de creaciones originales, para todos los gustos y bolsillos.
 
Además, aquí también se encuentran los locales de los microempresarios agrícolas del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), que tienen a la venta mermeladas caseras, licores, miel y sus derivados, manjar, plantas, lechugas hidropónicas, flores y harinas de todos tipos: de maíz, arroz, trigo, entre otras cosas.
 
Entre los productos que más me llamaron la atención está el cochayuyo deshidratado de TostaChanco, proveniente de la localidad costera de Constitución; los anillos de crin, plata y resina de Artesanías Chilenas, que viene de Rari Angostura en Colbún; y las figuras de arcilla de Las Gordas de Chile de Santiago, pues se trata de elementos diferentes y difíciles de encontrar.
 
 
RITMOS CHILENOS
 
En sus orígenes, la Feria del Folclor de Huilquilemu era muy pequeña, partió con diez stands, pero sus visitantes la quisieron desde siempre, porque existen muchas muestras costumbristas similares, pero ninguna que contemple la artesanía, agricultura, comida y música, todo junto.
 
Es esta fiesta de las tradiciones la que me enseñó a amar el folclor. Hace seis años era muy difícil que yo escuchara una cueca, pero ahora la disfruto con todo el corazón. Y es que este es un evento muy completo, en donde la música cautiva. Aquí se reúnen artistas locales, regionales y nacionales. En esta oportunidad, los sureños fueron la gran sorpresa: llegaron desde la Patagonia Jorge Contreras y Nicacio Luna II; y desde Chiloé, Miancapue, solistas y grupos que ponen alegría y la cuota diferente al programa cultural.
 
El alma de la fiesta fue el folclorista talquino “Chilote Ayala”, que es el animador oficial y uno de los fundadores de la festividad. Él hizo carrera en la Isla Grande y regresó a su ciudad para hacer patria.

 
COMIDA CRIOLLA
 
En la Feria del Folclor no podría faltar nunca la comida típica. Ese componente cierra el círculo que la transforma en un evento tan especial. Son infaltables las churrascas, las sopaipillas, las empanadas de queso y pino, los chanchos en piedra, el clery —vino blanco y frutilla— y el borgoña —vino tinto y frutilla—.
 
Los locales gastronómicos son atendidos —con la excepción de uno: Nova Luna— por agrupaciones folclóricas talquinas, entre las que destacan Remansos del Claro, Los Corraleros y Sauzal, las que se ponen de acuerdo para vender productos diferentes, que permitan al visitante elegir según su gusto.
Hay desde arrollados, asados y parrilladas, hasta pantrucas y pasteles de choclo, todo en un ambiente ameno y lleno de humor, pues son los mismos artistas los que sirven y atienden al público.
Esos son los ingredientes que le dan sabor a Huilquilemu en esta época del año, pues la premisa es que no solo en septiembre debemos recordar nuestras raíces y tradiciones, sino que debemos vivirlas y disfrutarlas siempre.

 

 

Los stands de artesanía incluyen orfebrería en crin, cobre, plata y todo tipo de metales, alambre de fardo, piedra, telares y textiles, retablos, instrumentos musicales, marionetas, juguetes y muebles de madera, mimbre, cuero y sombreros de huaso, entre otros.

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