Mientras TVN se lanza con la serie nocturna Vuelve temprano, cuya trama de un joven que sale a carretear y nunca regresa evoca el caso de Jorge Matute Johns, Canal 13 compite con esta producción dramática basada en los tristemente célebres psicópatas de Viña, que aterrorizaron a la ciudad jardín a comienzos de los ochenta. Aunque los realizadores se han apresurado en declarar que prácticamente la totalidad de la historia es ficción, quienes recuerden los crímenes y, en particular, los residentes de la zona esos años que los carabineros Jorge Sagredo y Carlos Topp Collins asesinaron y violaron, podrán reconocer en Secretos en el jardín varias conexiones con la historia real. Digamos que eso de “cualquier similitud es coincidencia”, acá es bien relativo.
Entre los personajes hay un policía uniformado que puede ser comparado con las características de Topp Collins, y los crímenes ocurren en los mismos sitios. La relación de la prensa local con la investigación también linkea con lo ocurrido, mientras el detective Ramiro Opazo (Francisco Pérez- Bannen), guardaría relación con el inspector Nelson Lillo, cuestionado ex detective ligado a violaciones a los DDHH, quien estuvo a cargo de una brigada que fracasó tratando de atrapar a los psicópatas.
Entre las libertades y aciertos del guión destacan los personajes de Cristián Campos y Alejandro Goic, empresarios con una turbia relación de ingredientes sexuales. La ambientación no alcanza los ribetes de híper realismo de Los 80, como algunas actuaciones —la de Mario Horton por ejemplo— ofrecen pocos matices. Una historia de oscuro magnetismo como esta merecía ser contada en pantalla con mejores resultados.