La museografía en Chile comenzó a desarrollarse como una especialidad para profesionales relacionados con el arte y la cultura, con el objetivo de solucionar aspectos de diseño, administración y montaje de exposiciones. Por sobre todas las cosas, su objetivo es comunicar, a través de diversas estrategias, la puesta en valor de distintos objetos, situaciones, ideas y acontecimientos.
Y justamente con esta intención, la de generar proyectos que “conversaran” con el espectador, es que Chistian Andrónico decidió seguir este camino, relacionado con la memoria colectiva e identidad cultural. Junto a un destacado equipo multidisciplinario local, hoy es uno de los responsables del Museo Ruinas de Huanchaca, parte fundamental del parque del mismo nombre.
Sobre el proceso creativo y de investigación que existe detrás de cada muestra, conversamos en esta entrevista.
¿Cuándo te decidiste por estudiar diseño?
La verdad es que diseño no era mi primera opción. Antes estudié arquitectura dos años, porque me gusta el tema de la espacialidad, pero las matemáticas me pasaron la cuenta y me cambié a diseño en la Universidad de Antofagasta. Ahí descubrí otro mundo, me fue muy bien y potencié mis habilidades.
¿Fue como encontrar tu vocación?
Algo así, aunque seguía con la inquietud por lo tridimensional. Adquirí muchos conocimientos que logré llevar a la práctica, pero en el desarrollo laboral me di cuenta de la necesidad de incorporar lo espacial, incorporar lo aprendido en arquitectura, concretar ese límite de llevar lo bidimensional a lo tridimensional. Entonces me fui a estudiar un magíster en museografía en la Universidad Andrés Bello.
¿Por qué museografía?
Es que justamente para mí la museografía es eso… Quizás lo que te voy a decir es la definición formal, pero en esta especialización encontré la respuesta que estaba buscando: tenía arquitectura, tenía diseño y, sobre todo, estaba el punto donde se encuentran ambas carreras. Es la construcción espacial de lo que en una primera instancia se plantea como bidimensional.
¿Cómo se concreta un diseño museográfico?
Trabajo a partir del guión que me pasa el curador, quien me dice “toma, este es el trabajo que hay que hacer”, y eso lo tengo que llevar a una tridimensionalidad, ocupando, obviamente, elementos gráficos, elementos espaciales y elementos arquitectónicos que tienen que ver con la iluminación, con el tema cromático, con lo topográfico, con la circulación, la vitrina, el espacio útil. De hecho, la museografía se conoce también como arquitectura efímera, porque es la construcción de un espacio que está destinado a desaparecer en algún momento, se construye con un objetivo específico, asociado a un tema y después se va.
¿Cuáles eran tus expectativas al seguir ese magíster?
Cuando llegué me di cuenta de que mis compañeros provenían de diversas áreas: arquitectos, diseñadores, sociólogos, antropólogos. Muchos lo toman como un conocimiento para desarrollar su trabajo, otros como un complemento a su profesión, como en el caso de los historiadores del arte. Para mí fue una veta nueva, con cambio de soporte, porque pasas de utilizar soportes como libros, líneas editoriales, diseño de marcas a uno absolutamente diferente como la vitrina, es decir, un lenguaje distinto. Siempre se busca comunicar, pero ocupando distintos medios.
FACTOR HUANCHACA
Cuando le preguntamos respecto a qué esperaba en el campo laboral, Christian asume que no lo tenía pensado antes de ir a especializarse. Solo tenía en su mente que para los diseñadores el trabajo es complejo y que mediante esta especialidad tendría más armas para enfrentar los desafíos del trabajo.
¿Pensaste que iba a ser difícil encontrar un puesto compatible con tus nuevos conocimientos?
No, no lo pensé mucho. Asumo que dedicarse dos años a estudiar cuando ya se tiene un título bajo el brazo puede aparecer como un riesgo. Yo creo que hay ciertos momentos en que hay que hacer una apuesta y eso trae incertidumbre. Sin embargo, tenía muy claro mi objetivo profesional por lo que nunca fue un tema el “qué voy a hacer con esto después”. Felizmente las cosas se dieron de buena manera.
¿Pensaste en quedarte en Santiago?
No tenía nada muy claro. Habíamos presentado el proyecto de título del magíster y estaba en el proceso de búsqueda, de dejar currículos. Y en uno de esos viajes a Antofagasta fui a conversar con Guillermo Chong al Museo Geológico, porque no tenía muchas ganas de quedarme en Santiago. Los desafíos están aquí, es aquí donde hay mucho por hacer, es un espacio mucho más creativo, menos competitivo, donde puedes aportar con más cosas. Y Guillermo me invitó a ser parte del Museo Ruinas de Huanchaca.
Supongo que no dudaste en aceptar....
Fue impactante porque había trabajado como colectivo haciendo cosas para el Metro, cosas puntuales para museos, pero en grupos de trabajo. Era distinto a venirse acá y colaborar en un proyecto museográfico de esta envergadura. Surgieron mil cuestionamientos que son obvios, no sabía si estaba a la altura... pero, por otro lado, el camino estaba ahí, no era momento para salirse o dudar, así que terminé lo que me quedaba pendiente y volví. En ese tiempo, el museo partió con tres proyectos museográficos en paralelo; uno de geología y paleontología que trabajé con otro diseñador, Rodrigo Rodríguez; el de arqueología, diseñado por Fernando Castillo y un tercer espacio ejecutado íntegramente por un equipo de la European Southern Observatory, ESO.
De una u otra manera continuaste trabajando en equipo...
Muy cierto. Y eso tiene muchas ventajas, dentro de las que destaco el desarrollo de las competencias regionales. Yo creo que todo esto nos ha servido mucho para descubrir que aquí hay grandes valores y tremendos profesionales. Tuvimos que compartir conocimientos y empezar a trabajar, a actuar, a resolver temas de diseño y soporte, vitrinaje, recorridos, entre tantas cosas.
¿Qué implica el desarrollo de un proyecto museográfico?
Básicamente se necesita una investigación y después tiene que haber un tránsito entre esta y el guión museográfico donde aparece el rol del curador. Traduciendo un poco, primero se requiere quien proporciona el dato duro, luego está el que acomoda y, finalmente, quien pone un eje a la investigación. Después está el diseño de exposición, que es lo que yo hago a partir de lo que entrega el curador, articulando estos conceptos con elementos propios de la museografía, elementos espaciales como los que te mencionaba y, por último, la etapa de producción que es el hacer. Cuatro etapas que tienen que estar presentes. El curador es el que decide cómo, el museógrafo es el que ejecuta, aunque obviamente existe un trabajo en colaboración.
¿Qué pasa con las muestras que en algún momento tienen que salir?, ¿se reutilizan, se donan?
Estamos en esa etapa de definiciones, porque realizar itinerancias también tiene costos asociados. Quizás en el mediano plazo se pueda generar algún proceso, pero somos un grupo joven y creo que hemos logrado grandes cosas. Recién te hablaba de algunos objetivos cumplidos y los hemos conseguido con un gran equipo con los profesionales que trabajamos acá y eso es un logro tremendo, estamos fusionando con la investigación, con la curaturía, con la museografía, con la comunicación. Cada paso que hemos dado ha sido un desafío y, lo más importante, todo made in Antofagasta, con gente que es de acá, que se ha desarrollado acá.
¿Cuáles son las proyecciones para el Parque Cultural Ruinas de Huanchaca?
Nosotros, como Museo Ruinas de Huanchaca, somos parte de esta gran iniciativa que muy pronto ofrecerá nuevos espacios para los visitantes. Aunque ahora solo son visibles el museo y el gran monumento, el parque es fantástico, es un espacio amplio, seguro, un escenario grandioso que está esperando por ocupar un lugar en la identidad local.