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EDICIÓN | Diciembre 2013

Surfeando el futuro

Francisco Gálvez
Surfeando el futuro

Su historia es inspiradora. Un día, decidió dejar una promisoria carrera en una profesión tan tradicional como la de contador auditor, para subirse a su tabla y no bajarse nunca más de las olas. Sin pensarlo dos veces, resolvió correr tras su sueño y convertir su pasión en un negocio que le permita proyectarse, sin dejar de lado su escencia: el amor al mar. 

por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.

Francisco Javier Gálvez de la Fuente, es el Pancho. El profe de la Escuela de Surf, el dueño de la tienda y el empresario que hoy se proyecta hacia el futuro, soñando con convertir su pasión en su principal herramienta de crecimiento. Después de dos años de aprendizajes como todo un emprendedor, está mentalizado en lograr su objetivo que es ni más ni menos, que vivir de lo que ama, un
lujo por el que no todos están dispuestos a luchar.
 
¿Apenas saliste de la universidad te dedicaste a tu profesión?
En realidad mi experiencia laboral está más ligada a los departamentos de recursos humanos y de finanzas. Trabajé diez años a cargo del departamento de administración y finanzas de la zona norte de una empresa transnacional. En ese momento tenía un objetivo familiar, que era apoyar a mi madre y a mi hermana. Y cuando vi que mi madre, Ana María, estaba bien y mi hermana ya había terminado la universidad, decidí que era el minuto de cumplir mi sueño y salirme del sistema.
 
¿Fue una decisión muy repentina?
Yo me sentía súper realizado en el trabajo, lo pasaba bien, me sentía bien y de hecho en la empresa me apoyaban para los campeonatos de surf. Estaba cómodo, pero lo que pasó es que empecé a tener muy poco tiempo para vivir de lo que a mí me gustaba, siempre quedaba con la sensación de necesitar más tiempo para lo que amo, que es el surf.
 
Se hacían cortas las vacaciones...
Es que tampoco eran las clásicas vacaciones de estar tirado en una playa. Yo viajaba motivado por mi deporte y muchas veces me ocurrió que me tocaban buenas olas solo la mitad del tiempo y cuando ya tenía que volver, volvían a entrar olas. Los veinte días de vacaciones se me hacían poco y me di cuenta de que la única forma de administrar mi tiempo era estando fuera del sistema. Entonces tomé la decisión de hablar con la gerencia y explicarles lo que quería, y me dieron la opción de irme de la empresa pagándome la indemnización por todos mis años de servicio. Arrendé mi departamento, me compré una motorhome (la “furgo”), una moto y me fui. Tenía treinta y cuatro años.
 
¿Y no te dio miedo dejar todo y partir?
No, porque era mi sueño. Dejé todo arreglado para volver y de hecho compré la furgo pensando en vivir en ella y la moto para moverme rápido. Estuve ocho meses viajando, recorrí todo Indonesia y Australia, todas las islas que encontré en el mapa, surfeé en todos los lugares en los que soñé surfear en mi vida, viví lo que antes veía en videos y todo me tocó perfecto.
 
¿Te fuiste solo?
Algo me manejo en inglés y ni lo pensé. Me fui solo. Y es que en el circuito del surf tú llegas y ves a alguien con tabla, le preguntas dónde te hospedas, dónde está la ola buena y listo. Terminé arrendando motos a los brasileños y chilenos que llegaban y me ganaba mis comisiones. Y cuando se fue acabando el dinero y ya tenía los pasajes de vuelta empecé a pensar qué iba a hacer con mi vida.
 
¿Te dio un poco de miedo?
En realidad no mucho, porque tenía mi título, mi experiencia y las puertas abiertas en esa empresa y en otras más, pero si ya había logrado desconectarme, por qué volver a lo mismo. Entonces pensé en la tienda, considerando que en ese momento, había tiendas que vendían artículos de surf, pero ninguna dedicada íntegramente al tema. 
 
¿Era atractivo el mercado?
Quizás no tanto, pero yo lo vi proyectado porque empezaron a aparecer unas escuelitas y el surf fue agarrando fuerza cada año. Yo surfeo hace veinte y al principio estaba solo, al año siguiente éramos tres, al subsiguiente seis y ahora ya no alcanzo a conocerlos a todos. Además, pertenezco a una generación de surfistas en Chile donde la mayoría son representantes de las marcas, son los distribuidores.
 
¿Cómo fue la primera etapa?
Encontré el local donde aún tengo mi tienda Padang Padang, lo empecé a armar con mis propias manos, me ayudaron algunos amigos y le comuniqué a los distribuidores en Chile que estaba en el negocio y empecé a trabajar con ellos. Mi primer año fue fatal, compré más de lo que tenía que comprar, en el periodo que no tenía que comprar, me vi sin ni uno, con las líneas de crédito copadas y lleno de productos en invierno.
 
¿En ese momento no pensaste en desistir?
El solo hecho de poder surfear en la mañana y sin la presión de tener que llegar a una oficina, me hacía sentir tan bien que compensaba todos los malos ratos financieros. El primer año sobreviví, mantuve arrendado el depar-tamento y con el apoyo de mi madre, elegí seguir. Mi perro Campeón, mi furgo, mi moto y yo. Después de esa experiencia aprendí a manejar el negocio y me di cuenta de que podía ser un empresario del surf.
 
¿Y ahora?, ¿cuáles son tus objetivos?
Ya las bases están asentadas y espero crecer. Estoy armando otra escuela en Hornito para la temporada de verano que funcionará en paralelo a la que está en el balneario y además, estoy organizando surf trips para europeos que buscan olas por el mundo. En estos tres años he viajado mucho y de esos recorridos no solo me he traído grandes recuerdos, sino también he generado una red de contactos importantes. Con la experiencia adquirida, me proyecto como empresa, con cuatro o cinco instructores más, quizás con un lugar más grande para la tienda. Estoy organizando todo para que este sea un gran año.
 
¿Eso no es un poco volver al sistema?
Yo solo quiero lo necesario para vivir tranquilo. No pretendo mucho, ya estuve sobreviviendo con lo justo, entonces no me mueve lo material. Hoy soy feliz con mi familia que son mi mamá, mi hermana y mi perro Campeón, que es fundamental para mí. Quiero lograr metas, tener una mujer, hijos, como todos, pero tampoco quiero perder mi esencia... conocí muchos casos en que surfistas dejaron de correr olas por dedicarse al negocio que era el mismo surf. Una contradicción vital que no quiero repetir.
 
¿Entre esos sueños está la Escuela de Hornito?
Te prometo que ese proyecto es de estándar mundial. Hice un curso de instructor de surf para hacer clases en cualquier lugar del mundo, hice el de primeros auxilios, estoy haciendo el de salvavidas. Quiero que todo ande perfecto, aplicando todos los conocimientos que adquirí cuando estaba trabajando en la empresa, pero esta vez enfocado para mi negocio, para mi pasión.
 
¿Cómo enfrentas esta nueva etapa?
Es un vértigo. No tengo miedo, no tengo dudas, yo siempre pienso muy positivo y creo que voy a abrir nuevos espacios para el desarrollo del deporte. Y ojalá muchos otros se interesen en el surf, porque entre más gente disfrute el mar, mucho mejor. Estoy invirtiendo en equipos nuevos, en hacer las cosas como corresponde. Entonces no puede irme mal.

 
LA VIDA COMO OUTSIDER
 
Mientras la conversación fluye, no dejo de pensar en la inmensa cantidad de gente que conozco que sueña con dejar la oficina, sacarse la ropa de trabajo y dedicarse a sus pasiones. Muchos se imaginan detrás de una barra, cantando, escribiendo o cultivando la tierra. Pero la mayoría de las veces el “deber ser” se impone y pensamos... “algún día, algún día”.
 
Pero Pancho decidió no seguir las instrucciones y aprovechar lo que la vida le ofrecía. Por eso hoy se siente orgulloso del camino que eligió justo en el momento indicado. “Yo aún mantengo a mis amigos del colegio, de la universidad. De hecho, muchas veces ellos me aconsejan o me dan sus opiniones, ayudándome a seguir avanzando”.
 
¿Ha sido difícil ser el “alternativo” del grupo?
Me ha pasado infinitas veces que gente que no me conoce se sorprende cuando les cuento que soy profesional y que trabajé muchos años en la industria tradicional. Es extraño ver cómo cambian de actitud... de ser el tipo excéntrico que vive en su furgo y hace clases de surf, paso a ser el ídolo que dejó la oficina por dedicarse a su pasión. Me provoca contradicciones porque en otros países no hay que andar con el título colgando del cuello para que te respeten, porque el respeto se gana trabajando.
 
¿Cómo te sientes haciendo clases?
Lo que me entregan a mí los niños es buena vibra, energía y motivación, también tengo alumnos que son gente adulta, empresarios que están en mi escuela que no buscan ser grandes surfistas, sino más bien a sacarse el estrés de la vida diaria. Imagínate lo importante que es para mí vivir haciendo lo que me gusta. Es una inyección diaria de motivación.

 

 

“Es un proyecto de estándar internacional. Hice un curso de instructor de surf para hacer clases en cualquier lugar del mundo, hice el curso de primeros auxilios, estoy haciendo el de salvavidas. Quiero que todo esté perfecto”.

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