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EDICIÓN | Diciembre 2013

Remaches de altura

David Ciatera, voleibolista
Remaches de altura

Comenzó como una afición, pero con el tiempo —y el talento— el vóleibol se convirtió en más que un pasatiempo para este estudiante penquista de ingeniería comercial. Multicampeón nacional universitario con la UCSC, lleva sus remaches tanto a las canchas indoor como al voley playa. 

por Érico Soto M. fotografía Sonja San Martín D.

La relación de David Ciater(25) con el deporte, tiene que ver s con el sacrificio y el trabajo constante que con las características innatas de un gran voleibolista. Sin la estatura recomendable para el principal rema- chador de un equipo (mide 1,82), se las ha arreglado para encontrar siempre su espacio en el juego, colocando su habitual dosis de rapidez y definición certera al otro lado de la malla.

Originario de Penco y menor de cuatro hermanos, la consolidación de David llegó de la mano del equipo de vóleibol de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), compitiendo con éxito, este 2013, en la principal división del deporte en el país: la Liga ADO Chile. Con el mismo conjunto se consolidó como protagonista indiscutido a nivel regional y nacional, con todos los títulos universitarios y federados, razón que motivó a la casa de estudio a jugársela en las ligas mayores.

Pero su despegue no es reciente, pues llega después de un periodo de crecimiento, nominaciones a la selección e incluso un Mundial de voley playa, en una trayectoria que lo coloca entre los mejores exponentes del país en la disciplina.

¿Cómo partes en el vóleibol?
El deporte me apasionó desde pequeño. Estuve en gimnasia, atletismo, básquetbol y al final me quedé con el vóleibol. Lo conocí en Penco, me interesó y se me dio fácil. Como jugaba básquet, tenía capacidad de rechazo. No era bajo, pero tenía habilidades: motricidad y coordinación. El proceso es largo, aunque no me costó tanto, porque par como armador, con mi hermano menor, Israel (24).

¿Quemaste etapas en series menores?
En Concepción, me llamaron a la selección regional, que iba al Nacional Infantil, representando a la Región del Biobío. Allí estaba la mayoría de los jugadores que siguen ahora conmigo en la universidad. De esa selección entramos tres jugadores becados a la UCSC: Matías Sanhueza, Pablo Sanzana y yo. Después vino e proces juvenil mientra estudiab en ecolegio Etercer cuartmedi empecé a entrenar con el seleccionador, Julio Orellana, que era profesor de la universidad y técnico del equipo que disputaría los Juegos de la Araucanía. Trabajé con el plantel de la universidad, y fuentonces cuando me ofrecieron una beca.

¿Qué logros destacas?
Ganamos los Juegos de la Araucanía, algo que recuerdo particularmente porque fue en Argentina y ganar allá era algo que pocos creían. Éramos el único equipo chileno entre los cuatro primeros, por lo que fue un orgullo. Y ya en el contexto universitario, fuimos protagonistas siempre en campeonatos nacionales: siempre segundos, o peleando con Santiago y San Felipe, además de Linares. En la universidad, se creó un equipo muy fuerte. Ganar la liga universitaria este año fue un gran logro que mostró nuestra vigencia, e, incluso, engloba a los demás, porque consideró a las universidades estatales y privadas, es decir, les ganamos a todos. Además de eso, la selección nacional, en 2010.

¿Cuáles son tus objetivos personales?
Ya no tanto la selección, porque antes me iba de cabeza, pero el vóleibol es semi profesional en Chile y hay que pensar en todo. Me gusta jugar acá, juego con los mismos compañeros casi desde primero medio, así que jugamos de memoria. Esas cosas no las puedes tener en otro equipo. Uno se siente orgulloso de figurar y formar parte de equipos, pero desde Concepción es un mérito que seamos capaces de ganar en todos lados, a todos los equipos del país. Como fue en el Nacional Universitario y en la Liga, dando pelea en lo más alto.
 
¿Cómo fue el salto este año a la Liga ADO Chile?
Ya la conocíamos, porque varios del equipo habíamos jugado como refuerzos por otros equipos. Con mi hermano fichamos por San Felipe. Ahora, defender los colores de la casa de estudios es muy distinto, porque uno siente una mayor responsabilidad. Y el rival logra sentir que nosotros somos locales. Somos efectivos en casa, nos gusta jugar acá, y es algo que no se ve tanto en regiones, porque se vive intensamente cada partido.
 
¿Cómo describes tu juego?
Se basa en la potencia y en la rapidez. He tenido que adaptar mi forma de jugar, porque no soy tan alto como los otros remachadores, la mayoría sobre el metro noventa, entonces para meterme al equipo he tenido que esforzarme para sacar saltos, pelotas rápidas y potencia en el remache. Así se marca diferencia. Me gusta ese juego veloz, tipo brasileño, y para eso es bueno ver jugadores de ese estilo.
 
¿Qué desafíos vienen?
Terminar la liga, y ganarla. Los refuerzos extranjeros cambian las posibilidades y determinan los equipos, y por ahí se pueden dar ventajas, pero hemos hecho un gran torneo. Y en lo profesional, terminar la carrera y ejercer.
 
Por el vóleibol uno posterga harto los estudios, porque es como llevar dos carreras, con dieciséis a veinte horas de entrenamiento a la semana. Es otro desafío que tengo pendiente.

 
AMIGOS EN LA TRAGEDIA
 
El año 2010 quedará marcado por el terremoto. Y el equipo de vóleibol de la UCSC tiene su propia historia que contar, pues la noche del 27 de febrero encontró a todo el plantel en plena pretemporada, nada menos que en el devastado balneario de Dichato. Afortunadamente, no hubo víctimas que lamentar, pero el grupo vivió una experiencia que pocos pueden contar.
 
¿Cómo fue esa noche?
Estábamos entrenando para el Sudamericano de Brasil 2010, al que habíamos clasificado como campeones, con una pretemporada en verano, pues el torneo venía en abril. Con mi compañero Marcelo Santos también integramos una selección sub 23 de Chile para los Juegos Odesur de Medellín. En ese proceso, me lesioné y volví a Concepción, así que me uní al equipo universitario. Guillermo Jiménez, uno de los históricos del grupo, tenía una cabaña en Dichato y estaban entrenando allá, alojándose ahí mismo. Yo fui de vacaciones y pasé a verlos. Fui a una comida en la noche y me quedé. Entonces vino el terremoto. ¡Imagínate cómo se sintió! Estábamos todos juntos, pero nadie hablaba. Preguntamos en Carabineros si había tsunami y nos dijeron que no. Volvimos a la casa, muy asustados, hasta que se escuchó el mar. Así que corrimos hacia un cerro, en forma desesperada. Nos metimos en una calle sin salida. Hicimos pedazo un portón, y logramos subir. Allí, a esperar no más. Fue algo terrible. Todos saben que en Dichato hubo mucho daño, pero gracias a Dios a nosotros no nos pasó nada.
 
Hay mucho compañerismo...
El ambiente que generamos en la UCSC es de mucha amistad. Tenemos un objetivo en común, todos queremos ganar. Si le preguntas a cualquiera, nadie lo hace solo por participar, y eso es un plus, pues la ambición está en cualquier parte donde juguemos. Además, nos conocemos desde hace muchos años.
 
¿En el plano local no tienen competencia?
Hemos ganados dos nacionales universitarios, fuimos segundos en un sudamericano, y localmente no nos gana nadie. El trabajo que hacemos es muy serio y comprometido. La diferencia es que no competimos para ganar acá, en Concepción, sino que afuera. Esto es solo un paso para lo que viene.
 
Pertenecer a este equipo, ¿te ha ayudado a crecer como jugador?
Para mi evolución ha sido muy bueno. Uno se somete a una competencia, sana, pero muy fuerte. Siempre tuve esa lucha, a pesar de que tenía habilidades, pero al principio me tocó competir con Marcelo Santos, que venía de Europa como seleccionado chileno. Pero mi trabajo era hacer que el equipo fuera parejo, para tener alternativas.
 
¿Cómo ha sido tu experiencia con el voley playa?
El año pasado, con Cristian Figueroa de la Universidad de las Américas, clasificamos para el Mundial Universitario de voley playa. No fue tan sorpresivo, porque ganamos en el verano los torneos que se hacen en las playas penquistas. Mi compañero me propuso ir, a pesar de que me gusta más el vóleibol cancha. Fue una experiencia súper buena y enriquecedora, porque llegamos a jugar el Mundial en Brasil. Jugamos cinco partidos, no nos fue tan bien, pero hubo mérito considerando que la actividad acá es casi amateur. Les sacamos sets a los finalistas, nos sentimos bien y terminamos con la sensación de que pudimos dar más.

 

 

“He tenido que adaptar mi forma de jugar, porque no soy tan alto como los otros remachadores, la mayoría sobre el metro noventa, entonces para meterme al equipo he tenido que esforzarme para sacar saltos, pelotas rápidas y potencia en el remache. Así se marca diferencia”.

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