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EDICIÓN | Diciembre 2013

Otras luces en Navidad

por Montserrat Salvat, coordinadora escuela pedagogía de educación Media en Historia y geografía, facultad de ciencias de la educación, Universidad San Sebastián
Otras luces en Navidad

La publicidad a veces logra introducir expresiones, cuyo origen es remoto, pero que utilizamos en nuestras conversaciones cotidianas. Por ejemplo, sinónimo de relajo es “tomárselo con Andina”, una bebida, y de ser inteligente es tener “Winter ya”, la marca de embutidos. Como señala el decreto que declaró los carteles publicitarios de Valdivieso y Monarch, como monumento histórico en 2010, la publicidad es una forma representativa de la contemporaneidad y de nuestro patrimonio, porque se conserva, valora y transmite.

Entre la decoración festiva que abunda en las calles por estas fechas, no está de más dejar un saludo a la luminaria permanente que acompaña los cielos de Providencia hace más de cincuenta años. Dos carteles publicitarios, uno de champagne Valdivieso y otro de calcetines Monarch, evocan recuerdos en varias generaciones de santiaguinos, al punto que son considerados monumentos de la capital.
 
Hipnotizados, conductores, niños, peatones, esperando en el semáforo, la repetición incesante de dos historias conocidas por décadas que se encienden desde las alturas y son narradas con formas de neón: un corcho de espumante que estalla y derrama su mosto dorado en dos copas y las piernas femeninas que bailan intermitentes, modelando pantimedias de colores.
 
Visibles incluso de día, por su gran tamaño, reinan a partir del crepúsculo: se encienden automáticas, pasadas las seis de la tarde en invierno, cerca de las nueve de la noche desde la primavera, hasta las primeras horas de la madrugada.
 
El letrero de calcetines Monarch, ubicado en Rancagua 51, muestra la marca en caracteres blancos, para dar paso a las famosas extremidades. Primero cuatro, luego ocho y finalmente las dieciséis, que parpadean y luego “giran” hasta que aparece la leyenda con los modelos de medias.
 
Unas cuadras hacia el oriente, en General Bustamante 96, permanece una botella luminosa de espumante de unos dos metros; verde, roja y dorada, el corcho del champagne Valdivieso estalla y su contenido se vierte sobre dos copas de flauta— antes eran Pompadour, que son como las de Martini, pero redondeadas—, desde las que emergen unas líneas que asemejan las burbujas. Una invitación a darse un respiro: “Y hoy, ¿por qué no?”, provoca su leyenda.
 
Si parece que uno ha visto estos carteles toda una vida, es porque fueron instalados allí en 1954, confeccionados por una fábrica local, “Luminosos Parragué”, cuyo fundador, abuelo de los actuales propietarios, trajo la técnica a Chile, luego de embelesarse con las luces que vio en un viaje a Nueva York en los años treinta.
 
Postales de infancia, recuerdos de un regreso a Santiago un domingo por la tarde, hitos de referencia. Ocurre que esta señalética también forma parte de nuestro patrimonio, porque se conserva, valora y transmite.
 
Fabricar estos avisos es un oficio que combina ciencia y arte. Ciencia, porque la luz proviene de dos gases, el argón y el neón, que son incoloros, pero generan luz si se les aplica electricidad; y arte, porque las tonalidades, más de cien, las da el teñido del tubo que los contiene. Además, las letras y formas son confeccionadas manualmente, es decir, calentando con soplete y luego doblando con las manos cada vidrio.
 
Los primeros letreros de neón aparecieron en nuestra capital en la década de los veinte del siglo pasado. Fueron una revolución, aunque varios de los más recordados han sido removidos, como el círculo amarillo y rojo con caracteres negros de las cecinas JK, en la entrada de la Alameda, o el simio amarillento de Aluminios El Mono, sobre La Vega. Todavía pueden observarse en distintos locales comerciales, aunque menos vistosos: bares, fuentes de soda, cabarets, peluquerías y cines. Quizás estos algún día sean objeto de recuerdo también, dado que el neón se ve reemplazado por otras tecnologías de aspecto más “moderno”, limpio, con mayor poder lumínico y que consumen menos energía, como son las luces LED. Las pantallas luminosas hoy se ven en varios puntos de la capital, enfrentando la Plaza Italia hacia el poniente o en la esquina de Príncipe de Gales y Avenida Ossa.
 

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