Es frecuente observar en el exterior de las casas, en proyectos inmobiliarios, restaurantes y centros de eventos de esta zona, una serie de apliqués y lámparas colgantes con la tonalidad tan característica de la greda. De diferentes formas, tamaños y diseños van cubriendo de manera muy particular, la tenue luz que se irradia entre la arcilla, horneada en un gran fogón, a más de ochocientos cincuenta grados.
Cada uno de estos elementos decorativos tiene un sello especial. En su interior está plasmado el nombre de quien dio vida, hace cincuenta y dos años, a este noble trabajo elaborado completamente a mano. Víctor Paz es el creador de esta obra rústica y acogedora y es, también, la firma que distingue todos sus trabajos.
Él ya no está para ver cómo su nuera, Erika Guines, ha dado continuidad al crecimiento y consolidación de Alfarería Víctor Paz. Falleció hace algunos años, pero dejó en manos de Erika, no solo la empresa familiar, sino también, la habilidad para tornear cada pieza que nace de la conjugación de varios elementos.
Tierra, agua, fuego y el talento innato de Erika Guines, se mezclan en el arte de la alfarería. Afirma que su conocimiento para trabajar la arcilla, ha sido gracias a su abuelo y a su suegro, quien le brindó la oportunidad de trabajar junto a él.
“Mi abuelo, Gilberto Vielmas, le enseñó a Víctor Paz, quien se convirtió en mi suegro años después. Como mi suegro era muy buen alumno, lo invitó a trabajar con él, en este taller que formó hace más de cincuenta años. Por coincidencias de la vida, me casé con su hijo y desde entonces, él se dedica a hacer las láminas. Mi padre y yo trabajamos con la arcilla en el torno, además de todo lo que significa este proceso, desde ir a buscar la arcilla, hacer la aleación, tornear, cocer en el horno y vender. Me he dedicado a esto, desde que tenía diecisiete años”, comenta Erika Guines, heredera de una tradición familiar.
ARCILLA DECORATIVA
Las exclusivas lámparas y apliqués, que se han convertido prácticamente en el producto estrella de Alfarería Víctor Paz desde 1998, cuentan con atractivos diseños que representan la identidad de la región. Además de las figuras geométricas e innumerables cortes, las estrellas, los cactus, la luna y el sol forman parte de una decoración única y distintiva en estos elementos que iluminan no solo las noches serenenses, pues Víctor Paz está presente en los más recónditos lugares del mundo.
“Los extranjeros quedan cautivados con nuestros trabajos y afirman que no lo han visto en otras partes. El que sean únicos y hechos a mano es nuestro gran plus. Durante todos estos años, hemos enviado pedidos a todo Chile y cuando vienen turistas se llevan uno y luego encargan más”, comenta Erika.
Se suman a esta lista de piezas: portavelas, ceniceros, difusores y alcancías. En cuanto a la línea para restaurantes e implementos de cocina, infaltables son las pailas, ollas y platos de greda.
Para decorar jardines, encontramos una serie de iluminadores de camino, maceteros de diversos tamaños y formas, enormes tinajas, macetas murales, jardineras y pocillos, diseñados especialmente para arreglos florales.
En los maceteros, la nobleza de la arcilla aporta a las plantas una característica esencial, que no se encuentra en otros materiales. “El que sabe de plantas nunca ha dejado de comprar maceteros de greda, porque es porosa y permite filtrar el agua. En verano, es fresca y en invierno, abriga. La materia prima que usamos es muy fiel, no se oxida y no se deteriora con el tiempo... eso es valorado y reconocido por todos nuestros clientes”, afirma Erika.
Los diseños también pueden ser personalizados. Los estilos mediterráneos, marinos o con líneas clásicas son los preferidos. En cada uno de ellos, prima lo rústico, una tendencia que ha marcado un notorio favoritismo en estos tiempos.
DÍA A DÍA
Ella con su marido extraen la arcilla roja desde los cerros del sector Las Compañías. La tierra es generosa y aún permite encontrarla en pequeñas cantidades. La arcilla amarilla se saca del sector el Panul. Con ambas arcillas hace una aleación, pues las mezclas de sus propiedades permite que la greda no se trice. La greda se deja remojando en grandes proporciones, en un estanque. Todo el proceso dura aproximadamente ocho días. Una vez que la greda está lista, Erika comienza a dar forma a las piezas, en un torno.
Cuando ya dispone de bastante material, enciende el fogón a las tres de la tarde y va poniendo las piezas hasta que se queman. A las diez de la noche quita las brasas y deja enfriar, hasta el día siguiente. A las nueve de la mañana, comienza a descargar. “El trabajo es de todos los días. Este proceso aumenta durante el verano y depende también de la cantidad de los pedidos”, relata Erika.
La exposición de sus piezas en casas particulares y en importantes proyectos inmobiliarios de la zona, ha sido su mejor vitrina. En un futuro cercano, proyecta trasladarse a una nueva parcela. Aquí espera dar continuidad a esta larga historia de Alfarería Víctor Paz y, tal vez, motivar a sus nietos, para que aprendan la técnica y seguir con el legado que, sin duda, ha marcado un sello decorativo en la región.