Para este recorrido, nos acompaña el documentalista histórico del municipio de Coquimbo, Jaime Espejo. Lleva años trabajando por el patrimonio histórico-cultural de la ciudad puerto. Junto a él, entramos en la búsqueda de las huellas del olvido y nos recalca lo lamentable que es el abandono de la historia local, la que ha sido poco considerada por los programas educativos, situación que frena el valor y difusión de temáticas como la génesis minera del norte chico.
¿Y sobre los piratas y tesoros? Espejo nos comenta que “las ordenanzas españolas eran muy claras: todo aquel que traspasara el vértice de Magallanes, sería considerado bandolero de mar”. La mayoría de quienes arribaban a estas costas eran navegantes, ya que los piratas como tal circulaban mayormente por las costas del Caribe. Sin embargo, han sido muchos escritos, leyendas e, incluso, vestigios en torno al tema, manifiestos que hasta el día de hoy son foco de estudio e inspiración para algunos que no pierden la esperanza de encontrar el tesoro de Guayacán.
Camino a La Herradura por la Ruta 5 Norte, pasado El Mirador de los Angelitos, a mano derecha, un polvoriento camino nos lleva hacia el enigmático Cementerio Inglés, situado a un costado del puerto de la CAP. A trescientos metros de la playa nos recibe deseoso de mostrarnos su legado.
Cientos de historias reposan en un recinto que data de 1860. Este cementerio privado, perteneciente a la Sociedad de Entierro Guayacán Coquimbo, es uno de los más antiguos del norte chico del país y en él se encuentran los orígenes familiares de esta zona. En la actualidad se ha convertido en un atractivo turístico–cultural, visitado por viajeros internacionales como parte de sus itinerarios.
Entre blancas murallas rectangulares, un pequeño y sencillo letrero al costado de un pórtico de piedra y rejas, de no más de dos metros de ancho, nos indica el lugar que, a simple vista, pasa inadvertido entre el paisaje costero.
Al contrario de los cementerios municipales en los que resaltan cruces, mausoleos y grandes nichos, acá las sepulturas son, en su mayoría, lápidas. Al ingresar, es inevitable echar a correr la imaginación y percibir una mezcla de sensaciones; misterio, por los tantos secretos e historias que reposan bajo tierra y paz, otorgada por lo ajeno del bullicio citadino y solitario del lugar. Pero sobre la superficie han quedado vestigios, casi cuatrocientos osarios decoran el espacio que nos recuerdan el paso de los años y, por supuesto, a quienes hacen honor.
Jaime nos relata que al lado izquierdo, cubiertas de veteranos eucaliptus, yacen las tumbas más antiguas, las del siglo XIX. Separadas física y cronológicamente por una línea de grandes pimientos, en el lado derecho están las más contemporáneas que, incluso, se han usado en estos últimos años; es fácil identificarlas por lo fresco de sus flores y un entorno colmado de palmeras y floridos arbustos. Pese a ello, se sigue conservando el estilo, la forma y también los orígenes, ya que aún sepultan a familiares de los colonos en este panteón.
Observamos, en el centro, una de las tumbas más vetustas, desgastada por el sol y los años. Tiene forma de ataúd y está elaborada con espuma de carbón, muy similar al concreto, pero de mayor delicadeza. Hay otras de mármol, madera y fierro finamente talladas. Todas conservan un alto valor arquitectónico, que destacan la prolijidad de su manufactura, diseño y esculpido. Algunas tienen frases como in loving memory, otras poseen estrellas de David o figuras que asemejan serpientes y, las más pequeñas, simplemente están con números por aquellos que nunca fueron identificados.
PANTEÓN COLONIZADOR
Es el camposanto particular más antiguo de la región y el más grande, patrimonialmente hablando, aunque su extensión no supera la hectárea. Conserva muchos de los estamentos de la zona norte y del país, como diplomáticos, ilustradores y empresarios, mineros principalmente, provenientes de EE.UU., Inglaterra, Gales o Alemania.
Caminamos por el lugar y, a ratos, se nos hace fácil olvidar que son tumbas y nos dejamos encantar por un verdadero museo al aire libre. Acá se encuentran los orígenes de familias como los Gaudie, Abbott,Morgan, Spencer, Raby o Brown; estos últimos actualmente tienen descendientes en el sector del Barrio Inglés.
También residen antiguos personajes emblemáticos como los ex cónsules de Inglaterra, Joseph Grielson y Henry Navarra. Este último fue quien creó el Cementerio Inglés con el fin de tener un sepulcro especial para protestantes, ya que en ese tiempo muchos muertos se tiraban al mar y las corrientes los devolvían a la orilla, generando preocupación en la comunidad.
Otros representativos que yacen en este lugar son el arquitecto inglés Robert Parker, que fue el tercer alcalde de Coquimbo y regidor; como director de obras municipales construyó la Escuela N° 1, la Iglesia San Luis, la Basílica de Andacollo, la primera plaza de armas de la ciudad y fue un propulsor del estilo arquitectónico del Barrio Inglés, que hasta hoy se puede apreciar. El terrateniente J.J. Mac Auliffe, antecesor de la familia y empresas Taylor (negocios marítimos de Valparaíso). Alfredo Steel Crawford, ex alcalde, regidor y gobernador; junto a Bernardo Ossandon introdujo el scoutismo por su gran afinidad al deporte. Guillermo Eaton Lowther fue proveedor de naves y de la Armada Inglesa; participó en la Guerra del Pacífico y recibió medalla de honor por su actitud heroica.
Esta necrópolis revive el pasado y cautiva con sus contrastes de piedra y color sobre un terreno lleno de recuerdos y seres que ya no están, pero que fueron parte de la génesis del puerto de Guayacán y Coquimbo.
En la actualidad, este terreno del descanso ha sufrido un cierto abandono debido a que varias tumbas fueron dejadas al olvido. Pese a que continúa con cuidadores día y noche se ha incrementado el robo de lápidas, que además de su valor histórico poseen alto precio monetario por sus materiales.
Se espera que este arcaico recinto retome vida con la habilitación del crematorio que allí se encuentra. Esta nueva y moderna infraestructura de dos pisos, será la única de este tipo en la región, procurará alivianar la carga de los cementerios locales y así entregar una nueva opción al momento de sepultar a un ser querido.
NUESTRO DATO:
Cementerio Inglés, calle Errázuriz s/n Guayacán, Coquimbo.