En sus inicios, hace seis años, tardaba un día en elaborar un cuadernillo. Prolija y meticulosa, Rocío (31) fue perfeccionando la técnica; el uso de los materiales apropiados y la rapidez para entregar los pedidos a diferentes partes del país.
Solo para el corte de las hojas usa una guillotina industrial, el resto es obra de sus manos. Tanto así, que durante un tiempo tuvo que dejar de trabajar, producto de una tendinitis.
Hace veinte años vive en La Serena, egresó del colegio Sagrados Corazones y un año después entró a estudiar diseño con mención gráfica, en la Universidad de La Serena. “Siempre quise estudiar diseño, a pesar de lo difícil que es esta carrera. Todo lo que uno hace debe ser mostrado en público y estar dispuesto a recibir críticas muy duras. Los términos medios aquí no sirven, o es todo o nada. No puedes llegar, por ejemplo, con una maqueta a medio terminar”, comenta Rocío.
Después de titularse, sus primeros trabajos fueron la elaboración de imágenes corporativas, tarjetas de presentación y logos para diferentes empresas. Por un tiempo, diseñó y elaboró las cajas de una marca premium de chocolates de la región, hasta que un día decidió que debía crear “algo” con sus propias manos.
¿Y ese “algo” fue encuadernar?
A mí siempre me ha gustado leer y escribir. Tengo una conexión especial con el papel y creo que eso es lo que me motivó a emprender.
¿Esto no lo aprendiste en la universidad?
No. Algo aprendí cuando hice mi práctica en una imprenta. Tuve que reemplazar al encargado de encuadernar tesis. La verdad, fue un trabajo muy tedioso, porque hay que trabajar la cuerina y usar corchete industrial. En una ocasión, él llegó a la imprenta y me mostró una libreta que había diseñado… Esa idea quedó en mi cabeza por mucho tiempo, hasta que decidí probar la encuadernación con mis propios métodos.
¿Sabías realmente cómo hacerlo?
Busqué en libros y en videos, pero básicamente fue intuición. Comencé a experimentar y a soñar…me despertaba en mitad de la noche, pensando en cómo hacerlo para que quedara perfecto.
¿Hasta que lo lograste?
Sí, porque en la encuadernación son varias etapas. Tuve bastante paciencia, hasta que un día de iluminación pude crear mi propio cuadernillo. ¡Ese día estaba eufórica!, porque, finalmente, descubrí la fórmula.
¿Cuánto te demoraste en hacer uno?
Era muy lenta, cuando empecé podía estar un día completo. Fui perfeccionándome y mucha gente de buena voluntad me ayudó y me dio consejos. No tenía las herramientas, de manera que todo ha sido artesanal.
¿Y a qué se debe el nombre de tu empresa?
Planea es un juego de palabras, porque en estos cuadernos la gente planifica y, además, representa la libertad de un ave cuando planea en el aire.
HILAR FINO
Rocío trabaja en su casa. Su mundo son los papeles, los cartones y cartulinas de colores, los hilos, las fotografías, las telas y los pegamentos. En la primera etapa del proceso, cuidadosamente va uniendo un grupo de seis hojas con finas puntadas hechas a mano y que cruzan pequeños orificios. Plegadas por la mitad, van dando forma al cuerpo del cuadernillo, que en total suma noventa y seis hojas de papel bond. “Esta es la cantidad perfecta para encuadernar, cuando son muy delgados cuesta darle firmeza. Esto también lo descubrí probando y echando a perder”, comenta la diseñadora.
¿Cuál es la siguiente etapa?
El cuerpo del cuaderno se junta en un lomo, que va pegado con una tela especial. Esto permite que si se sale la tapa, las hojas no se suelten. Al principio, para que las hojas quedaran perfectamente alineadas, debía llevarlas a una imprenta, para realizar el corte. Esto fue un problema porque debía juntar varios cuerpos y eso hacía retrasar el proceso. Con el tiempo invertí en una guillotina semi industrial, que encontré a través de Internet.
¿Dónde compras tus insumos?
Esto también tuve que aprenderlo, porque muchas veces compré caro. La gran mayoría de los materiales los compro en Santiago, en especial, el papel de color.
¿Cómo definirías la técnica utilizada en tu encuadernación?
La verdad es que me convertí en una de las pocas personas, en Chile, que hace encua- dernación clásica renovada. Encuadernar es un oficio ancestral y yo lo que busco es que mis trabajos perduren en el tiempo con técnicas que se usaron antaño, con materiales de calidad, aunque el trabajo resulte, para muchos, majadero y tedioso. Existen diversas maneras de encuadernar, pero algunas de ellas se desarman y no duran. Este no es el caso de mis trabajos.
¿Las tapas también tienen un sello propio?
Antes, las tapas de los cuadernillos las imprimía en papel y sin ningún material que las protegiera de factores externos. Era muy pueril esta etapa, así que comencé a plastificar y a comprar papel de alta resolución. Después me obsesioné con trabajar las tapas en telas.
¿Eso también significó experimentar?
Sí, porque el pegamento inflaba la tela, además no todos los géneros sirven. Lo más increíble es que en todo este proceso nunca dejé de vender mis trabajos. Ahora digo: ¡no sé cómo lo hice! Descubrí que con un adhesivo doble de papel podía pegar la tela al cartón, para que quedara perfecto. El lograrlo me motivó mucho para renovar mis trabajos, además, lo que quería era disfrutar la creatividad.
¿Y la idea de personalizar las tapas con fotografías?
Este es un bonito regalo y que, además, queda como recuerdo porque personalizas el cuadernillo con la foto plastificada de tus hijos, de tu pololo o de tu familia. El cliente me envía la foto en alta resolución, vía e-mail, y yo lo trabajo en la tapa.
¿Te dedicas también a la restauración de libros?
Así es, yo hago restauración y recopilación de libros, revistas, documentos, fascículos y fotos. Primero debo examinar el estado del material, pese a que la mayoría tiene solución. En una ocasión, restauré un libro que tenía cien años. En el caso de los álbumes de fotos, aprendí a coser los cuadernillos al lomo, para que tuviese espacio cuando se levantan las fotografías.
¿Y cómo lo haces para crear y vender?
Siempre he estado sola en esto; al principio no fue fácil encontrar mercado. Escribí a varias revistas nacionales para difundir mis trabajos y solo algunas me publicaban. Paralelamente, trabajaba en encuadernación de tesis de los universitarios y eso me permitió que conocieran mis otros trabajos. Cuando el Facebook tomó mayor fuerza, la vida me cambió. PlaneaEncuadernaciones comenzó a hacerse conocida y recibía pedidos de todas partes de Chile. He enviado mis trabajos desde Arica a Chiloé.
¿Tienes idea de cuantas encuadernaciones has hecho?
Miles... la verdad traté de contarlas, pero ya perdí la cuenta.
QUIMERA
Hoy, Rocío se siente orgullosa de su empren- dimiento. Planea Encuadernaciones ha sido obra de su propia creación y de su esfuerzo, pero también siente que, en esta etapa, debe ampliar el horizonte de su mercado. “Este año decidí comenzar a exportar mis trabajos, pero no ha sido fácil, ya que requiere de mucho volumen y de contactos”, afirma.
Y mano de obra, también
Eso es lo complejo, a pesar de que ya lo he hecho. Hace un tiempo, Minera Los Pelambres me pidió elaborar cien cuadernos para un aniversario de la corporación. Después el municipio de Coquimbo me hizo un pedido grande. Tuve que hacer diez cuadernos diarios para entregar a tiempo. Cosiendo uno por uno...
¿Postular a un proyecto, te sería útil?
La verdad es que no necesito recursos, lo que yo quiero es abrir el mercado y salir.
¿Cuál sería el camino?
Estoy viendo, ahora, la posibilidad de enviar mis productos a Argentina y con precios viables. Estoy mentalizada en que este es mi próximo desafío, porque en seis años he logrado bastante y no me daré por vencida.