ntrenaron por varios meses. Se prepararon física y sicológicamente para llegar a la meta. Viajaron, estaban ansio- sos, incluso tenían sus poleras y números de participación de la carre- ra; sin embargo, dos días antes de cumplir el gran
sueño, la alcaldía de Nueva York suspendió su tradicional maratón, ante las trágicas consecuencias que dejó el paso del huracán Sandy, en noviembre del 2012.
Era la primera vez, en cuarenta y tres años de historia de esta carrera, que debió ser cancelada. Cerca de cincuenta mil personas tuvieron que guardar las zapatillas y, muchos de ellos, regresar a sus países de origen, sin cumplir el desafío. Entre esa gran multitud del Central Park se encontraban Nicolás Bakulic (51) y Ana María Albertini (47).
Casados hace veinticuatro años, cuatro hijos y amantes del deporte, Nicolás y Ana María han forjado una familia, en torno a diversas disciplinas: tenis, ciclismo, windsurf, carreras de aventura, entre otros. “Durante una semana anduvimos en kayak en la Patagonia. Cruzamos Argentina en bicicleta, desde Pucón a San Martín de los Andes. La verdad es que hemos hecho muchas cosas juntos, nos encanta el deporte aventura”, comenta Nicolás.
Llenos de energía y con el ánimo que los caracteriza, no bajaron los brazos. Por el contrario, retomaron sus entrenamientos para volver a New York este año y, como prueba de fuego, decidieron participar, en abril, en la maratón de Santiago.
¿Correr fue una idea de ambos?
AM: A Nicolás se le ocurrió, hace dos años atrás, participar en la Maratón de New York. Yo trotaba en ese tiempo y fue él quien me motivó a correr y a competir.
N: Le dije a mi amigo, Arturo Hanshing, que
quería correr en esa maratón y me invitó a participar del team Nike, para entrenar en grupo. Me inscribí y, desde entonces, corremos con ellos y con el entrenador, Claudio Reyes.
¿Ser competitivo estaba en los planes?
AM: La verdad es que yo lo hice por acompañar a Nicolás y siempre dije: “correr una maratón, ¡jamás en la vida!” No fui de muy buenas ganas a entrenar y resultó que me encantó. De a poco empecé a superarme y a participar en carreras. Comencé a subirme al podio, a ganar medallas y eso me fue incentivando.
N: Mi performance no es de lo mejor... yo freno el viento en contra (risas). La verdad es que mi objetivo era correr en New York, pasarlo bien, tenerlo en mi currículo y poder contarlo.
¿Fue muy frustrante no correr en la maratón de New York en el 2012?
AM: Habíamos entrenado prácticamente todos los días. Íbamos muy bien preparados y llegamos con mucha ilusión. Cuando nos avisaron que se canceló, nos quedamos ahí... (cruza los brazos).
N: Pero corrimos la carrea simbólica de diez kilómetros y exigimos nuestra medalla. Decidimos, en ese momento, regresar a New York en el 2013.
NEW YORK, NEW YORK
Ante el desafío propuesto, ambos cumplieron con sus expectativas, después de participar en la maratón de Santiago. Ana María corrió los cuarenta y dos kilómetros en un tiempo de tres horas, cincuenta y cuatro minutos. Nicolás, en tres horas y treinta y seis minutos. “Para nuestra edad y estándar, es un tiempo bastante bueno. Esto nos motivó a seguir entrenando”, comenta Nicolás.
¿En qué consiste esta rutina de entrenamiento?
AM: Cinco días a la semana, desde abril hasta noviembre. Entrenamos en la Avenida del Mar, de siete y media a nueve de la noche; y algunos días a la una de la tarde.
N: El entrenador nos envía por mail la programación de la semana. Consiste en correr cierta cantidad de kilómetros en un tiempo y ritmo determinado.
¿Debieron seguir una dieta alimenticia especial?
N: Mucha proteína y fibras. Ahora, dos o tres días antes de la maratón consumimos bastante azúcar, carbohidratos e isotónicos. AM: Además de preocuparnos de la alimentación, también nos cuidamos de dormir lo necesario, de acostarnos temprano, de tomar bastante líquido, etc.
¿El resultado de Santiago fue determinante para la maratón de Nueva York?
AM: Esta experiencia fue muy positiva para nosotros y nos dio mucha seguridad. Nos fuimos muy confiados a New York.
Hasta que llegó el gran día, ¿cómo fue esa experiencia?
AM: New York es muy distinto a la maratón de Santiago. El clima, la cantidad de gente... para mí no fue fácil. Yo tenía el número sesenta y cinco mil y algo.
N: Yo tenía el cuarenta y dos mil sesenta. Con Anita quedamos separados, porque partimos en distintos horarios.
¿Mucho frío?
AM: Muchísimo. Unos cinco grados. Sobre la ropa con la que corrimos, nos pusimos chaquetas que las íbamos dejando en el suelo, a medida que se va entibiando el cuerpo. Yo estuve con una frazada hasta que partí. El frío me complicó a lo largo de la carrera, no sentía mis manos...
¿Y cómo les fue?
AM: Nunca paré, no me lo permití, porque estaba muy mentalizada en llegar a la meta. Cuando la crucé me puse a llorar a mares. Llegué muy emocionada, porque me costó... lo único que quería en ese momento era que alguien me abrazara o me dijera en español ¡bien! Y nada, estaba repleto de gente, pero al mismo tiempo me sentía sola. Para mí fue todo un logro. Me enteré en el hotel que había hecho un tiempo de cuatro horas... seis minutos más que Santiago, porque New York es una carrera difícil para hacer marcas.
N: Partí con mi amigo Arturo Hanshing. De fondo, la canción New York de Frank Sinatra, con un mar de gente a los costados que grita y va alentando y cuando cruzamos el puente Verrazano, a un lado, un barco de la guardia costera que va lanzando un abanico de agua y, por el otro, un helicóptero que avanza a la altura de los corredores... yo me creía el actor de Misión imposible (risas)
¿La disfrutaste?
N: Yo fui a pasarlo bien, no a sufrir. Es un evento tan importante a nivel mundial, que si no entrenas, los cuarenta y dos kilómetros te comen. Es muy importante ir preparado para disfrutarlo, porque se vive un ambiente de fiesta impresionante. Ciento cuarenta orquestas en total, acompañan el recorrido ¡Es un verdadero espectáculo! La carrera dura cerca de siete horas y durante todo ese tiempo, la gente está animándote.
¿Cómo fue tu llegada a la meta?
N: Hice los cuarenta y dos kilómetros, en tres horas y cuarenta y seis minutos. Diez minutos más que Santiago, pero me reí, di la mano a cuanto gringo me la dio, lo pasé muy bien.
¿Te emocionaste, también?
N: Lloré cuando llegué a la meta en la maratón de Santiago, porque me estaban esperando mis hijos. En New York, lo disfruté.
¿En qué pensaban mientras corrían?
N: Hay mucho tiempo para pensar...
AM: Piensas en todo. Es un juego mental entre los dolores, los calambres, el frío... en la meta.
Y el relajo ¿cuándo?
N: Después de la maratón nos fuimos diez días a Miami.
AM: Solo playa y descanso.
UN EJEMPLO
Los cuatro hijos de Nicolás y Anita les dicen que son unos “locos”, pero al mismo tiempo se sienten orgullosos de sus logros. Todos los años, sagradamente y en familia, caminan desde La Herradura hasta Andacollo, para saludar y agradecer a la “Chinita”.
¿Cuál es el próximo desafío?
N: Yo dejo de correr en maratón. Sigo trotando y en el team Nike, para mantener mi estado físico, pero terminé mi ciclo... lo que pasa es
que Anita se me va acercando (risas).
AM: Estoy a catorce minutos de Nicolás y eso es terrible para él.
Nicolás, ¿quieres jubilar del running?
¡Del running no! Pero sí de las maratones. Quiero dedicarme a la bicicleta, al kite surf... matizar los deportes.
¿Anita, y tú sigues?
De todas maneras. Me estoy preparando para la maratón de Santiago del 2014. No está en mis planes correr nuevamente en New York, pero sí me gustaría participar en Buenos Aires. Quiero probar en triatlón, estoy aprendiendo las técnicas de natación. Ahora, esto demanda mucho ejercicio y es muy distinto a correr maratones. En eso estoy... y lo haré hasta que el cuerpo aguante.
N: El cuerpo aguanta mucho. En New York conocimos a la Albertina, la chilena de ochenta años que ha corrido cincuenta y un maratones. Empezó a correr a los cincuenta... un verdadero ejemplo para todos.
Eso demuestra que nunca es tarde...
AM: Exactamente. En mi caso, fue la constancia lo que me llevó a correr una maratón y estoy feliz. Un entrenador me dijo una vez: “con la velocidad se nace, pero la resistencia se hace, a costa de entrenamiento y esfuerzo”. En definitiva, si uno quiere, puede.
N: Cuando vas cumpliendo este tipo de desafíos, te das cuenta de que puedes hacer muchas otras cosas. Se abre un mundo personal y con los demás. El deporte es un vicio y no dejo de impresionarme de la generosidad del cuerpo.