Nos juntamos en los tétricos pasillos de un hospital capitalino, donde está filmando su participación en la película The Foreigner. Es flaca, muy flaca, tiene unos ojos claros muy expresivos y habla con un acento muy curioso, mezcla de italiano y modismos chilenos.
Se le nota apasionada por lo que hace. Reconoce que el teatro le fascina desde que era una niña, aunque su llegada a las tablas siguió un conducto más bien irregular. “Me fui de la casa de mis padres a los quince años a un colegio internacional. Después, partí a estudiar a Londres, donde me ofrecieron una beca para viajar a Chile para estudiar el tema del regreso a la democracia. Como el teatro siempre fue mi pasión, aunque mis padres me vetaron la posibilidad de dedicarme a eso, necesité un océano de distancia para enfrentar la resistencia familiar. Llegué a Chile un 1 de octubre; al día siguiente estaba inscrita en la academia de Fernando González, quien se transformó en mi gran maestro, en un verdadero padre adoptivo. Durante dos años hice las dos cosas en paralelo, hasta que decidí que era el momento de dedicarme a lo que me hacía realmente feliz. Soy una actriz completamente chilena.
¿Cómo llegaste a TVN?
El año que egresé me presenté a una audición y quedé seleccionada para una obra de teatro que tuvo un éxito fenomenal: Jugar con fuego. Ahí me vio Vicente Sabatini y me llevó a trabajar con él. Mi primera teleserie fue La Fiera. Soy una afortunada, porque viví la época dorada de las teleseries, cuando se hacían grandes producciones, con guiones de Shakespeare, elencos maravillosos, viajes y entretención con contenido. Era un lujo, estuvimos en el sur, en el norte, en Isla de Pascua... representábamos verdaderos micromundos en que era posible reconocer todos los sectores sociales.
¿El idioma y el acento nunca fueron un problema?
Yo aprendí español en el colegio, porque tenía muy buena relación con los latinoamericanos... incluso tuve una profesora chilena. Pero sí, el acento fue un tema al principio, pero más que nada porque yo misma me castigaba. Lo único que quería era ser más chilena que los porotos y me sentía distinta. Hasta que me percaté de que nadie me estaba haciendo un favor, que mis personajes vendían. Me reconcilié con eso y me di cuenta de que era un plus, dejé de preocuparme y lo transformé en una herramienta que me hace especial.
VOLVER AL HOGAR
Viviendo el éxito a full, el año 2003 Alessandra toma una decisión que, en gran medida, modificaría su futuro: volver a Italia. Durante cinco años desapareció de las pantallas y los escenarios locales sin mayor explicación.
¿Por qué te fuiste de Chile con una carrera tan consolidada?
Por razones súper personales, pero fue un error garrafal en términos profesionales. En algún minuto lo lamenté, porque el período en que no estuve aquí fue el más difícil y doloroso de mi vida. No me sentí cómoda en Italia...
Viviste el no ser de aquí ni ser de allá...
Peor que eso. Nunca en mi vida me sentí más fuera de lugar y más extranjera que en Italia. Yo me fui en una edad muy delicada, a los quince años uno empieza a aprender a vivir por su cuenta y me di cuenta de que ninguno de mis referentes estaba allá. Nadie me creía que era italiana, ni menos que era actriz, porque los códigos son totalmente distintos. Aunque fue una decisión difícil en lo profesional, era muy necesaria en lo personal, porque había temas que cerrar y una distancia que tomar...
Esos temas tenían que ver con haber salido de tu casa siendo tan chica...
Tiene que ver con eso, pero también con el fantasma de no saber qué hubiera pasado conmigo si me hubiera quedado en Italia. El túnel fue brutal, pero había que cerrar ciclos.
Pero te quedaste mucho tiempo... ¿el cierre fue más largo de lo esperado?
Originalmente me iba por dos años. Lo que pasa es que yo me iba a casar con un chileno y la idea era celebrar la boda allá y quedarnos un tiempo para recargar pilas. Pero al final el matrimonio se fue a la cresta y yo terminé yéndome sola, en parte por lo mismo. El cuento terminó siendo muy distinto y solo estando allá me di cuenta de que había fantasmas que desenterrar.
¿Fue muy difícil trabajar allá?
Fue complejo, sobre todo tratar de insertarse después de los treinta años. En Italia no existe la carrera profesional de actuación, el oficio se aprende y a esas alturas ya todos se conocen. Llegué a audicionar para un papel de extranjera, porque tampoco hablaba como italiana. Imagínate que mi primer papel fue de un travesti brasileño. También hice dos producciones independientes de cine en inglés. Casi nunca actué en italiano.
¿Siempre quisiste volver o en algún momento pensaste en quedarte?
Lo pensé por la familia, por mi sobrina, pero el choque de no reconocerme fue muy fuerte. Hasta mis papás, que obviamente sufren mucho por la distancia, cuando me vieron pasarlo tan mal, comprendieron el porqué de mi decisión: mi hogar, el lugar donde me hice actriz estaba al otro lado del mundo. Chile es el espejo en que me reconozco, ese donde reconozco una pertenencia. Y aunque los costos en términos familiares o de soledad sean altos, acá está mi hogar. La vuelta fue mágica. Recuerdo perfectamente que sentí que había salido del túnel cuando el avión pasó sobre la Cordillera de los Andes... (se le llenan los ojos de lágrimas).
¿Fue muy difícil retomar tu carrera?
No tanto. A la semana de haber llegado me hicieron una entrevista y a los pocos días me contrataron para una teleserie en canal 13, a la que lamentablemente le fue muy mal, pero las oportunidades llegaron. Lo que sí pasó en ese tiempo es que las realidades de las producciones nacionales cambiaron drásticamente. Hoy se vive otra cosa y reinsertarme en esa nueva dinámica costó un poco...
Pero no te ha faltado trabajo...
Plata sí, trabajo no... (se ríe). Me he sacado la cresta trabajando en cuatro montajes en paralelo por amor al arte... si los arriendos se pudieran pagar así sería millonaria.
¿Y las teleseries?
Hoy las teleseries funcionan con quince o veinte personajes como máximo. Pero hasta ahora me ha pasado que me llaman para entrar al medio de la historia, como pasó en Graduados... de esa forma he seguido estando vigente.
Pero el cine y el teatro si te tienen muy ocupada.
En el cine he hecho varias cosas muy buenas, como Iglú o la película que estamos haciendo ahora. Y en el teatro he tenido una experiencia maravillosa con Tenías que ser tú, con la que acabamos de terminar funciones en el Teatro La Comedia, con tanto éxito que ya aseguramos varias presentaciones y giras durante el verano.
Esa obra fue completamente gestionada por ti...
Sí, la vi por casualidad en Italia, totalmente en blanco, y quedé fascinada por la obra y realizarla se transformó en un sueño, pero que quedó guardado en el baúl por un rato largo. Esto fue el 2005.
El año pasado sintió que había llegado el momento. Consiguió los derechos, la tradujo y adaptó y comenzó a buscar a los que ella llama sus “cómplices”. Desde el momento en que vio la obra pensó en Julio Milostich para el papel masculino. “Nunca había trabajado con él, solo nos habíamos topado en algunas ocasiones y siempre lo aprecié desde la platea. Es un tremendo actor de
teatro y siempre quise subirme a escena con él. Lo llamé pensando que me iba a decir que no, pero le fascinó el proyecto y nos embalamos”.
Y la crítica los ha apoyado mucho...
La mayor satisfacción es subirse a escena con Milostich, pasar por todas las emociones en una hora y media y lograr diálogo con un público que disfruta y participa. La obra tiene vida propia, porque está inspirada en la vida real, la anécdota que se cuenta es la verdadera manera en que los autores se conocieron. Una comedia romántica gringa, un verdadero cuento de hadas.
Y de pasada te has transformado en protago- nista de varias películas...
A mí me gusta actuar y me encantan todos los lenguajes, pero el cine antes era más escaso. En los últimos años ha empezado a haber más cine de autor, Chile ha masificado las miradas y hoy está a la vanguardia. Ahora es un cine que sorprende con una película como Gloria, que hasta fueron a ver mis papás y quedaron fascinados. Acá está todo pasando, todo es nuevo... todo por hacer.
¿Nunca te has arrepentido de haber vuelto?
De haber vuelto nunca, de haberme ido sí.