Cristián Lindner (18) es un penquista que llegó a vivir a la capital del Maule, Talca, a los siete años debido a la separación de sus padres. En ese entonces, él mismo cuenta que era un niño gordito y enfermizo —aunque al verlo hoy eso pareciera difícil de creer— y fueron estas las motivaciones que tuvo su madre para inscribirlo en clases de natación, junto a los hijos de un vecino.
Desde un comienzo, la natación lo cautivó, pero el problema eran las competencias, pues no le gustaba tener rivales, luchar por un puesto y sentir esa gran presión. “De a poco le empecé a agarrar el gustito, cuando gané mi primera medalla, a los tres años de haber comenzado a practicar”.
¿Cuál crees que es tu mejor virtud?
La verdad es que no era muy bueno en este deporte, pero entrenaba todos los días y nunca descuidaba mis comidas... Así que creo que mi mejor talento es el gusto por la natación y la perseverancia.
¿Cuándo comenzaste a competir?
Empecé a competir casi obligado por mi mamá y mi primera medalla la logré en un campeonato en el Estadio Español de Linares. Después de eso me quedó gustando la cosa, aunque esa vez ni siquiera gané, salí tercero... Luego, mi primer nacional —de menores— lo gané a los once años.
DE AMOR Y DESAMOR
Después de realizar esas primeras incursiones en campeonatos, Cristián comenzó a competir con muchas ganas, participando en el nacional federado y otras instancias que se presentaban a lo largo del país y del continente. Lamentablemente, sus padres no podían acompañarlo siempre, por lo que desde muy temprana edad se vio obligado a ser muy responsable e independiente, para poder cumplir sus metas.
Entre sus logros se encuentran muchos primeros lugares y algunos récords nacionales e internacionales, de los que está muy orgulloso por el esfuerzo que ha realizado, siempre en compañía de su entrenador, Ricardo González, del Club Deportivo de la Universidad Católica del Maule (UCM).
Una de las incursiones que más lo marcó fue su participación en el Nacional Escolar de Natación, donde obtuvo el segundo lugar. Eso no le permitió clasificar para el sudamericano, pero sí le dio más impulso para perseverar.
¿Cómo fue el no obtener ese cupo el 2007?
Lo recuerdo muy bien, fue en Chillán y fue terrible, pues perdí por muy poco y contra un competidor dos años mayor. Ahí me di cuenta de que podría haber ido al sudamericano, así que eso me motivó y al año siguiente gané.
¿Qué significó eso?
Fue una gran experiencia. Fuimos a competir a Montevideo, Uruguay. Salí quinto en la competencia individual y en los relevos. Eso me motivó para ir al nacional de 2009, para lo que entrené mucho. Mi meta era clasificar al sudamericano juvenil y lo logré, desde entonces he ganado todos los nacionales.
¿Cómo fue ese sudamericano del 2009?
Con trece años, viajé a Mar del Plata, Argentina, donde obtuve la mejor marca del equipo, así que estaba súper contento. Eso significó grandes sacrificios, pues me tuve que ir cuatro meses solo a Santiago. Fue terrible. Además, me lesioné el hombro y, por lo mismo, no me fue muy bien en la competencia. Después de eso no pude nadar por nueve meses. Pese a ello, volví justo para el nacional escolar, y gané el cupo para el sudamericano de Ecuador.
AGUAS REVUELTAS
Entre sus competencias más importantes se encuentra la Copa del Pacífico, que marcó un antes y después en su vida, pues le fue excelente, ganó y marcó un récord, superando la marca de Maximiliano Schnettle, imponiendo la meta de veinticinco segundos con seis centésimas en cincuenta metros.
¿Cómo te sentiste con ese logro?
Me puso muy contento porque dejé la marca para el sudamericano siguiente. Estaba feliz porque era un campeonato de gran nivel y no me tenía mucha fe, ya que en las inscripciones quedé sexto o séptimo. Esa vez obtuve la única medalla del equipo.
¿Qué pasó después?
Estábamos en Cali y terminé la competencia con una taquicardia tremenda, que duró dos días. Colombia es un país complicado, y no pude ir al hospital, pues justo esa semana habían matado al Mono Jojoy, que era el jefe de las FARC, y el hotel se llenó de militares. La piscina se cerró para el público y nadie podía entrar ni salir.
¿Qué hiciste?
Ya de regreso en Chile, me revisó un cardiólogo del Centro de Alto Rendimiento (CAR), me atendió súper bien, pero dijo que posiblemente me tendría que operar, yo creo que no quiso preocuparme porque estaba solo, pero le di el teléfono de mis padres y los llamó, pues no podíamos tomar esto a la ligera. Se trataba de esa misma cardiopatía que tienen los jugadores que se desploman en la cancha...
Tuviste suerte de que no te pasara nada...
Sí, el tema es que nadie se da cuenta de que la tiene, la gente no se hace tantos chequeos. Fue bien complicado, más para mis papás. Tuvimos que ir a Santiago, hacer una serie de exámenes, buscar médicos y tuve que parar completamente los entrenamientos, por casi diez meses.
Cristián tuvo una recuperación muy rápida, debido a que su operación “fue por las piernas, con un sistema intravenoso”, lo que le permitió volver a cumplir sus compromisos deportivos casi de inmediato. Así participó en los Juegos Binacionales, en los que, sin entrenar y contra todos los pronósticos, ganó.
Todavía quedan seis años por pagar la operación, ya que no hubo aportes de las instituciones por las que compite, aunque sí tuvo el apoyo de su establecimiento educacional, el Colegio Andes, y de Carmen Mella, quien le ofreció ayuda desinteresadamente. En la actualidad, está siguiendo el proceso de selección universitaria, porque su sueño es estudiar medicina en la Universidad de Chile, y continuar con su pasión en el club deportivo de esa casa de estudios superiores.
Currículum tiene de sobra y aún continúa con sus entrenamientos, pese a que en este período no se encuentra compitiendo. Decidió estudiar una profesión porque se dio cuenta “de que si seguía sin financiamiento y sin mucho apoyo, me iba a quedar pobre y sin estudios. En esto nadie te apoya”. Si hubiese tenido apoyo externo —no solo el de su madre— hubiese seguido su carrera de nadador, es por eso que después de mucho analizarlo, su mente y cuerpo están concentrados en el ingreso a la universidad.
¿Entonces vas a complementar puntaje y deporte?
Es que para el ingreso te piden puntaje de PSU y currículum, tengo uno importante y la verdad es que me ayuda bastante.
¿Cuál es el plan?
Lo que me gustaría sería entrar a la universidad y ser parte del club deportivo de la Universidad de Chile e ir a todas las competencias que me propongan. El ambiente universitario es distinto, no lo conozco en persona, pero sé que es diferente y en ese club se vive mucho compañerismo, todos reman para el mismo lado.
¿Y cuáles son las proyecciones en un equipo de natación universitario?
Tienen torneos diferentes a los conocidos y quisiera ganarlos. Se viene el Mundial Universitario, que es en Corea, el 2015. Son ambiciones que tengo hoy estudiando cuarto medio, con dieciocho años. Quizás estando en la universidad va a cambiar mi percepción, pero son mis sueños y sería perfecto cumplirlos.
¿Qué sientes al mirar atrás?
Estoy contento con todo lo que he hecho. Hoy estoy concentrado en los estudios y voy a retomar la natación el próximo año, porque he cumplido casi todos mis sueños, y ahora se vienen los juegos Odesur en Chile.
¿Como campeón tienes derecho a ir?
Es complicado, porque la Federación ha elegido a muchos con el dedo, me atrevo a decirlo porque me pasó directamente, soy el campeón nacional vigente y no me llevaron al sudamericano y tampoco a los Odesur.
¿Por qué?
No lo sé. Me dijeron que era porque estaba con mis estudios, pero nunca lo esperé, nunca pensé que me iban a decir que era porque tenía otras prioridades, eso desmotiva. Creo que si uno es el campeón nacional y te ganaste el cupo, tienes que ir.
¿No hay forma de apelar?
No. Yo me retiré de la selección cuando ocurrió lo de los Odesur pasados. Pero esto me motiva aún más para entrar a la competencia universitaria.