Las imágenes de la Inmaculada, una de factura chilena, de rasgos suaves, pero de postura muy hierática, contrasta con la otra de menor tamaño, cuyo manto está lleno de movimiento, de estilo barroco. Esta es una de las mejores figuras de madera policromada de América, según el académico Fernando Guzmán, quien la atribuye a uno de los jesuitas bávaros traídos por esa orden religiosa propietaria de la hacienda de La Compañía, en el tercer tercio del siglo XVIII. El experto asocia al oficio de Kefner y/o Lanz, jesuitas que imprimen a sus esculturas gran movimiento y expresividad en las facciones, esta talla de la Inmaculada.
Resulta muy curioso el hecho que la imagen de factura chilena que se encontraba en lo alto del retablo, de manos y cara de madera policromada y manto de tela encolada, a pesar de la destrucción de este importante retablo que está en vías de restauración, sufriera daños menores.
Otra de las imágenes restauradas en exhibición es un crucifijo de gran tamaño, que correspondería a una talla quiteña de gran calidad, presumiblemente del siglo XVIII.
Estas imágenes restauradas por Crea Restauraciones y por el restaurador de este Museo Regional, Francisco Mora, pertenecen al Santuario de la Inmaculada de la Compañía construido por los jesuitas en 1758, propietarios en esa época de la gran hacienda de La Compañía, una de las más grandes de la zona central y de mayor producción del país en el siglo XVIII.
No debemos olvidar que la devoción a la Inmaculada en Chile, fiesta que se celebra el 8 de diciembre, es una de las que más fieles congrega a nivel nacional en el Santuario de Lo Vásquez. En nuestra región, el Santuario de La Compañía y la Inmaculada de Puquillay en Nancagua, son los más visitados.
La devoción a la Inmaculada, cuyo dogma fue declarado por el Papa Pío IX en 1854, pero que los franciscanos impulsaron desde muchos siglos antes, quienes trajeron pinturas y esculturas de la Virgen a Chile a partir del siglo XVII. Con la proclamación del dogma, la devoción se hace más masiva y Chile cambia el mes de María, que en la generalidad de los países de Europa y América se celebra en el mes de mayo, para noviembre, para que finalice con la fiesta de la Inmaculada. Este hecho nos demuestra la importancia y la fuerza de esta devoción en nuestra patria, que se constituye en un patrimonio inmaterial muy potente.