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EDICIÓN | Diciembre 2013

Homenaje a un grande

Ernesto Rodríguez, fundador Sporting Rugby Club
Homenaje a un grande

Profesor, filósofo, entrenador, compañero, amigo, son muchas las definiciones que han acompañado a Ernesto Rodríguez a lo largo de su vida. Un hombre quien a fines de noviembre fue homenajeado como el “cuervo fundador” de Sporting Rugby Club, una institución que cumplió cincuenta años en Viña del Mar, gracias a su particular visión. 

por María Inés Manzo C. fotografía Vernon Villanueva B.

A sus ochenta y tres años, Ernesto Rodríguez anda por la vida como si tuviera treinta y ocho, él mismo lo ha  dicho, pero lo más importante es que se nota. Tras él son miles las historias y las personas  que a marcado con  su especial personalidad que irradia en cada conversación. Doce de  cuerp alma, ha enseñado por s de cincuenta años filosofía, literatura o poea; y no dejará de hacerlo hasta que  salud  s lo  permita. De hecho, con tan solo veinticinco años, se convirtió en el rector más joven de Chile al fundar el Colegio Patmos de Viña del Mar.

Actualmente se encuentra en el Centro de Estudios Públicos, en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la Universidad Adolfo Ibáñez, en la Universidad Diego Portales y va a almorzar todas las semanas al Colegio Grange de Santiago con un grupo de alumnos en un programa de conversación. Pero en su historia hay mucho más que docencia, ya que a fines de noviembre Sporting Rugby Club cumplió cincuenta años de vida. Una fraternidad que él creó, en 1963, con un grupo de alumnos de la Universidad Católica d Valpars y que este año lo homenajeó como el cuervo fundador, el máximo honor de esta institución. Además, nombraron como Ernesto Rodríguez al Festival Infantil que se realiza cada año.

¿Alguna vez pensó que lo que usted fundó iba a crecer tanto?
No, nunca me lo imagiporque éramos un grupo muy pequeño de amigos. Alrededor de cincuenta personas, y hoy son muchos más. Pero este trabajo no fue por mí, sino de todos los que vinieron después, las nuevas generaciones. Estoy muy contento de todo lo que se ha logrado, es una maravilla.

¿Cómo nació la idea?
La verdad es que siempre me gustó el fútbol, pero un día pasando por un partido del Everton, vi un juego de rugby y dije ¡este es el deporte que me gusta! Antiguamente exisa un equipo de rugby de la Universidad Católica de Valparaíso, del que me hice cargo como entrenador, pero jugábamos en segunda división. Teco Díaz, gerente d Sporting, me dice ¿Y por qué no tratamos de jugar en primera?... y así fue. Nos juntamos a conversar y nació el club. Estuve s de veinticinco años al lado de las canchas. Estoy retirado hace tiempo, pero uno jas se olvida.

También logró construir el club house
Sí, pero por una pillería inocente que hice (ríe), porque aproveché  de  que  estab en la Universidad Católica y sabía que había unos fondos libres. Lla por teléfono a un arquitecto amigo y le dije: ármame una casita para el club house, pero antes de veinticuatro horas, antes de que me echen y la armó, pero después no me echaron, por el contrario, quedaron todos contentos. Ese es el centro de reunión hasta el día de hoy de “los cuervos”. Hasta hice clases en el club house. La verdad es que era mi casa, vivíamos ahí.

¿Sus amigos más queridos del rugby?
La verdad es que son demasiadas las personas que me marcaron, amigos de toda una vida que han seguido siéndolo hasta hoy. Si lo personifico en una persona, para no ponerlos a todos, menciono a Felipe Soruco que fue como un hijo para mí y somos muy compinches desde entonces.
 
¿Y su recuerdo más apreciado?
Son muchos, cada fin de semana nos pasaba algo (ríe). Pero sí, hubo un momento en que nuestro equipo era muy bueno y salimos segundos con los Hot Boys de Santiago. El partido lo peleamos punto a punto y terminó en empate. Mucha gente antigua del rugby me ha dicho que ha sido uno de los mejores partidos que se han jugado en Chile. En ese momento el capitán del equipo era el Gigi García, un tipo maravilloso que hasta hoy está ligado al club.
 
¿Cuáles son los principales valores del rugby?
Lo más importante es que la gente se divierte y se junta, enlazados por la amistad. Pero además, es un juego que tiene reglas y la primera de ellas es que somos todos uno. En el rugby el que se queda con la pelota muere. Así que es un juego donde hay una gran amistad, nadie puede quedarse solo, ni nadie puede tragarse la pelota. La verdad es que es un compañerismo muy grande. Un juego duro, en el cual hay muy poca mala intención, es muy raro.

 
DEL RUGBY A LAS AULAS
 
“Yo no enseño, voy a conversar. Cuando deje de conversar voy a dejar de estar en las clases... tengo treinta y ocho años, las malas lenguas dicen que tengo ochenta y tres, pero es al revés. Creo que tengo para rato. En mi vida lo he pasado muy bien y hasta que me den las pilas lo seguiré haciendo”.
 
¿Qué le gustó de la filosofía?
La filosofía no es más importante que otra disciplina, pero a mí me encanta. Toda persona que vive la vida, tiene su filosofía. Como especialidad es una locura, al igual que el rugby (ríe).
 
¿Cómo ha aplicado el rugby a la docencia?
Principalmente en el trabajo en equipo, eso sirve para toda la vida. Las bases de este deporte se pueden aplicar en todo lo que hagas después y eso lo he visto en mis alumnos. Con los años uno deja el rugby, pero la experiencia de haber jugado no se borra nunca. Algunos lo practican hasta que el cuerpo les deja, los más chiflados (ríe), pero si uno no se encanta por algo en la vida está liquidado.
 
Uno de los íconos de Sporting Rugby Club es el cuervo ¿Por qué esta ave?
Eso surgió porque teníamos camisetas negras, y tras darle mucha vuelta, pensé cuál era el ave de pecho negro más significativa. Entonces, a Pablo Prieto, un muy buen amigo, le dije que diseñara un cuervo con una pelota de rugby en sus patas, semejando una pelota en las manos. Y ese hasta hoy es el logo del club, un símbolo de nuestros queridos jugadores, “los cuervos”.
 
Patmos también tiene un ave, el águila...
Esa idea también fue mía, pero esa historia es más difícil de explicar, porque se basa en la poesía de un poeta alemán que fue muy importante para el colegio, Hölderlin, donde el águila tiene un sentido muy profundo.
 
¿Por qué dos aves?
(Ríe) Es una coincidencia que no había relacionado.
 
¿Qué lo marcó de Patmos?
Ese colegio era una fiesta, salieron alumnos muy buenos. Lo pasábamos muy bien, demostramos que podíamos tener un lugar feliz para los muchachos donde también podrían desarrollar sus conocimientos. Aunque hoy no tengo nada que ver, es de la familia de un amigo mío.

 
EL CUERVO FUNDADOR
 
Oriundo de Valparaíso, Ernesto Rodríguez pasó gran parte de su vida en la Región de Valparaíso. Se fue a los dieciocho años a vivir a Viña del Mar, formó su familia (hoy con cincuenta y siete años de casado; tiene tres hijos, ocho nietos y tres bisnietas) y vivió allí hasta los setenta años. “Los primeros años de mi vida los pasé en las canchas de rugby, a paciencia de mi mujer. Por historias de la vida me fui a Santiago, porque aparecieron oportunidades interesantes, y se abrió un nuevo ciclo en mi vida. Pero vengo muy seguido, estoy vinculado al Instituto de Arte de la Universidad Católica y participo en sus seminarios. Aunque ya no tengo casa en Viña me quedo siempre con mi nieta y mis hijos en Quebrada La Dormida”.
 
¿Por qué deja Viña del Mar?
Alrededor del año cincuenta, en Viña del Mar habían unas cuarenta mil personas y, con suerte, cien autos, pero hoy el número es gigantesco. Es otra ciudad en la que yo viví, lamentablemente no me queda nadie, porque se han muerto mis amigos o se han ido a Santiago. Por muchos años el lugar más importante de la ciudad fue el Samoiedo, donde siempre me tomaba mi cafecito, y ahora cerró. También la Calle Valparaíso dejó de ser lo que era, pero me quedo con los mejores recuerdos.
 
¿Está escribiendo sus memorias?
Estoy escribiendo unos apuntes, que a lo mejor me los publican. Las memorias son importantes para un hombre importante, yo solo soy amigo de mis amigos...
 
¿Y de qué de tratará?
La verdad es que tiene un título bien insolente, está relacionado a la vida, a mi vida, pero eso tampoco es muy bueno (ríe).
 
¿Sueños?
No creo en lo sueños, sino en los proyectos y deseos... los que realizo todos los días, mis clases, mis decisiones económicas, cómo distribuyo el tiempo, cómo me las arreglo con mis amigos.
 
¿Qué les diría a los más jóvenes?
Que tomen la vida, porque la vida es demasiado buena a pesar de todas sus desgracias. Hay que jugarla lo mejor posible y tratar de olvidarse de los malos momentos. Si uno no se renueva, uno se va resintiendo, la vida es sin cuentas. Cada día es de nuevo. 
 

“Yo no enseño, voy a conversar. Cuando deje de conversar voy a dejar de estar en las clases... tengo treinta y ocho años, las malas lenguas dicen que tengo ochenta y tres, pero es al revés. Creo que tengo para rato. En mi vida lo he pasado muy bien y hasta que me den las pilas lo seguiré haciendo”.

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