Corría el verano del 2003 y José Ignacio Mena Campbell llevaba pocos meses entrenando con el primer equipo de Everton. Para su sorpresa, fue nominado para integrar el plantel en el marco de la “Noche Oro y Cielo”, instancia donde el cuadro ruletero enfrentaba a estadio lleno a Colo Colo. Su asombro fue todavía mayor cuando a diez minutos para el final del partido, el técnico Hernán Ibarra lo mandó a la cancha, cumpliendo así el sueño de jugar en el club de sus amores.
¿Cómo recuerdas aquella jornada?
El día entero fue rico, con un poco de nervio y ansiedad en el hotel. Cuando llegué a Sausalito y lo vi repleto, las ganas de jugar fueron tremendas, aunque fue una noche buena y mala. Estaba feliz por haber debutado, pero también tenía algo negativo porque yo no me propuse más cosas. No quería ser futbolista profesional, nunca me interesó y ese fue mi problema más grave. Llegué a casa después del partido y sentía ese sabor agridulce.
¿Y después de eso tomaste la decisión de colgar los botines?
Pocos días después del debut, me fracturé un cartílago en un entrenamiento. Eso me dejó fuera como dos meses (tenía contrato por dos años). Entonces seguía compatibilizando el fútbol con los estudios, ya había dado la PAA de nuevo y estaba matriculado en psicología. Cuando me recuperé de la lesión, llevaba un mes en la carrera, donde me había ido bien y me gustaba. En Everton cambiaron de entrenador, llegó el ‘Lulo’ Socias y me llamaron para reintegrarme, pero preferí no ir y así fue mi retiro.
¿Cómo tomaste tu salida de Everton y el adiós al fútbol profesional?
Nunca quedé con una espina clavada por no haber debutado en Primera, ya que no me interesaba. De repente tengo dudas sobre qué habría sentido, pero no es una frustración. A mí lo que me motivaba era mejorar, aprender, compartir con gente con otros intereses y estilos de vida. Ser profesional es lo más duro que hay en el deporte. Cómo te van a pagar si al final es un juego. Me costaba mucho esa dicotomía.
PSICOLOGÍA DEL DEPORTE
Tras cerrar el capítulo de Everton, José Mena se enfocó en su etapa universitaria en la PUCV, donde siguió compatibilizando sus estudios con el deporte. Allí se encontró con un buen grupo dentro de la selección de fútbol, un equipo con el que compartió por más de seis años, ganando campeonatos nacionales y participando en dos sudamericanos universitarios en Brasil. En lo relativo a su formación académica, hasta quinto año pensaba dedicarse a la psicología organizacional, pero llegó a un punto de inflexión que lo hizo cambiar de parecer.
¿Cómo se produjo ese quiebre?
Conocí a la psicóloga de Colo Colo, quien me ofreció la oportunidad de hacer algo en conjunto. Yo estaba recién egresado y presenté un proyecto para hacer mi práctica profesional en el área de psicología del deporte. Fue así como convergieron todos mis intereses, mi trayectoria como deportista y lo que había estudiado.
¿Y cómo fue esa experiencia como psicólogo de Colo Colo?
Tuve la oportunidad de estar unos diez meses trabajando en la Casa Alba, que es donde se preparan y viven los jugadores de regiones o los que tienen una situación de riesgo social en Santiago.
¿Conociste a alguno que hoy en día sea un crack?
Trabajé con varios futbolistas que hoy están en el primer equipo de Colo Colo. Me tocó compartir mucho con Bryan Rabello, quien actualmente está en Sevilla, España. Todos sabían que iba a ser una figura y era cuidado entre algodones. También había otros que no eran tan reconocidos como Claudio Baeza, Álvaro Salazar y Francisco Lara. Te aviso altiro quién será la estrella que viene: Kevin Orrián.
¿Y existe campo en Chile para poder desarrollar la psicología deportiva?
Yo soy un convencido de que uno no tiene que esperar que se abra el campo, sino que uno debe hacerlo. Y así lo he realizado con todas las cosas en mi vida. Para hacer eso me preparé y estudié. El psicólogo hace una cosa que se llama entrenamiento mental, al igual que en la parte táctica, técnica y física. Los grandes deportistas del mundo ya lo saben, es cosa de escuchar declaraciones de Roger Federer o Rafael Nadal. La cabeza marca la diferencia en los momentos fundamentales.
BALOMPIÉ DE ARENA
El fútbol siguió ligado en forma permanente a la vida de José Mena, pero todavía faltaba más. En el verano del 2008, tuvo la posibilidad de integrar el equipo de Everton en el primer campeonato nacional de fútbol playa, donde perdieron la final en Viña del Mar. Si bien fue uno de los goleadores y marcó diferencias, en ese entonces no fue considerado por Miguel Ángel Gamboa, técnico de la selección chilena de la especialidad. No obstante, todo cambió cuando en un amistoso ante la “Roja” playera, se lució como un artillero implacable y el DT se vio obligado a nominarlo, integrando un plantel junto a jugadores como Esteban Valencia y Jorge Torres.
¿En qué consiste el fútbol playa?
Es un deporte tremendamente atractivo porque se juega a atacar y hacer goles. Las reglas están hechas justamente en función de eso. La cancha es muy grande para los cinco jugadores por cada lado, donde la arena te juega buenas y malas pasadas debido a que da el bote para donde quiere. Y la pelota es especial para anotar porque es liviana, pero tampoco un globo.
¿Cómo les ha ido en los campeonatos que han competido?
Con la selección jugamos sudamericanos en Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro. Además, disputamos amistosos en varias partes con equipos como Paraguay, México y grandes potencias, obteniendo resultados parejos. El problema es que hasta ahora no hemos clasificado a un mundial. Eso nos ha pesado mucho.
¿Todavía no consiguen algún título?
Lo que ganamos fue la Copa Latina de 2010, donde jugó la selección top de Brasil y celebraban cien duelos invictos, también compitieron Argentina y Uruguay. Los vencimos en su casa y salimos en las noticias a nivel mundial, ya que fuimos el primer equipo que le ganaba allá después de muchos años.
¿Cómo llegaste a jugar dos mundiales de clubes?
Después de hacerle buenos partidos a Brasil, marcándole varios goles y destacando, me empecé a hacer conocido. Fue así como me llamaron del Santos y jugué el primer mundialito en 2011. Pese a que no pasamos la fase grupal, tuve buenas actuaciones individuales y eso significó que al año siguiente me llamaran de Flamengo. Ahí me tocó competir por un puesto con Benjamin, el mejor del mundo y capitán de Brasil. Cada vez que le peleé una plaza lo hice de igual a igual y rendí. Sin embargo, perdimos la final contra Lokomotiv de Moscú, que es la base de los actuales campeones del mundo a nivel de selecciones.
¿Cómo está el fútbol playa a nivel país?
Es necesario desarrollar el deporte con sus reglas y dimensiones. Chile se caracteriza por tener kilómetros de arena, por lo que hay que ser especialistas y llegar a ser los campeones del mundo. Actualmente, entrenas en enero y febrero, compites a principios de marzo y si no clasificaste al mundial significa mucho tiempo sin hacer nada. El fútbol en la arena se puede jugar todo el año, no solo en verano, y ese es el cambio que yo quiero provocar. Otro desafío es formar jugadores de fútbol playa y que ojalá hayan jugado desde muy chicos, como me pasa a mí, que lo vengo haciendo desde los trece años.
ARREBOL FÚTBOL CLUB
Trabajador y estudioso incansable, hace poco egresó como entrenador del Instituto Nacional del Fútbol (INAF), y también terminó un Magíster Internacional en Psicología de la Actividad Física y el Deporte. Actualmente, se encuentra preparando un diplomado que se llevará a cabo en la región y divide su tiempo haciendo clases en la PUCV y como entrenador de hockey del club del colegio Saint Margaret’s, donde ya lleva seis años “enamorado” de su equipo, en una disciplina que también practicó desde muy pequeño.
Junto con ello, se desempeña como psicólogo asesorando y capacitando instituciones deportivas y a técnicos, además de poseer una consulta privada dedicada exclusivamente a preparar exponentes de distintas especialidades. Pero eso no es todo. Ahora tiene en mente un desafío que le quita el sueño día a día: formar el primer club deportivo de fútbol playa.
¿Cómo surgió esta iniciativa?
Tengo un socio que entiende el deporte al igual que yo. Nos juntábamos en Reñaca o en Viña y veíamos la cantidad de litoral que tenemos. Siempre nos preguntábamos por qué no existe la cultura deportiva que hay en Río de Janeiro o en grandes ciudades de Europa. Creemos que tenemos una responsabilidad de aportar un granito de arena hacia un cambio cultural.
Esta ciudad no tiene nada que envidiarle a otras urbes.
¿En qué consiste el proyecto?
La idea con Arrebol FC es ser un club de fútbol playa móvil, que viaje por las playas de la región mostrando que se puede hacer deporte, que es posible practicar la actividad durante todo el año. En una segunda etapa queremos hacer balompié escolar, femenino, universitario y también llegar a empresas de la zona, siempre en la arena y con preparación física incluida. Además, uno de sus objetivos principales es formar jugadores de arena y que sean aportes para la selección nacional.
¿Qué hace falta para poder llevar a cabo ese proyecto?
Es muy fácil pensar en las dificultades y estar en un sillón tirado en la casa y decir que no hay cómo hacerlo. Levantarse y salir a la playa a hacer cosas es una opción real. Tenemos que ver cómo lo compatibilizamos para que las instituciones nos puedan dar un empujón. Hemos tenido reuniones con autoridades y estamos buscando por todos lados la manera de concretarlo. Para el verano tenemos un par de proyectos que se vienen con todo y la idea es aprovechar que el 2014 será un año de mundial, en Brasil, donde se inició el fútbol playa.
De fondo, el incesante romper de las olas en Reñaca nos recuerda que el partido debe continuar. Y bien vale la pena jugarlo.