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EDICIÓN | Diciembre 2013

Caleta Tortel

Tradición Dual
Caleta Tortel
“¿Qué es Caleta Tortel para ustedes?... “Tierra, cielo, árboles, cerros, un sol”. Patitos, gaviotas, cazadores. (Camilo) “Chanchitos, mi casa, playa y plaza” (Josefina)... Niños de Tortel... entre 6 y 13 años (Feb.2001)”
Del Libro: CALETA TORTEL,
Tradición de Habitar los Archipiélagos Australes,
María Paz Hargreaves M., 2005

Texto y fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )

En la zona de la Patagonia chilena, entra campo de hielo norte y sur, donde surcan la geografía los fiordos y estuarios, rodeado de archipiélagos y en lo inmediato de la desembocadura del río Baker, se ubica Caleta Tortel, un poblado único en su tipo. Estamos en una zona intermedia de varias realidades de ecosistemas y modalidades de asentamiento humano, para lo cual la cultura más local se ha apropiado de la experiencia de ambos mundos.
 
Esta zona (declarada típica y aún con aires de colonización en proceso), es la herencia de dos tradiciones de la zona: la de la isla de Chiloé con el uso de la madera en torno al mar y sus inclemencias, y la de los ganaderos con su decisión anclada al suelo. Por lo tanto, Tortel y su gente, navegan por esa ambivalencia. Es un equilibrio de destaque de cada una de las dos realidades, y no una mezcla. Es el otro equilibrio, ese que acá, en la urbe, no solemos comprender pero que nos maravilla y enamora.
 
Es inevitable asociar Tortel a las pasarelas, que es lo construido por el hombre, pero sobrepasa lo anterior, la maravilla del entorno natural. Es por lo mismo que lo construido por el hombre suele evidenciar lo existente. Se surca por las aguas, en el encuentro de lo salado con lo “dulce”, y se redibujan las riberas con pasarelas y muelles, que cuando se ensanchan se convierten en plazas. Es casi imposible que la gente no sucumba al encuentro, porque algunos circuitos son únicos, por donde hay que pasar por ellos, sí o sí.
 
No es que las calles (o caminos vehiculares) se reemplacen por senderos, sino que simplemente se acaban en la periferia y van a dar cuenta de otra lógica. Lo que en algún momento es muelle, deja de serlo porque ya no se sumerge en el agua, sino que profundiza en medio de la vegetación (árboles vivos y muertos, arbustos y turba) para acceder a las viviendas y construcciones que se anclan en las laderas.
 
Es entonces cuando el léxico de las circulaciones se enriquece: sendas de barro, envaralado (con o sin pasamanos o barandas), pasarelas (terrestres o de mar), muelles; y todo lo anteriores en sus múltiples combinaciones: senderos escalonados o planos, angostos como caminos o anchos para generar explanadas artificiales, zigzagueantes o rectos. Y en forma paralela están los surcos naturales de agua, por los cuales el habitante complementa el tránsito de objetos y personas.
Un enclave de este tipo, puede parecer frágil a nuestros ojos, y con la necesidad de superar barreras de comunicación, lo cual es cierto y real, sin embargo, la esperanza de mejorar no significa un deseo de desarrollo por sí mismo, sino que un complemento de lo ya ganado, y en ello radica el respeto al lugar, a la naturaleza y por ende cualquier asentamiento privilegia dicho origen.
No basta con ver las fotos, o suponer que esta zona es el opuesto de nuestras ciudades, hay que embeberse del lugar, ir a conocer, y limpiar no sólo los pulmones, sino que también la mente, porque tomando decisiones detrás de un escritorio no somos más que caballos con anteojeras conducidos a la perdición.
 
Vaya a vivir la Patagonia de hoy (sin represas), Viva Tortel y Viva su gente de mar y de tierra, y vuelva con la perspectiva real del lugar.
 

“En el año 1955 se instaló en el sector de la actual capitanía de Puerto Baker, el primer Puesto de Vigías y Señales de la Armada de Chile, gracias a la gestión de colonos de la época, dando así por fundada a Caleta Tortel. Antes de esa fecha, sus fiordos y canales eran surcados por canoas de Kawashkar cosechando los productos del mar y forjando su apasionante historia, que a pesar del tiempo, aún recordamos. Los hielos de ventisqueros y glaciares eran de origen más reciente, así como la flora y fauna que los circunda, y ocupaban terrenos que hoy vemos como roca, quedando en ella las huellas de su constante retroceso, producto de los cambios climáticos del planeta. (...) Un hombre en el norte de Chile, ya era conocido como el “primer corsario chileno”, ya que con las goletas de su propiedad, (...) logró rechazar en el año 1813, el ataque del Virrey del Perú que buscaba invadir Valparaíso. Su nombre era el francés Juan José Tortel, con cuyo apellido se bautizó en su honor esta Caleta, (...). En 1898 el geógrafo Hans Steffen realiza las primeras exploraciones del área. Posteriormente entre 1904 y 1908 la Sociedad Exploradora del Baker establece infraestructura en el sector denominado Bajo Pisagua (...) En dicho marco histórico, los colonos pioneros fueron estableciéndose en todo el territorio de las cuencas del río Baker, Bravo y Pascua, del lago Vargas y de los ventisqueros Montt y Steffen, y a lo largo de algunas islas en los fiordos.(...)” (Extracto de una infografía de Caleta Tortel).

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