Durante noviembre, Valparaíso no se veía desde ninguna parte. Generalmente desde mi ventana veo las dunas de Concón; a veces, la neblina me las tapa, veo el mar, veo abiertamente.
Pero los de al frente no nos veían, porque la basura nos había pasado el cuello. No es novedad que este Puerto esté medio sucio, pero les juro que algunos nos esforzamos en no meter la basura bajo la alfombra. Les juro que algunos separamos los desechos orgánicos, las botellas, los papeles y que intentamos reducir nuestra basura al mínimo. Entonces, tratando de educar y transmitir mis hábitos, no deja de llamarme la atención las costumbres de mis vecinos porteños. ¿A más basura ensuciemos más?
Durante noviembre se abrió oficialmente la temporada de cruceros. Barcos de lujo enorme llegaron a nuestras costas, pero los extranjeros no pudieron vernos porque la basura nos tapaba. Durante noviembre no solo estuvimos tapados de basura, nada funcionó; el SII atendió cuando quiso, la municipalidad funcionó cuando quiso, aunque los municipales que se dedican a pasar partes al parecer trabajaron igual. Respeto mucho los derechos de los trabajadores, pero no tengo claro qué tanto los trabajadores públicos nos respetan a nosotros. ¿Será que al fin de las negociaciones, muchos de los empleados públicos que están literalmente apernados en sus asientos y a su taza de té teñida serán más eficientes y agilizarán nuestros trámites? Porque todo es eso, un trámite. ¿Será que tendrán una mejor voluntad con nosotros, los contribuyentes? ¿O tendremos que realizar un paro en contra de todos ustedes, las instituciones públicas?
Durante noviembre, dejamos de existir, nuestro trabajo, nuestro tiempo, nuestros conocimientos, nuestra dignidad, nuestra paciencia, dejaron de valer, dejamos de valer porque estábamos muy sucios.
Durante noviembre hubo elecciones y cuando por fin algunos pensábamos que después de tanto revelarnos, de tanto presionar, íbamos a ver un cambio completo de dinosaurios, quedamos igual.
Durante noviembre, por fin, decretaron “emergencia sanitaria”, entonces hablando de emergencia, pienso que podríamos decretar una alerta generalizada, que nos permita poner en zona roja a todas esas personas que perjudican el funcionamiento y desarrollo de Valparaíso. Les juro que yo sí quiero, pero a estas alturas ¡no sé cómo!