Se dice que en un mundo globalizado, ya nada es sorprendente y todo está a la mano, en el instante. Reparo en esto porque salió hace poco en las noticias de moda internacional, que vieron a la princesa Letizia de España, de visita en una empresa americana, y a una ciudadana vestida prácticamente igual que ella. ¡Con el mismo vestido! ¡Guau!, eso sí que es un ataque para nosotras, directo a nuestra estima, que nos destruye y deja los pedacitos repartidos en el suelo.
Bien, recogeremos nuestros pedacitos y vamos a mirar el hecho con un prisma diferente y educativo. Cuando tengamos un evento, evitemos llevar estampados con diseños muy marcados, porque ocurre, sobre todo en nuestro país que es tan pequeño, que “la copia feliz del —no tan— edén”, se da muchísimo.
Lo segundo, y verdaderamente importante que me inspira en esta columna, es la actitud y nuestra intervención en ese momento. ¿Cómo?, dándole nuestro valor agregado. Si es una prenda de un solo color o bicolor, existen miles de accesorios que le entregan una impronta especial: zapatos, carteras, pañuelos, collares, chaquetas, pieles, medias, hay un tutti-cuanti, que está en nuestros roperos esperando para ser usado. Chicas de todas las edades: el vestido puede ser magnifico, pero tenemos que aprender a llevarlo, la actitud es todo y nuestro sello... el mejor. ¡Hasta la próxima!