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EDICIÓN | Diciembre 2013

China - Japón y las islas de la paz

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.d. Profesor en la Universidad De Chile Director China & India Intelligence Reports
China - Japón y las islas de la paz

Sun Tzu, o Sunzi (544 y 496 A.C.), militar y pensador chino, posible autor de El arte de la guerra, quizás nunca imaginó cómo sus ideas se extenderían no solo en toda China, sino que con el tiempo por todo el mundo.

Hoy es lectura obligada en toda academia militar, o de estudios económicos y en escuelas de negocios. Porque las ideas de Sun Tzu acerca de cómo triunfar con mínimo esfuerzo está
en la base de toda estrategia: Ganar sin sufrir pérdidas; dominar, sin siquiera disparar una flecha. Porque para Sun Tzu y para toda la tradición militar china, la guerra es una brutalidad. Agredir es propio de un perdedor. En cambio, la mejor defensa es la perfecta preparación; es ser rico, fuerte, prestigioso, querido y respetado. En China, Nicolás Maquiavelo no habría tenido mucho que decir.
¿Qué hay entonces detrás de las declaraciones de Beijing acerca de su soberanía sobre las islas Daioyu, o Senkaku, para Japón? Para China, la paz en la región es fundamental. China necesita que el Asia Oriental esté en orden y plena prosperidad. Las cifras hablan solas: el intercambio económico entre China y la ASEAN, al comenzar los noventa, era de US$ 7.000 millones. Hoy son casi US$ 500.000 millones. Es el intercambio más importante para China, y las cifras de inversiones no son menos. Para China, la estabilidad, la paz y el orden en la región son prioridad. Sun Tzu, dice: “Lograr el máximo respeto es mejor que pelear varias guerras”. Por eso las exhibiciones de fuerza antes de sentarse a conversar. China cederá, e invitará a ceder, aunque aclarará quién lleva la batuta en la orquesta regional. Beijing ha dicho que será muy firme en salvaguardar su soberanía, la seguridad y la integridad territorial; mas, también declara estar lista a resolver toda diferencia de intereses y derechos territoriales y marítimos. Sin embargo, es Japón quien no se muestra convencido del inevitable liderazgo chino. Para Tokio, ser tercera potencia económica habiendo sido la segunda, haber sido desplazada por China desde su anterior posición mundial ha despertado en los japoneses un orgullo nacionalista propio de otra época. Entonces, las islas son todo un emblema de reconstrucción del optimismo y de una equivalente recuperación de la plena fuerza japonesa.
 
¿DIAOYU O SENKAKU?
China asegura que su único ánimo es la protección y garantía comercial. Su política marítima se enmarca en la tradición milenaria de custodia del libre tránsito, comercio y coexistencia pacífica para la prosperidad universal. Japón, que expandió su territorio en el siglo XIX, dice que, desde 1885, estableció soberanía sobre varios territorios insulares deshabitados. Concretamente, reclamó con esa fecha las islas Senkaku, como parte del territorio japonés. Por entonces, China no estaba en posición ni tenía interés de discutir la naturaleza de esos islotes que aún siguen estando deshabitados (jamás ha habido una población a quien preguntarle si se sienten chinos, o japoneses, o lo que sea). El reclamo de Japón es válido en cuanto a que las islas Diaoyu /Senkaku estaban ya reclamadas al momento de desatarse la Guerra Jiawu chino-japonesa (1894-1895), por tal razón las islas no fueron adquiridas por vía bélica ni hay sobre ellas tratado que obligue. La Guerra Jiawu fue causada por la interés sobre Corea, que tenía tanto el imperio chino como el japonés; el conflicto acaba tras la firma del tratado de Shimonoseki, por el cual China aceptó la cesión de Taiwán, las Islas Pescadores, y las de Liaodong al Imperio del Japón. El imperio chino, por entonces débil y sin fuerza, debió reparar ominosamente a Japón pagándole una fortuna, equivalente a cinco veces el ingreso anual de Japón. El Banco Ruso- Chino, fundado en 1895 en San Petersburgo con capital ruso y francés, prestó el dinero a China y emitió bonos del Estado para financiar el pago de la enorme indemnización. Tanto Francia, como Rusia, mantuvieron a modo de garantía y recompensa anticipada, varios territorios chinos que consolidaban sus posiciones de ultramar, sus negocios en Asia, y su prestigio imperial.
 
Pero el mundo ha dado muchas vueltas desde entonces. La tensión por la soberanía sobre el grupo de islas crea una indeseada situación de inestabilidad regional. Al resto del mundo no le interesa saber de quién son las islas, cuya valoración tiene más de viejas querellas que valor práctico (en la más grande no cabe siquiera un aeródromo). Incluso, habiendo de por medio derechos sobre amplias áreas pesqueras, cosa importante para Japón, o de explotación de mantos petroleros, tema interesante para ambos. El asunto es un tira y afloja que revela heridas aún no cicatrizadas, acumuladas desde la ocupación japonesa; y en lo esencial, la porfía de Japón de no aceptar la primacía económica de China e injerencia en todo tipo de temas regionales, cosa a la larga inevitable.
 

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