Conoce usted algún caso de alguien con tres años de educación universitaria en una carrera que no pudo terminar? ¿Sabe si esos dos, tres o más años le sirven de algo a la hora de buscar trabajo? La triste respuesta, la mayoría de las veces, es un rotundo no. Hasta hoy, estudiar tres o cuatro semestres universitarios solo es útil para llenar ciertas solicitudes, porque en lo práctico, no sirve de nada. Da lo mismo si esa persona desertó de la educación superior por falta de recursos, enfermedad o razones de fuerza mayor, lo cierto es que hoy en día esa inversión en tiempo y dinero queda en nada. Bueno, al menos hasta ahora.
Una nueva alternativa aparece en el escenario de la educación superior. Son las carreras con salidas intermedias o con sistemas de créditos transferibles. En palabras simples, al ir cumpliendo ciertos hitos, los jóvenes estudiantes van “ganando terreno” en cuanto a certificaciones técnicas o ramos homologables y de esta forma, si se ven forzados a desertar, cuentan al menos con títulos técnicos y/o la posibilidad de que sus estudios sean reconocidos en otras universidades, sirvan como base para conseguir maestrías y hasta les ayuden a convalidar estudios en el extranjero.
Harvard partió con este formato de créditos en 1886, las cuatro mil universidades europeas lo usan desde el año noventa y nueve, Australia y China también optaron por este modelo. Latinoamérica está completamente rezagada y Chile quiere ser quien lidere el proceso en la región.
Juan José Ugarte, quien fue jefe de Educación Superior del ministro Harold Beyer, señaló a La Segunda, durante 2012: “En el edificio de la nueva arquitectura curricular que queremos construir, los créditos transferibles son los ladrillos, que se reconocen como aprendizajes que pueden llevarse a otros programas de estudios donde son reconocidos como tal”.
Por otro lado, las salidas intermedias son visualizadas por los expertos como el sustento de un concepto cada vez más amplio de la tarea de educar, lo que permite elevar la pertinencia y calidad de la educación, convirtiéndose, además, en una estrategia para lograr cada vez más y mejores especialistas.
LA REALIDAD LOCAL
La madre de todas las batallas en materia de educación, es lograr que las nuevas generaciones tengan más oportunidades para desarrollar sus talentos. En este sentido y al margen de la discusión sobre la gratuidad o no de las universidades, lo que es claro es que no sirven entidades que entreguen títulos a diestra y siniestra, sino más bien aquellas que se concentren en entregar competencias de egreso y permitir al alumno “especializarse uno o dos años más en un segundo ciclo, dar un paso al lado para obtener experiencia laboral, irse a otra institución o, incluso, salir a estudiar fuera del país”, como indica Ugarte.
La flexibilidad se consolida ante la implementación de nuevas políticas educativas, los avances científicos y tecnológicos, la economía globalizada y la perspectiva multicultural de la formación en las instituciones de educación superior. En Chile, las universidades públicas que integran el Consejo de Rectores están trabajando en la renovación curricular de sus carreras orientando el proceso de formación profesional y su modalidad organizativa hacia una mayor armonía con las demandas que se implican para el desarrollo futuro del país, enfocándose en que el estudiante sea el centro del proceso de enseñanza/aprendizaje y que, a partir de un perfil de egresado, se definan las competencias necesarias y los conocimientos básicos, generales e instrumentales para cumplir con los profesionales que el mercado requiere para sustentar el desarrollo de la comunidad en que se inserta.
En la macro zona norte, dos de sus universidades más prestigiosas están abordando este tema con el objetivo de brindar a los estudiantes y futuros estudiantes, las más amplias posibilidades de desarrollo intelectual. Lo interesante es comprender este modelo de educación superior, que busca carreras más eficientes, programas curriculares más modernos y personas más satisfechas y felices que puedan cumplir su vocación sin miedo de tener que abandonarla en el camino.
Claudia Valderrama Hidalgo Directora
Unidad De Gestión Académica Universidad De Antofagasta.
¿Qué opinan sobre el nuevo modelo de mallas flexibles y/o continuación de estudios en las carreras de pregrado?
La Universidad de Antofagasta se encuentra trabajando en la definición de un itinerario formativo que implica una formación por ciclos en el pregrado, que permita transitar por niveles técnicos, de licenciatura hasta la conexión con el postgrado.
¿Considera que esta flexibilidad puede beneficiar a los alumnos?
El sistema es de vital importancia para los estudiantes, puesto que con un sistema de reconocimiento de aprendizajes previos que permitan certificar el progreso de las competencias de los estudiantes y cumplimiento de los resultados de dichos aprendizajes, el estudiante puede transitar por los diversos ciclos retornando desde el medio laboral al sistema educativo y viceversa.
¿Contribuye este nuevo formato a que los futuros egresados tengan mayores posibilidades de desarrollo en el mundo laboral?
Sin dudas, puesto que lo que se valora en la actualidad en la universidad es el resultado del aprendizaje y la demostración de una competencia específica, no el dominio de un contenido, considerando que los perfiles de egreso están sustentados en los requerimientos de las demandas del medio y los dominios fundamentales de la formación profesional.
¿Será este un paso para carreras más cortas en el futuro?
Evidentemente, puesto que el itinerario formativo sustentado en ciclos y con una mayor preocupación y atención de las necesidades educativas de los estudiantes asegura un desempeño exitoso del estudiante en la institución y una disminución de su estadía en la universidad, si se considera que la graduación promedio para una carrera de diez semestres es 14.2
Rodrigo Alda Varas
Vicerrector Académico Universidad Católica Del Norte
¿Qué opina sobre el nuevo modelo de mallas flexibles y/o continuación de estudios en las carreras de pregrado?
En primer término, respecto de la flexibilidad de las mallas de pregrado, es un atributo que se espera sea característico de los diseños curriculares. Por lo tanto, se incorpora como uno de los principios rectores del proceso, puesto que imprime dinamismo y fluidez a los procesos, así como también posibilita una optimización de los tiempos de formación y, con ello, permite una reducción de indicadores de los tiempos efectivos de titulación. Una segunda lectura que puede tener la flexibilidad, es que el estudiante puede terminar un ciclo e ir al mercado laboral, volver a cursar un magíster —ya sea de tipo profesionalizante o en ciencias—, regresar al mercado y luego volver a realizar un programa doctoral.
Bajo esta perspectiva, en la actualidad se está trabajando bajo el paradigma del aprendizaje permanente (lifelong learning), lo cual nos impone como requerimiento el desarrollar esfuerzos para articular de manera fluida los ciclos formativos. En nuestro caso, ya tenemos experiencias exitosas de programas de pregrado articulados con la maestría, como son el caso de Ingeniería Comercial y el Magíster de Ciencia Regional, Licenciatura Física y el Magíster en Física, por mencionar algunos.
¿Considera que esta flexibilidad puede beneficiar a los alumnos?
La flexibilidad es un aspecto que tiene un impacto beneficioso para los estudiantes, puesto que puede, por un lado, acelerar su avance hacia la obtención de un grado académico y, por otro, recuperar el tiempo ante eventuales reprobaciones de asignaturas. Asimismo, esta flexibilidad supone una mayor autonomía y ser corresponsable del éxito del proceso formativo.
¿Contribuye este nuevo formato a que los futuros egresados tengan mayores posibilidades de desarrollo en el mundo laboral?
Este nuevo enfoque de articulación del pregrado con el postgrado posibilita mayores niveles de empleabilidad, en el entendido que el estudiante incorpora mayores competencias en el transcurso de su carrera, y en un esquema de formación flexible puede “entrar” y “salir” del sistema con un menor número de restricciones.
¿Será este un paso para carreras más cortas en el futuro?
Efectivamente, y en la actualidad ya hay proyectos concretos en ejecución para materializar el acortamiento de las carreras del área de Ingeniería de la UCN, donde las ingenierías civiles pasarán a tener una duración total de cinco años, es decir, 300 SCT (Sistema de Créditos Transferibles).