A Ana María le encanta cocinar. De hecho, toda su familia es especialista en las artes culinarias: su marido Alfredo y sus hijos Carolina, Alfredo y Diego son fanáticos de sorprenderse los unos a los otros con recetas de todo tipo. Dos de sus tres hijos son chefs profesionales de gran prestigio y con especializaciones en Chile y el extranjero.
Por eso para ella competir con platos salados no era fácil. Y se decidió por incursionar en la repostería. Por su profesión de nutricionista, tiene conocimiento técnico y por su naturaleza curiosa, no tiene miedo de probar cuanta receta pasa por sus manos.
“Leyendo y probando he logrado tener un sello personal. Quizá también influye que cuando he tenido la oportunidad de viajar a otras latitudes, me he preocupado de descubrir sabores nuevos, para después adaptarlos a mis recetas”, nos cuenta.
Durante un tiempo tuvo un salón de té, donde se esmeraba en entregar algo diferente, para que sus clientes se sorprendieran en cada visita. Hoy en día, son amigos y conocidos quienes se deleitan con tortas únicas y originales, además de los exclusivos brownies y blondies saborizados con limón, lúcuma y maracuyá, los postres perfectos para esta época de Navidad.
“La idea es que quien pruebe alguna de mis preparaciones, sienta el cariño con el que las hago. Lo más importante es que disfruten un momento realmente dulce”.
Carolina Flores
Innovación y experiencia
Hace casi veinticuatro años, Carolina se decidió a vender sus elogiados panes de pascua. Desde siempre le gustó la repostería y sin pensarlo mucho, junto a su hermana Elizabeth, dio el primer paso de lo que hoy es todo un emprendimiento familiar.
La receta original no es muy secreta, pero cada año Carolina integra detalles, innovaciones y mucho cariño para que sus panes sigan siendo considerados como “los más ricos” del mercado antofagastino.
“Todos los años mis amigos y conocidos me piden los panes de pascua. Para mí, más que un negocio, esto es un compromiso, porque los preparo con tanto amor, que saber que son disfrutados en familia, me motiva mucho”, nos dice Carolina.
Y esto de los pedidos no es broma, porque desde octubre que la cocina de Carolina se transforma en un pequeño centro de trabajo, donde reúne los mejores ingredientes del mercado, para lograr un sabor insuperable.
Hoy en día ya no prepara los panes con su hermana, pero a cambio, sus hijas, Carolina y Pamela, la ayudan en todo el proceso, que es totalmente artesanal. Y aunque muchas veces solo disfrutan de los deliciosos resultados de esta labor, “los hombres de la casa, mi hijo Rodrigo y mi marido Carlos, también se meten a la cocina a aportar en lo que puedan. Nuestra familia es muy unida y estamos siempre atentos a las necesidades que podemos tener unos u otros y por eso en la época en que tengo más trabajo, estamos todos juntos. Es nuestro emprendimiento familiar”.
Mariela Macchiavello
Pura herencia
“Si de tradiciones navideñas se trata, mi familia es una experta”, nos cuenta Mariela. Desde la abuela de origen italiano, en la familia Macchiavello Rendic nacen un sinnúmero de ritos que para ella son maravillosos, empezando por la mesa, la cual debe estar lista con veinticuatro horas de anticipación, intacta, a la espera que las visitas lleguen para admirarla.
La gastronomía ha formado parte de la personalidad de esta diseñadora, pues al cocinar aflora su parte más cariñosa. “He descubierto cómo, a través de un buen plato o un exquisito postre, puedo entregar amor y cariño. En especial me gusta la hora de degustar postres y, por eso, desde siempre preparo buffets con una gran variedad de cosas ricas”.
La emoción que esta mesa de postres provocaba a su familia y a los amigos, le dio la idea a Mariela de replicarla en diversos eventos y que ha resultado con gran éxito. “Probar de todo un poquito hace que a uno se le despierten los sentidos, por eso me gusta preparar postres de verdad, con una crema bien hecha, con mucho manjar y con un toque con frutas. Entre mis favoritos están el struddel y la torta de profiteroles, con ambos siempre me gano una gran sonrisa y un momento de alegría entre los invitados”.
Carla García
Trabajo en equipo
Nació en una familia de emprendedores y creció entre mesones y negocios varios. Por eso, para Carla ser independiente nunca fue un tema al que le tuviera miedo y menos aún cuando junto a su pareja, Rodrigo Serey, decidieron convertir esta habilidad culinaria en su forma de vida.
“Desde siempre la cocina fue una manera entretenida de auto sustentarme. Los fines de semana vendía empanadas o pasteles de choclo y eso me daba independencia. Con los años he ido capacitándome y aprendiendo cosas nuevas, siempre con el objetivo de sorprender a quienes son mis clientes más fieles”.
Y aunque están desde el 2010 con un negocio establecido, desde hace más de siete años descubrieron la magia de preparar cenas navideñas: pollos rellenos con cinco ingredientes a elección del cliente, pechuga de pavo con salsa de naranja o de arándanos, filetes rellenos. Todo lo que la imaginación dicte, Carla se esmera en cumplirlo.
“Cada plato se elabora de acuerdo con lo que nuestros clientes quieren y según las tradiciones de cada familia. Hay algunos muy conservadores y otros más innovadores. A todos buscamos cómo complacerlos para que su cena de Navidad sea un momento lindo, donde solo se preocupen de disfrutar”, dice Carla.
Por eso las cenas, incluso, pueden entregarse en las fuentes o bandejas de los propios clientes, montadas con sus acompañamientos que van desde ensaladas hasta papas al horno gratinadas. “Logramos que las familias se relajen con un tema que para muchos es complicado. Queremos ser una solución y seguir creciendo, para cumplir nuestro sueño de tener un restaurante. Esperamos cumplirlo muy pronto”.