Philip Johnson, Luis Barragán, James Stirling, Kevin Roche, Ieoh Ming Pei, Richard Meier, Hans Hollein, Gottfried Bohm, Kenz? Tange, Gordon Bunshaft, Oscar Niemeyer, Frank Gehry, Aldo Rossi, Robert Venturi, Álvaro Siza, Fumihiko Maki, Christian de Portzamparc, Tadao Ando, Rafael Moneo, Sverre Fehn, Renzo Piano, Norman Foster, Rem Koolhaas, Herzog & de Meuron, Glenn Murcutt, Jørn Utzon, Zaha Hadid, Thom Mayne, Paulo Mendes da Rocha, Richard Rogers, Jean Nouvel, Peter Zumthor, Kazuyo Sejima Ryue Nishizawa y Eduardo Souto de Moura.
José Pedro Vicente, Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago.
Si hay algo que requiere tiempo, sacrificio y profesionalismo es posicionar tu nombre como arquitecto competente en el mercado, respondiendo de esta manera, con una arquitectura de interés a los encargos que toquen la puerta de tu oficina. Ahora bien, entendiendo esto desde el otro lado del "mesón", si una empresa necesita hacer su edificio corporativo, no va a tomar el riesgo con algún desconocido. El gerente de turno y a cargo de la solicitud del proyecto, simplemente llama a quien esté en las grandes ligas, para así evitar posibles inconvenientes con algún arquitecto inexplorado, asegurando, de pasada, su puesto en la empresa.
El arquitecto de este mes, el holandés Rem Koolhaas, no solo posicionó fuertemente su nombre personal, sino además, lo hizo con el título de su oficina llamada Office for Metropolitan Architecture (OMA), con la cual desarrolla edificaciones de gran aporte a la disciplina. Luego, con dos "marcas" de fuerte renombre, arma estratégica y necesariamente un nuevo despacho al que llamó AMO, un tercer registro que opera más allá del ámbito constructivo, como los son los medios de comunicación, la política y la moda. Es decir, un ámbito de investigación que va profundizando y fortaleciendo el fundamento de sus propuestas. Y por qué no decirlo, una indagación permanente en la periferia de la disciplina que ayuda a extender y cuestionar los límites de esta misma.
Este modo de entender el oficio, se traduce en resultados como los que expresa uno de los proyectos más representativos de este arquitecto. Me refiero a la emblemática Casa de la Música en Oporto, Portugal, la que, dicho sea de paso, se ha transformado en el icono de esta ciudad. Quien pertenece a otra disciplina, entiende que esta edificación se aleja de las formas tradicionales, sin embargo, su propio autor sostiene que su arquitectura "es una respuesta real a las necesidades reales de la sociedad". Es así como la volumetría conseguida mediante una sumatoria de pliegues, atiende, responde y fortalece la responsabilidad que estos mismos tendrán en el espacio.
Todo esto, lejos está de concebir la forma por la forma, por el contrario, con ella busca enriquecer su propia habitabilidad. Por ejemplo, el cielo y el mar -interesantes bienes naturales y siempre bienvenidos- son integrados mediante ventanales direccionados. También con seis caras o fachadas en una manzana relativamente convencional, comienza a conseguir las vistas necesarias para incluir al entorno como una obra expuesta al interior. Dichos pliegues -que caracterizan la obra- se van repitiendo, además, en un trabajo de piso, reinventando con esto, el desenlace de diversas actividades públicas a su alrededor.
Finalmente, este ganador del premio Pritzker en el año dos mil, genera una gran contradicción visual: Un edificio de gran presencia física con una volumetría foránea al área donde se emplaza, siendo esto, no solo una respuesta a lo que las personas de hoy y del lugar necesitan, sino también, pone en valor y reactiva el lugar donde se le ha asignado su construcción.