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EDICIÓN | Noviembre 2013

La marca del abandono

Deserción en las carreras universitarias
La marca del abandono

El aumento de alumnos matriculados en las universidades de nuestro país ha tenido un crecimiento notable en las últimas décadas. Paralelo a esto, surge otro fenómeno: un alto porcentaje de ellos no finaliza el programa. Las razones se deben a múltiples factores, mientras que los costos económicos son asumidos, pero con un sabor amargo.

Por Verónica Ramos B.

Entrar, mantenerse, egresar y titularse, son las etapas propias en un programa de pregrado; sin embargo, un alto porcentaje de estudiantes matriculados en universidades, CFT e institutos profesionales de nuestro país, no concluye, deserta o abandona la carrera.
 
La deserción está dentro de las probabilidades habituales. No es un fenómeno aislado, pero, sin duda, no es bien procesado por el alumno, por su familia, por el entorno y por el sistema. La negación, la frustración, la vergüenza y el arrepentimiento afloran en quienes han pasado por esto, incluso en más de una ocasión. Es el caso de este joven, que después de estudiar un año auditoría en Valparaíso; dos años de ingeniería en la USACH y un año de derecho nuevamente en Valparaíso, encontró su camino después de cuatro años, indicando como primera razón, la desorientación vocacional.
 
“Tenía que estudiar algo que me permitiera trabajar pronto y que fuera rentable, así que estudié ingeniería en informática y fui uno de los mejores del curso”, comenta, aclarando que prefiere no identificarse, pues esto no lo enorgullece y cree no ser un buen ejemplo, para su hija de trece años.
La crisis vocacional, los problemas económicos y el bajo rendimiento académico son los principales motivos por los cuales los estudiantes abandonan una carrera, según afirma la psicóloga María José Muñoz. “Muchas veces, los alumnos no se informan adecuadamente de las posibilidades de créditos, beneficios o becas que se ofrecen al estudiante universitario. En cuanto a orientación vocacional, en ocasiones, eligen una carrera de acuerdo con la fantasía social que proyecta esa futura profesión, sin evaluar previamente y en conciencia los requerimientos cognitivos, dedicación temporal, sacrificios y/o frustraciones que conlleva la formación profesional de la carrera elegida. Así también, existe un grupo importante de alumnos que ingresan a las carreras que “pueden” y no a las que quieren, generando, a la larga, desmotivación, frustración y, finalmente, deserción”.
 
Respecto a la deserción por bajo rendimiento académico, señala que “los alumnos no se encuentran preparados para la transición de la etapa escolar a la vida universitaria, con todo lo que esto significa, es decir, tolerancia a la frustración, disciplina, perseverancia, sistematicidad en los estudios, desarrollo del pensamiento crítico, entre otros. Esto sumado a los múltiples distractores con los cuales se enfrentan en la vida universitaria, que si no se sabe compatibilizar, desvirtúa el propósito original del estudiante, causando bajo rendimiento, desmotivación y abandono”.

 
SER O NO SER
 
Un informe elaborado por el Centro de Estudios del MINEDUC, indica que de ciento sesenta y cinco mil estudiantes matriculados en el nivel de pregrado —en los años ochenta— la cifra aumentó considerablemente a un millón, en el 2012.
 
Veamos la otra cara de la moneda. El Consejo Nacional de Educación, a través de su Comisión de Financiamiento Estudiantil, señala, en un informe del 2010, que “cerca del cincuenta por ciento de quienes se matriculan en la universidad y centros de formación técnica no concluyen el programa, mientras que en los institutos profesionales, esta cifra llega al sesenta por ciento”.
 
En rigor, las causas o razones de la deserción —voluntarias e involuntarias— deben ser analizadas desde la perspectiva social, sicológica, económica y organizacional.
 
En torno al paradigma local, una de las carreras con mayor porcentaje de deserción es ingeniería. “En general, esto obedece a que un porcentaje importante de los alumnos de ingeniería debe trabajar para subsistir, porque el ingreso familiar es muy bajo. También influye, en algunos casos, la inducción de los padres en el sentido que su hijo debe estudiar una carrera que sea bien remunerada, sin importar si el joven tiene o no vocación por la carrera. Por otra parte, está la madurez que trae el alumno para ir formando su proyecto de vida, viviendo en algunas ocasiones lejos del seno familiar; la responsabilidad que significa estudiar una carrera muy demandante en término de horas de estudios por día y, en algunos casos, con programas sobrecargados”, destaca el decano de la Facultad de Ingeniería de ULS, Alberto Cortés.

 
VÍAS DE ACCIÓN
 
Con el objetivo de mitigar esta problemática, las universidades han implementado una serie de acciones al respecto, entre ellas, test de medición de habilidades académicas, inducción a la vida universitaria, talleres de estrategia de estudio, tutorías, creación de centros de apoyo al aprendizaje, mejoras en infraestructura, entre otros.
 
El economista y académico Mauricio Gallardo, es enfático en señalar: “para disminuir la deserción universitaria, lo primero que debemos hacer es fortalecer el sistema de educación básica y media en los colegios municipales y subvencionados. En segundo lugar, es necesario fortalecer la educación terciaria, no universitaria, y realizar esfuerzos de orientación vocacional para brindar a los jóvenes otras alternativas de ascenso social distintas a la universidad. Una carrera técnica, por ejemplo, puede ser mejor opción para muchos”.
 
¿La retención de los estudiantes de educación superior depende también de un sistema de financiamiento estudiantil más eficiente?
A mi juicio, sí. El problema es que el financiamiento adecuado no solo debería comprender el pago de matrícula, sino también el costo de manutención del estudiante, tal como sucede, por ejemplo, con los créditos blandos y con las becas que se brindan a los estudiantes universitarios en Australia y Nueva Zelanda.

 
ROL DE PADRES
 
Son muchos los casos de jóvenes que eligen una carrera universitaria, impulsados por sus padres. La sicóloga de la Universidad Central, María José Muñoz, recalca al respecto: “los padres tienen un rol fundamental en ir observando y descubriendo las capacidades y habilidades de sus hijos, incluso desde muy temprana edad. Acompañar en la orientación vocacional, evaluando las posibilidades y dificultades con la que el estudiante se puede encontrar en el camino y facilitar o motivar a realizar intercambios de experiencias con otros estudiantes o profesionales del área de interés, para así tomar una decisión más acorde a las expectativas y talentos de sus hijos”.
 
El decano de ULS, Alberto Cortés, agrega: “no existe ningún motivo que supere la decisión de los jóvenes de estudiar la carrera que deseen, aun cuando la decisión tomada no sea del agrado de sus padres”.
 
Lo que sí está claro para los especialistas es que la garantía para tener éxito académico en la vida universitaria consiste en tener hábitos de estudio y métodos para analizar el contenido y competencias de cada asignatura, practicar permanentemente la lectura bibliográfica, asistir a clases, utilizar al máximo los recursos de biblioteca y practicar el análisis y la síntesis como forma de pensamiento.

 

 
“Los alumnos no se encuentran preparados para la transición de la etapa escolar a la vida universitaria, con todo lo que esto significa, es decir, tolerancia a la frustración, disciplina, perseverancia, sistematicidad en los estudios, desarrollo del pensamiento crítico, entre otros", María José Muñoz, psicóloga.

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