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EDICIÓN | Noviembre 2013

Puerto a escala

Daniel Jara, modelista naval
Puerto a escala
Modelista naval, historiador urbano y pintor de San Vicente, Daniel Jara, ha reconstruido con gran pasión el patrimonio de este ex balneario. Sus modelos a escala de embarcaciones que otrora han navegado por sus costas residen hoy en su casa. Una colección con más de cien piezas que espera mostrar en un futuro museo naval. 

por Xuksa Kramcsak M. / fotografía Sonja San Martín D.

La inspiración de este artista nace de su conexión con el mar y la pesca artesanal, oficio que realizaba su familia. Mientras acompañaba diariamente a su padre pescador y buzo de escafandra, descubrió la satisfacción que le brindaba el océano y despertó en él la curiosidad por conocer los secretos de quienes surcaban sus aguas. Y como un simple juego, el modelismo naval se convirtió en su pasión.
 
Daniel Jara creció en la calle Brasil, cuando la Bahía de San Vicente era un balneario popular sin industrias pesqueras. Con la ilusión de navegar, sacaba a escondidas las herramientas a su padre y construía botes con vela para jugar con sus amigos en alguna que otra aventura, pasatiempo que logró perfeccionar cuando entendió que podría obtener alguna remuneración por ellas en los
bares más conocidos del puerto.
 
¿Cómo comienza este interés por retratar la realidad?
Cuando acompañaba a mi padre a tirar la red por diversas caletas de la zona, aprovechaba esos momentos para observar detalladamente todo lo que allí acontecía, fue así como comencé a recopilar la cultura de los alrededores de San Vicente, y de esa forma lo fui traspasando al modelismo.
 
 
FORMA DE VIDA
 
Cuando su padre falleció, Daniel tuvo que dejar el colegio y dedicarse tiempo completo a pintar los nombres de los botes de diversas caletas. Además de construir embarcaciones a escala, que ya eran cotizadas por marinos y soldados. De esa forma, perfeccionó su arte y confeccionó diversas embarcaciones, entre ellas, barcos griegos, vikingos, fenicios, españoles, británicos, las carabelas de Colón, el vapor de Mississippi, un galeón español, la Esmeralda, el Huáscar, embarcaciones tipo ballenera, yates, submarinos, botes choreros para buzo escafandra y lanchas sardineras.
 
¿Cuál es tu mejor obra?
Mi trabajo principal es el San Miguel, un galeón de guerra español que según cuanta la historia, navegó frente a las costas de San Vicente.
 
¿Cuál es tu expresión artística favorita?
El modelismo, pues me considero un historiador urbano. Durante toda mi vida investigué y entrevisté a personas interesantes de la historia de San Vicente, que retraté en pequeñas piezas, ya sea en embarcaciones, tableros, y representaciones de personajes populares e importantes del puerto. Creo que de esta forma, se reconstruye la historia y se valida la vida del pescador. Cuando me han invitado a dar charlas en colegios sobre la historia del puerto, me doy cuenta de que existe mucho desconocimiento por nuestras raíces.

¿Qué futuro te gustaría para tu colección?
Me encantaría encontrar a alguien que se interese de verdad por realizar un museo naval, pues tengo piezas desde el inicio de la vida en el mar con los pueblos indígenas hasta hoy en día, además de las ciento cuarenta pinturas de embarcaciones y anécdotas en el mar. Creo que es un gran legado para la educación.
 
¿Cómo se construyen estas piezas?
Al elegir una embarcación me guiaba por los planos, si no los tenía, me daban las medidas reales y construía a escala pieza por pieza, ya que como fui carpintero de ribera sabía todos los pasos de esta técnica. Primero talaba la madera y las doblaba para calzarla con las otras y construir la base, de esta forma colocaba los puntales y los afirmaba con la quilla -parte central de la embarcación-, para luego construir las rodas –partes curvas como la proa y popa- con palos naturales. Finalmente, realizaba la plantilla del casco con cuadernas para ser forrado con ciprés y darle forma, y al secarlo se colocaba toda la pieza completa para remacharla con clavos. Para las embarcaciones utilizaba madera de raulí, roble, y ciprés, pues son nativas y durables en el tiempo; y para protegerlas les pasaba varias manos de creosota y pintura.
 
¿Cuál ha sido tu mejor experiencia exponiendo?
La primera sin duda fue la más sorprendente. Trabajaba en la Escuela de Grumetes de Talcahuano, como carpintero de ribera, y ahí realicé mi primera exposición con ocho piezas. Después, me empezaron a visitar personajes importantes del puerto, y desde ese día comenzaron a verme como un artista y a pedirme trabajos. Además, están las exposiciones en la Municipalidad de Concepción y en el Museo de Bellas Artes del Mall Plaza del Trébol, “fue emocionante para mí ver que se llenaba la sala con filas de gente”.

 

 

“Me encantaría encontrar a alguien que se interese de verdad por realizar un museo naval, pues tengo piezas desde el inicio de la vida en el mar con los pueblos indígenas hasta hoy en día, además de las ciento cuarenta pinturas de embarcaciones y anécdotas en el mar”.

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