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EDICIÓN | Noviembre 2013

Despegando

Nicolás Sánchez, paisajista
Despegando

Agradecido discípulo de Juan Grimm, ya planea un exitoso vuelo en solitario. Se nota un apasionado por el paisajismo e incorpora muchos elementos aconstructivos en su trabajo. Se la juega por la piedra, la madera y el agua, que dan valor y calidez a los espacios. 

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A.

A los ocho años supo que lo suyo era el paisajismo. Recién se habían cambiado de casa y su madre mandó cortar un pequeño bosque que había en el jardín. Nicolás casi se murió. “Mi mamá quería que nosotros jugáramos fútbol, que tuviéramos un patio grande por eso voló todo. Fue pasto en vez de plantas y para mí fue un shock”.
 
Pasaba los veranos en Panguipulli recogiendo bichos, arriba de los cerros, siempre con mucho contacto con la naturaleza. Pidió de regalo una cámara de fotos y al revelar su primer rollo se percató de que solo había cinco tomas a personas y el resto eran paisajes, naturaleza, pura vegetación; inconscientemente lo que le gustaba. De ahí en adelante inventó viajes para ir a sacar fotos y estar en contacto con la tierra: “me gusta mucho fotografiar, tiene que ver con un tema de meditación, subo cerros con mi cámara y capto situaciones que me parecen conmovedoras”.
 
¿Cómo se conecta la fotografía con tu trabajo como paisajista?
Con la cámara veo cosas que intento reproducir en mis jardines. Pueden ser las tonalidades o escenarios que me van llamando la atención y que después traspaso a mi trabajo. Creo que todas las experiencias visuales son muy importantes al momento de una creación.
 
Si bien conocía cuál era su norte, al momento de entrar a la universidad deambuló primero por psicología y luego arquitectura, para finalmente decidirse por ecología y paisajismo en la Universidad Central. “Siempre supe que quería paisajismo, pero averiguaba sobre los profesores en las distintas universidades y no me convencían. Estuve tres años en arquitectura y siento que fue muy bueno porque me contextualizó, me ayudó a entender el espacio de una manera distinta a como lo ve cualquier persona”.
 
En ese entonces conoció a Raúl Silva. Pasó de ser su alumno a ser su amigo y de él aprendió el aspecto técnico que hoy implementa en cada uno de sus jardines.
 
¿Algún otro mentor en tu vida profesional?
Juan Grimm siempre va a ser el maestro de vida que yo tuve en esto. Trabajé durante siete años con él, los tres primeros como aprendiz, absorbiendo como esponja y luego, en la medida que me sentí más seguro, empecé a proponer. Se generó un espacio súper rico, tenemos hasta el día de hoy una relación muy buena, viajábamos juntos a ver los jardines, estábamos mucho en terreno. Fue importante darme cuenta cómo se hacen las cosas, hay que saber ejecutar, se compone mucho en terreno y con él aprendí esto y más.
 
¿Sientes que el aprendiz superó al maestro?
En el tiempo, quizás. Hoy sigo siendo su alumno y él sigue siendo el maestro. Quizás cuando tenga su edad te podría responder algo más.
 
 
SU TRABAJO EN SOLITARIO
 
Hace un año y medio, Nicolás se independizó y en este período ha estado abocado a proyectos para inmobiliarias, empresas y casas particulares. Se ha hecho de un buen equipo de trabajo pues, según dice, no saca nada con ser el mejor diseñador si no cuenta con un buen equipo de jardineros y un constructor que colaboren en la ejecución del proyecto.
 
¿Qué grandes proyectos has desarrollado en este período?
El año pasado me tocó intervenir en la décima región un parque de veinte hectáreas, doce de arborización con un máster plan y el resto de jardines. Fue un desafío importante, pues tuve que monitorear mucho a través del celular, trabajé con gente de allá y en cada uno de mis viajes había que corregir cosas, pero el resultado fue muy bueno, quedé contento. Este año estoy trabajando en cuarenta hectáreas con ocho de jardines.
 
¿Cómo definirías tu estilo?
Mi estilo tiene mucho que ver con mi escuela, que es Juan Grimm. Sería una tontera tratar de desconocer un aprendizaje de tantos años. Hay un veinte por ciento que es lo que uno empieza a agregar con el tiempo, decir ¡esto es lo que yo sé hacer, traspasar mi sensibilidad!
 
¿Qué les planteas a tus clientes al momento de proponer un jardín?
Siempre les digo que en un jardín debe haber cosas que corten la vista. La idea es que se cuestionen qué hay más allá. Tiene que dar la sensación de que hay algo que investigar. Lo evidente, en todo sentido, es malo. Es como entrar a una casa que tiene alfombra, o piso de madera, de muro a muro, y que no haya ningún mueble. Entras a esa casa y no encuentras nada entretenido, la recorres visualmente de una vista y ya conoces cada espacio; en cambio, si uno tiene espacios abiertos y cerrados, y vas generando una especie de transparencia le da riqueza al jardín, no descubrir todo de una vez. Aunque cuesta que los clientes lo entiendan.
 
¿A nivel de materialidad qué es lo que más te gusta?
Las piedras, la madera y el agua, porque le dan mucha calidez a un espacio. Siempre van a aportar valor porque te conectan con cosas que uno conoce. Uno ve un farellón de piedra en Chiloé, en el sur, y uno lo reconoce como un elemento de valor. Lo mismo pasa aquí.
 
¿Tu propuesta en la feria Jardinera 2013 tuvo que ver con eso?
La temática fue el agua, básicamente un jardín donde uno podía meterse y sentir el ruido del agua. Mezclé elementos muy antiguos, como unas tablas de pesebreras, con otros muy modernos, lo que lo hacía ver muy elegante. Estaba, por una parte, la madera antigua con líquenes, hoyos de clavos, etc., y por otro, maceteros de fierro color grafito, con una cosa moderna, muy potente. Todo esto con espejos de agua que uno iba recorriendo. En general, busqué generar un ambiente muy agradable que invitara a entrar, que hiciera sentir cómodo y que la gente quisiera replicar en sus casas. Siento que todo lo que tiene relación con el agua siempre tiene un atractivo extra. Hay espacios que se rescatan con agua, siempre se ven bien.
 
¿Qué tan importante es la iluminación en un jardín?
Es un tema aparte, cuando hago proyectos siempre trato que haya un iluminador. La idea es ir resaltando distintos puntos, marcar un par de huellas, de gradas, que se vea bien escenográfico, aunque nunca como Fantasilandia. El tipo de iluminación que yo busco es algo bien dramático, que se vea solo la silueta, un par de líneas, no más que eso.

 
TENDENCIAS
 
Hace algunos meses, en California, Nicolás tuvo oportunidad de reunirse con Peter Walker, destacado paisajista norteamericano, fundador de la firma PWP (Peter Walker and Partners), “tuve la suerte, entre patudo y porque lo había tratado de contactar, de que me recibiera en su oficina y pudimos conversar. El hizo el memorial del 11 de septiembre en Nueva York. Uno en Chile tiene una visión muy puntual, ellos hacen cosas gigantes con costos imposibles de asumir acá”. 
 
Tras tu viaje, ¿qué pudiste observar en tendencias?
Primero, que Chile está en un súper buen pie. Las tendencias están en todos lados, estamos en un mundo absolutamente globalizado, cosas que uno ve afuera trata de adecuarlas y traerlas de manera conceptual. Por ejemplo, en Europa hoy en día se ven mucho las plazas duras, lo mismo en EE.UU. con el Millennium Park y el mismo Memorial de NY... son todas constructivas. La gran diferencia es que en Norteamérica hay un abanico enorme de plantas y acá las plantas se empiezan a repetir, por ende, uno termina siempre poniendo las mismas. La gracia está en cómo uno las compone. Lo otro, es que allá la materialidad es algo impresionante, colocan piedras gigantes en medio de un jardín, cosa impensada acá por los altos costos.
 
¿Qué aconsejarías a una persona que quiere hacer su jardín y que no tiene los recursos para contratar un paisajista?
Primero, que conozcan cómo crecen las plantas, que se den una vuelta por su sector y que vean qué plantas se dan bien en la zona. Segundo, y es el típico error, la gente compra las plantas que le gustan y por ello elige una gran variedad. Yo soy de la teoría que mientras menos cosas, más elegante y exuberante se verá un jardín. La gracia de un jardín es que cuando uno lo mire vea un paisaje total, que no sea capaz de reconocer al primer golpe de vista cada una de las distintas especies. La gente cree que coleccionando plantas se va a ver mejor y es todo lo contrario. Uno trata de generar grandes manchones de plantas y que la lectura de las hojas y los colores te enriquezcan.

 

 

“Mis jardines siempre tienen muchos elementos constructivos, siempre va a haber muros, escaleras. La idea es que si, el día de mañana, hay una sequía extrema y no se puede regar, igual la estructura del jardín va a existir, uno lo podría volver a armar porque todo el esqueleto está ahí”.

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