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EDICIÓN | Noviembre 2013

Genialidad e irreverencia

Mario Balmaceda, agencia Los Quiltros
Genialidad e irreverencia

por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.

Trabajo y diversión. Dos palabras que parecen no encajar se funden en este lugar, donde creativos laboran intensamente creando exitosas campañas publicitarias, al mismo tiempo que se ríen y disfrutan, con una alta cuota de irreverencia. “La base de nuestra forma de ser es que acá no hay ningún V respeto”, explica su creador. 

Video número uno. Una sala de reuniones. Un grupo de ejecutivos jóvenes trabajando. La música empieza a sonar al ritmo de la canción característica de los Harlem Shake... uno de ellos se pone una peluca y empieza el baile desaforado.
 
Video dos. Se titula Cómo perder a tu familia en una semana y detrás del computador, en medio de lo que parece una noche de extenuante trabajo, se van sucediendo divertidas coreografías al ritmo de la música.
 
No son actores ni bailarines. Son empleados de Los Quiltros. Publicistas, diseñadores, periodistas... performances creadas en medio de la jornada laboral que son subidas con total libertad a la página web de la agencia, un espacio abierto e interactivo donde queda reflejado el espíritu de este lugar: la alegría.
 
El genio detrás de este concepto es Mario Balmaceda. Aunque ostenta un nombre conservador, se trata de un hombre joven, liberal y bastante “chascón”, un emprendedor que logró hacer realidad el lugar donde siempre soñó desarrollarse profesionalmente.

“Partí trabajando a los veinte años en BBDO, donde me fasciné con Martín Subercaseaux, con su rareza y falta de respeto. Después creé una de las primeras agencias de marketing directo en Chile y me asocié con Ogilvy, una tremenda empresa multinacional. De ahí salí porque no compartía la filosofía de trabajo de los gringos: para mí la felicidad es un valor y no puedo desarrollarme en un contexto donde solo importa ganar plata”.
 
Precisamente pensando en la felicidad es que la idea de Los Quiltros comenzó a darle vuelta. Logró asociarse con Lowe Porta para comenzar a dar vida a este proyecto y desde hace seis años se independizó de ellos y se transformó en el socio mayoritario y gerente general de este curioso laboratorio de ideas.
 
¿Cuál es el concepto detrás de esta agencia?
Nacimos con la idea de que para hacer publicidad no solo se necesita creatividad, sino que también empatía. Y a eso yo lo llamé “calle” y tiene que ver con rescatar la autenticidad y la chilenidad, sentirnos orgullosos de ser lo que somos. No se trata de ser más o menos simpáticos, sino que darle sentido a las cosas.
 
¿Por qué Los Quiltros?
Porque no hay nada más chileno, auténtico, creativo, mezclado y cercano a la calle que un quiltro. Y para mí la gran gracia de los chilenos es precisamente su diversidad, incluso su ambigüedad.
 
¿El nombre nunca fue un problema para llegar a los clientes más tradicionales?
Fue un tremendo tema al principio. Muchos clientes nos preguntaban cómo llegaban a presentar una propuesta al directorio bajo ese nombre... pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que para los más viejos los quiltros son rascas, pero para los más jóvenes son súper cool.
 
¿Cómo se traduce en el trabajo diario lo que llamas “calle”?
Se trata de transmitir lo que la gente siente o quiere sentir. Es distinto decirle a alguien que coma mantequilla porque es rica que ir a sentarse a una casa a la hora del té y ver cómo consumen la mantequilla. En esto se mezclan dos valores: los datos y la intuición y sabemos que es importante valorarlas ambas por igual.

 
TRABAJAR COMO QUILTRO
 
En pleno corazón de Providencia, la casona en que funciona esta oficina parece sacada de una historieta. Colecciones de botellas, cuadros, quioscos de revistas y una terraza ambientada como la más tradicional fuente de soda dan luces de la forma en que acá se trabaja. Porque en Los Quiltros se trabaja, y mucho. Pero también se pasa bien.
 
No por nada acaban de ganar el tercer lugar en la premiación “Great Place to Work”, transformándose en la primera agencia de publicidad en obtener un galardón de este tipo. El eslogan que corona su página web lo dice todo: “Acá no es de la casa a la pega, es de la casa a la casa”.
 
Mario Balmaceda no tiene oficina. Se pasea por las sillas y los escritorios de todos compartiendo con los más de noventa empleados que allí trabajan. Todos tienen su número celular y pueden llamarlo las veces que sea necesario. La misma libertad corre para sus socios Rodrigo Gómez, director general creativo, y Alicia Moraga, directora de planificación y contenido. “Acá está prohibido quedarse en la oficina. No hay horario porque me sale más caro tener a la gente acá que en sus casas con sus hijos. Cuando veo a alguno desocupado prefiero pasarle plata para que vaya al cine, porque es mucho más lo que van a obtener ahí”, explica.
 
Pero en algún momento habrá que ponerse serio y trabajar...
Es que ahí está el error. Trabajar no tiene que ver con ser más o menos serios, ese es un paradigma que queremos romper. Si separo que tengo trabajo y además tengo vida, ¿eso significa que cuando trabajo estoy muerto? Acá trabajamos mucho, pero está permitido reírse y equivocarse. Sin miedo y moviéndose desde la confianza. Obviamente tenemos reglas claras, tampoco venimos a la oficina disfrazados. Esto es ordenado y disciplinado, porque así es como funciona la creatividad.
 
¿Cómo definirías tu estilo de jefatura?
Muchos dirían que transversal, pero a mí ese término me parece un cliché... basta ver a todos los que gritan que la cultura es transversal, pero hablan en un idioma que nadie podría entender... yo diría que la base de mi estilo es que todos los beneficios que aquí existen son los que a mí me gusta tener. Si yo me tomo una semana de vacaciones en invierno para estar con mis hijos, todos pueden hacerlo.
 
¿Existe algún hito dentro de su trabajo que haya marcado un antes y un después para Los Quiltros?
Creo que la última campaña de BancoEstado. Se llama “Eres” y es un reposicionamiento de la empresa como el banco de Chile, de todos los chilenos.
 
¿Cuánto ha cambiado la publicidad desde que empezaste en este negocio?
Mucho. La gente ya no le cree a la publicidad, esta se transformó en sinónimo de mentira. Hoy se necesita salir con la verdad, no inventar cuentos de cosas que no existen. A mí siempre me preguntan si me he enfrentado a dilemas éticos durante mi carrera... y la respuesta es que sí, todos los días, todo el tiempo. Este es un trabajo intelectualmente muy potente, pero apenas empezamos a hablar de publicidad cagamos. Hay que hablar de personas, de filosofía, de formas de pensar.
 
¿Los Quiltros es tu único proyecto innovador?
No, tengo otro: mi familia. Tengo tres hijos (18, 17 y 13 años) y, modestamente, soy un gran padre; el mejor del mundo.

 

 

“Si separo que tengo trabajo y además tengo vida, ¿eso significa que cuando trabajo estoy muerto? Acá trabajamos mucho, pero está permitido reírse y equivocarse”.

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