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EDICIÓN | Noviembre 2013

Enamorada de los procesos

Paula de Solminihac, artista visual
Enamorada de los procesos
No es una artista tradicional. Más que la obra, le fascinan los materiales, los procesos y todo lo que puede nacer alrededor del arte. Partió como escultora, pero hace rato que decenas de elementos invadieron su trabajo. Y ella los deja ser.
 

por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Caminando por un estrecho pasaje de casas uniformes, la suya salta a la vista. Blanca con celeste, con un jarn devenido en obra plástica y una luz que irrumpe por cada una de las ventanas, se nota a distancia que allí vive alguien con cuidado sentido estético.

Tiene treinta y nueve os, pero parece mucho s joven. Sus expresivos ojos claros le dan cierto aire de juventud, aunque se trate de unexperimentada artista, profesora universitaria, investigadora, sobrina del ministro de minería y, además, mamá de Jaime (10) y Elena (6).

Su llegada al arte no fue tan directa. Partió estudiando arquitectura y luego historia, para terminar en la Facultad de Arte de la UC. Pero ese periplo parece tener bastante sentido cuando se examina su trabajo y la forma en que ha desarrollado su carrera: más que la obra en misma lo que le interesa es la creación, el proceso que existe detrás y cómo el resultado final se vincula con lo social.

“Me interesa mucho el tema de la educación. Además de las clases en la universidad estoy trabajando en un proyecto llamado Nube, en conjunto con la Municipalidad de Las Condes, de aprendizaje efectivo a través del arte, en que un grupo de artistas trabajamos con niños de tres colegios”, explica.

La tuya parece una visión diferente a la de muchos artistas que viven más bien encerrados en su obra...
El mundo del arte es maravilloso, pero al mismo tiempo tiene una gran disociación con el mundo social. Por eso me interesa hacer gestión, me he involucrado en libros, curatorías y en objetos de autor. Sé que lo que hago es poco habitual, pero no me interesa la segmentación, por el contrario, lo mío son los procesos. En la escultura, por ejemplo, mi tema pasa por los procedimientos cerámicos, por el paso del crudo al cocido. Siento que entre el lenguaje y el territorio hay un espacio para el desarrollo de la técnica. Y ese es mi lugar; donde se hacen las cosas.
 
¿Eres de las artistas que planifica sus obras o te vas dejando llevar por los materiales?
Tengo muy claros mis objetivos y sé lo que deseo conseguir, aunque siempre permito que entre el error, la mano, la gestualidad o la orgánica. Siempre hago un paralelo entre mi labor y lo que pasa en una cocina, donde quieres hacer una receta y tienes una foto de referencia, pero si no te resulta igual vas adaptando los pasos para obtener un resultado similar o, muchas veces, mejor.

 
DE MAPAS, SISTEMAS Y RECORRIDOS
 
Partió en la escultura, aunque de entrada aclara que no se siente una escultora. Su cercanía con esta disciplina tiene más que ver con la materialidad. Desde ahí ha probado diversas técnicas, incorporando con mucha fuerza la fotografía en su trabajo.
 
“Veo la fotografía casi como un proceso de cocción, en que lo fotografiado también es un material en sí mismo. Me interesa registrar y, por lo mismo, el desarrollo de mis obras toma mucho tiempo”.
Pero concibes la fotografía más allá de la pura imagen registrada... Es cierto, para mí la foto es una cosa, un objeto más dentro de un todo.
 
¿Podrías definir una temática que cruza tus obras?
Lo mío tiene que ver con el archivo, con las formas de lo archivado y cómo estas cobran sentido y se cruzan con lo cotidiano. He trabajado, por ejemplo, el tema de las zonas en que nos movemos, las rutas comunes, esas que hacemos todos los días para ir a buscar a los niños al colegio o a comprar el pan, y que pueden parecer poco importantes y desde ahí me gusta armar mapas, establecer sistemas, cartografías y algoritmos.
 
Pero meterte en esos temas implica estar adquiriendo conocimientos en áreas muy diversas...
Sí, pero lo logro, básicamente, porque soy una conversadora y me encanta aprender. Pero ojo, no soy ninguna erudita, mi oficio está en la masa... estoy segura de que si me hubiera dedicado a otra cosa habría terminado tomando Ritalín, porque soy tremendamente dispersa, hago mil cosas por minuto.
 
¿Qué es lo que te atrae de la docencia?
En la UC hago dos talleres, uno de escultura y otro de producción de obra. Y la verdad es que cuando estoy ahí me siento en mi propio espacio, siento que hay un proceso de aprendizaje mutuo muy enriquecedor. Actualmente mi libro de cabecera es El maestro ignorante, que muestra cómo es posible enseñar desde la propia ignorancia... me encanta eso y también entender todo lo que tenga que ver con las metodologías educativas a partir de otro.
 
¿Crees que hay un acercamiento distinto de los jóvenes para decidir dedicarse al arte?
Los veo mucho más libres y entusiastas, están más desprejuiciados y abiertos a tener carreras más híbridas. Chile es un mercado complicado, hay pocas galerías y el coleccionismo prácticamente no existe... pero sin duda están pasando más cosas.

 

 

“Siento que entre el lenguaje y el territorio hay un espacio para el desarrollo de la técnica. Y ese es mi lugar; donde se hacen las cosas”.

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