La única explicación del tremendo éxito alcanzado por Las Delicias es el hecho de que Sara (55) siempre ha estado pendiente de que la calidad de sus productos no decaiga. Desde que empezó haciendo tortas en su casa para vender a sus conocidos hasta el día de hoy, en que la pastelería está en manos de su marido, Rafael Pérez, y dos de sus cuatro hijos, Rafael y María José, la calidad no se transa.
Es por eso que en su local se vigila, cuidadosamente, que cada torta cuente con la cantidad de ingredientes necesarios. Todo se pesa, la harina, el manjar, el azúcar, entre otros. Cada día se quiebran alrededor de mil doscientos huevos a mano, separando claras y yemas con prolijidad y utilizando solo las mejores materias primas con el único propósito de que cada producto que salga de su cocina sea espectacular. Para ella, el secreto está en lo hecho de forma artesanal, a mano, “sin caer en la tentación de usar productos que se mezclan con agua y por arte de magia aparece un huevo —en alusión a los huevos en polvo—“.
Cuando Rafael quedó cesante, en vez de preocuparse, se ocupó y no dudó ni un minuto en apoyarlo. Rápidamente decidió que debía hacer algo para que a sus hijos no les faltara nada y sacar a su familia adelante. Y qué mejor que haciendo lo que mejor se le daba, la repostería y dentro de esta, la torta de hojas.
LAS DELICIAS: UNA REALIDAD
El gran salto lo dio el año 1989, cuando se instaló en un pequeño local que le arrendaba a su papá (pese a que él insistía en prestárselo), en plena avenida España y con solo dos personas de ayudantes. Según recuerda, los comienzos de esta nueva apuesta fueron bastante duros. Se levantaba muy temprano y empezaba a funcionar, procurando cumplir, de la mejor manera, con sus roles como señora, mamá — nunca falló a ninguna reunión, ni presentación, ni nada que fuera importante para sus hijos— e incipiente empresaria. Su marido la ayudaba con el tema de los costos y con lo relativo a la administración de la pastelería, mientras ella se enfocaba de cabeza en la producción.
Con gran dedicación y profesionalismo, Sara pasaba todo el día metida en la cocina en medio de ollas, merengues, chocolates, manjar. Batía huevos, amasaba, armaba, rellenaba; todo artesanalmente, con mucho cariño y buscando siempre lograr un producto único en que colores, aromas, texturas y sabores estuvieran presentes en su máxima expresión.
Poco a poco, a medida que la clientela iba creciendo, fue ampliando su oferta de tortas y pasteles, y a la tradicional torta de finas masas de hojas rellenas con manjar y crema pastelera, le siguieron las de panqueques con ocho tipos de sabores, las de merengue (frambuesa, frutilla, lúcuma), mil hojas, bizcochuelos, tartaletas, rollitos de manjar, pie de limón, kuchenes, todo tipo de pasteles, chilenitos, sus reconocidos calugones, tortas de novios, para niños, etc. Y como Sara es una mujer a la que le gusta el trabajo bien hecho, se puso a investigar y se inscribió en cuanto curso de repostería encontró en Santiago, con el fin de irse perfeccionando, aprendiendo nuevas técnicas para así mejorar la calidad de sus productos.
¿De dónde saca sus recetas?
Algunas son de familia, como la de torta de hojas, y otras de distintas partes. También de mi suegra, Norma Vega, quien me ha apoyado muchísimo y me ha ido enseñando todo lo que sabe; también de los cursos que tomé en Santiago, principalmente con María Teresa Dolorea.
¿Cuál es el producto que más se vende?
Definitivamente, la torta de hoja manjar pastelera y los chilenitos.
¿En qué otros lugares encontramos sus productos?
Hoy, además de la sala de ventas de Avenida España, tenemos una sucursal en el mall de Curicó y entregamos a los supermercados Unimarc de la ciudad. También nuestros productos se encuentran en varios locales chicos de acá y todavía hay muchos estudiantes que nos compran calugones y los venden en otras ciudades.
¿Qué es lo que más la enorgullece al ver el crecimiento y prestigio de Las Delicias?
El haber logrado algo por mí misma. Acá tuve que machucarme todo lo que no me machuqué en el colegio; llore, pataleé y mi querida nana Lala siempre me decía que lo íbamos a lograr y me alentaba para que no me angustiara, para que siguiéramos adelante. Fue muy sabia. A pesar de no haber seguido estudiando después de salir del colegio, de haberme casado muy joven, siento que fui capaz de sacar este proyecto a flote y más encima haciendo lo que siempre me gustó. Yo era de las que mientras mis compañeras elaboraban los resúmenes, me metía a la cocina y preparaba cositas ricas para comer. Hoy hacemos veintiocho tipos de pasteles, veintiún variedades de tortas. En promedio, dos mil unidades diarias de pasteles.
¿Por qué en un minuto decidió dar un paso al lado y entregar la pastelería a sus hijos?
Porque trabajé muchísimo y llegó un momento en que colapsé. Era muy exigente conmigo misma, tanto en la pastelería como con los niños. Durante muchos años estuve muy estresada. Cuando nació mi última hija, la Francisca, nueve años después que Pedro Pablo, se me hizo todo aún más duro porque yo ya tenía una vida armada de tal forma en la que una guagua no cabía. Cuando eres muy perfeccionista y quieres demostrar que eres capaz de hacer todo y te crees súper woman, llega un momento en que revientas. Y un buen día dije ya no más. Sin decirle a nadie, fui donde un contador y un abogado y les planteé que quería dejarles todo esto a mis hijos porque por ellos yo lo había formado. Además, la empresa había logrado un crecimiento sostenido en el último tiempo y sentía que ya había hecho mi aporte. Hoy, mi hijo Rafael administra, mi marido soluciona todos los problemas y está a cargo de la sucursal que tenemos en el mall, y la María José ve la parte productiva.
¿En todos estos años qué pedidos especiales ha recibido de sus clientes?
Un señor que nos llevó un anillo de compromiso que quería que lo metiéramos en la torta y debíamos indicar el lugar preciso en el que se encontraba para que justo a la futura novia se le diera el trozo en donde estaba el anillo. También hemos puesto dentro de tortas llaves de autos y hemos hecho todo tipo de decoraciones de las cosas más increíbles que te puedas imaginar.
¿Le gustaría que Las Delicias siguiera en manos de su familia por generaciones?
Para nada. Este es un trabajo demasiado sacrificado y muchas veces me angustio al ver la sobrecarga de trabajo que los niños tienen, para qué hablar del estrés en las fechas como el día de la madre. Me recuerda la presión que yo sentía cuando estaba. No me gustaría ver a mis nietos trabajando ahí o que mis hijos terminaran saturados. La juventud no está dispuesta hoy a tanto sacrificio, no está preparada. Hay muchas críticas, gracias a Dios siempre fueron en buena onda, para ayudar, pero también ha habido casos de gente prepotente. Hay de todo.
¿Proyectos?
Acabamos de comprar la casa contigua al local de avenida España con el fin de arrendarla y ocupar su patio, el que se comunica con lo que tenemos. La idea es agrandar la fábrica y poder ordenarnos más. Queremos manejar bien lo que tenemos, consolidarnos, tomarle el ritmo a este acelerado crecimiento, cuidar nuestro nombre. El estar hoy en el mall nos ha permitido llegar a otro tipo de clientes que no nos conocían y tenemos que seguir entregando la misma calidad. Para las fechas como Navidad, por ejemplo, se entregan alrededor de quinientas tortas en el día y cada una de ellas debe estar espectacular.