Acaba de llegar del mundial de Enduro realizado en octubre en Italia, en donde representó a nuestro país junto con el equipo de la selección nacional. Definitivamente, este joven oriundo de San Francisco de Mostazal, nació con el don G de las tuercas. En estas páginas, la historia de un fanático de las motos.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
Gracias a la afición de su padre por este deporte es que Matías (34), desde chico, siempre anduvo en moto. A los siete años tuvo su primera moto, siempre fue apoyado con todo lo necesario por su papá, primero como un pasatiempo y posteriormente como algo más profesional.
Desde el año 1998 a Matías ya lo auspiciaban diversas marcas para que corriera en los distintos torneos que se realizaban en el país, además del campeonato nacional. Una exportadora de frutas le entregó una moto y lo apoyó, además, con las inscripciones. Otro agricultor amigo de la familia también lo apoyó. En el primer nacional quedó tercero. Luego Ruy Barbosa, campeón del mundo de bicicrós y quien luego pasó al motocrós y fue campeón latinoamericano de esta disciplina, lo conoció y lo introdujo como parte del Team Kawasaki. “Estaba en una nube, me entregaban motos gratis, equipamiento gratis, todo…”. El 2000, cambió a Kawasaki por Honda, que le ofreció mayores beneficios.
Así competía en algunos de los principales torneos que se realizaban en el país, ocupando siempre los primeros lugares. “Siempre supe cuáles eran los peligros de este deporte y cómo tenía que enfrentarlos, y siempre fue Enduro, porque como teníamos los cerros al lado, eso era lo que me inculcaron, la travesía por la naturaleza”. Hasta que, en el año 2001, tuvo un accidente en una competencia y se fracturó el tobillo y el peroné. “Con esto se me acabaron los auspicios económicos y el apoyo fundamental de mi padre, quien me prohibió seguir corriendo y me dijo que me abocara mejor a los estudios”.
Mientras estaba en el circuito de Enduro, Matías estudió agronomía, carrera que dejó por el tema de las motos. Luego siguió la carrera de turismo. “Más que nada por lo que te ofrece esta carrera que es el contacto con la naturaleza y las personas”.
¿Después del accidente cuánto tiempo estuviste sin subirte a una moto?
Primero me demoré unos seis meses en recuperarme. Y luego estuve ocho años fuera de las pistas y sin siquiera subirme a una moto.
¿Cómo fue la vuelta?
Increíble. Una sensación única. Cuando empecé a trabajar el 2008 —Matías trabaja en el área de agronomía en la empresa de insumos agrícolas Martínez&Valdivieso—, entonces pude comprarme mi propia moto junto con el equipamiento, y empecé a competir nuevamente.
¿Cuál es tu categoría?
En Enduro las categorías no dependen de la edad, sino que más bien es por el nivel de cada uno y de la cilindrada de tu moto. En mi caso, estoy en “Súper Experto”. Esta posición se divide en tres, yo estoy en la más alta, por la cilindrada con la que corro.
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Ya con su propio equipamiento, Matías empezó a correr. Tuvo acercamientos con las marcas asociadas, especialmente con KTM, que le vendía las motos a precio de costo y le ofrecía descuentos para los repuestos. Pronto, en el 2009, empezó a correr en los campeonatos federados. Con excelentes resultados, KTM lo invitó a correr por la marca el año siguiente, en donde obtuvo un cuarto lugar y, el 2012, un tercer lugar en el nacional.
¿Cuántos pilotos corren?
En total, unos trescientos. En mi categoría, veinte más o menos.
¿Qué ocurrió el año pasado?
La firma italiana TM me ofreció la moto, el equipamiento, los repuestos, los aceites y todo gratis, y obviamente dejé KTM. Se me abrió el mundo, justo encontré lo que buscaba, correr por una marca que me auspiciara de verdad. Así el año pasado se realizó una de las fechas del mundial EWC —Enduro Word Championship— en Chile, específicamente en Talca. Este es un mundial muy exigente porque es individual y cada fecha se corre en distintos países. El fin de semana siguiente de la fecha que corrí aquí, había que irse a Argentina, y así todos los fines de semana viajar... Para pagarme la inscripción tuve que recurrir a amigos y la empresa Frutita me ayudó. La federación, en ese minuto, no aportaba con nada. En Talca logré el lugar catorce, entre unos cuarenta corredores de “Súper Experto”, italianos, franceses, mexicanos, canadienses, australianos, estadounidenses, en fin, nada fácil.
“Nosotros quedamos en el lugar trece a nivel de grupo. Logré mantener el ritmo y obtuve un súper buen tiempo. Quedé diecisiete en mi categoría, y eso, para no haberme subido en años a la moto, es bastante bueno”.