Al entrar al sitio web de Carolina (28) se escucha Yann Tiersen, Summer 78. Así, no es difícil imaginar el tipo de joyas que hace esta joven: argollas pulidas a la perfección; anillos con diamantes; finos tocados para el pelo, o bien colgantes en oro amarillo. Todas piezas únicas y delicadas. Tal y como suenan las teclas del piano o las cuerda del violín de las composiciones del músico francés.
Dicen que la tercera es la vencida, y así le pasó a Carolina, quien estudió dos carreras -teatro y periodismo- sin sentir verdadera vocación.
Fue su hermana —recordándole los aritos que hacía cuando estaba en el colegio, además de otras artesanías que realizaba para vender en vacaciones—, la que le dijo que por qué no probaba el mundo de la orfebrería. Investigando, Carolina se encontró con la Academia de Alta Joyería de Daniel Waisberg, en Santiago, donde estudió dos años en forma intensiva. Hasta que creó su propia marca de joyas: Altagracia, la que hoy fabrica en su taller y vende en la capital del Maule. ¿Cómo definirías tu arte? Con personalidad. Creo que uno refleja mucho lo que siente en su apariencia. Cuando empecé a usar joyas —antes no usaba nada—, comencé a buscar mi estilo y me di cuenta que mi tarea es tratar de ayudar a la gente que usa joyas, a encontrar su “yo interno”. ¿Por qué Altagracia? Porque este nombre refleja lo que quiero entregar, y como quiero que la gente se luzca.
¿Sigues las modas?
Siempre estoy investigando. No sigo todas las modas, porque uno tiene que tener su propio sello, y dentro de lo que voy estudiando saco ideas y las combino, tratando de crear un producto exclusivo.
¿Y cuál es tu sello?
Trato de plasmar en mis joyas lo que siento en el momento en que las hago, quizás nadie lo va a notar, pero siempre tienen que ver con un periodo por el que uno está pasando, lo que define mucho los colores, los materiales, y las técnicas que se quiera utilizar. La gracia de la orfebrería está en eso, en que se pueden mezclar varias formas: la plata martillada o rallada, el metal fundido, con textura, hacer combinaciones con cobre, bronce o utilizar solamente oro. La idea es ir jugando. Lo mío tiene harto de color. Me gusta que los accesorios sean los que den el carácter de una estampa, los que resalten la personalidad de la persona; más que la ropa.
¿Tu trabajo favorito?
Las piezas que usan los novios para sus matrimonios: anillos de compromiso, argollas, tocados. Más que nada por un tema de concepto, pues con los novios trabajas una ilusión, un momento bonito de su vida. Hay quienes llegan buscando el anillo de compromiso, después vienen a encargar las argollas, y finalmente, a veces, vuelve ella sola a buscar los accesorios para su vestido.
¿Tu material favorito?
Me gusta mucho el oro amarillo. Siento que su color me representa y es un metal muy rico para trabajar, es más difícil que la plata, en ciertos aspectos, no se oxida y con el que puedes jugar mucho para el diseño. Y en cuanto a piedras, hay una que se llama cuarzo rutilado, con la que me siento identificada, es un poco transparente y está llena de fósiles internos, esas marcas hacen a una piedra más bonita, especial.
¿Qué no puede faltar al hacer joyas?
Música. Pongo música tranquila, algo suave, porque afecta mucho mis estados. La música brasileña y algo para tomar, siempre tengo mi tazón.
EL ATELIER
Después de realizar un largo proceso de participación en diversas ferias para dar a conocer su trabajo, Carolina y su madre, instalaron el Atelier Altagracia en Talca (4 Oriente con 3 Norte), espacio que antiguamente era el estacionamiento de la casa de sus papás y que fue remodelado con este fin.
¿Cómo te das a conocer?
¿Cómo ha sido tu experiencia emprendedora?
Difícil, pero muy bonita. Cuando uno decide este camino tiene que tener claro que los primeros años son de mucho esfuerzo. Soy una persona bastante reflexiva y muy exigente, por lo que siempre me estoy evaluando y, a veces, tengo momentos de catarsis y digo: “esto no puede quedar así, tengo que avanzar, tengo que reinventar, tengo que variar”.
¿Qué puede encontrar la gente en el atelier?
Aros, anillos, collares, accesorios para fiestas, tocados para novias y madrinas, entre otras cosas. Trabajo en plata, oro, platino, bronce, los que a veces mezclo con piedras, cuero, crin entre otros. También hago mucho a pedido por lo que todo dependerá de lo que el cliente quiera pero lo esencial es que aquí todo es exclusivo. Esta es una joyería de autor.
¿Cuáles son las proyecciones?
Siempre digo que tendré como mi imperio Chanel, pero llamado el Imperio Altagracia. Creo que uno tiene que soñar en grande, no importa que no lo logres todo, porque la vida cambia con cada decisión, pero hay metas: me encantaría tener una galería, pero también tengo claro que hay que ser cautelosa; cada día tiene su afán, como dice mi papá.