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EDICIÓN | Noviembre 2013

En Buenos Aires

Preámbulo
En Buenos Aires

FICHA TÉCNICA:
Arquitectos: B4FS: Enrique Bares, Federico Bares, Daniel Becker, Claudio Ferrari y Florencia Schnack (www.b4fs. com)/ Colaboradores: Ing. Pedro Miguel Martín, Arq. Federico García Zúñiga / Cálculo estructural: Jaime Lande & asociados / Asesores preservación patrimonial: Arq. Fernando Gandolfi, Eduardo Gentile Y Ana Ottavianelli / Proyecto ejecutivo del Museo Bicentenario: Dirección Nacional de Arquitectura: Marcelo Cufré, Jorge Prieto, Zulma Yelpo y Silvia Moscardi / Mandante: Presidencia de la Nación Argentina, Dra. Cristina Fernández de Kirchner; Secretaría General de la Presidencia: Dr. Oscar Parrilli; Director Museo Bicentenario – Museo de la Casa Rosada, Prof. Juan José Ganguglia / Año licitación: 2008-2009 / Año de construcción: 2009-2011 / Inauguración: 25 de mayo de 2011 / Superficie: 6900 m2 / Ubicación: Avenida Paseo Colón 100, Ciudad de Buenos Aires, Argentina / Materialidad principal: hormigón armado, estructura metálica, vidrio, restauración de la ex Aduana Taylor (fundaciones y zócalo) / Programa arquitectónico: Museo, salas de exposiciones permanentes y temporales, áreas administrativas y técnicas, cafetería y tienda (www.museobicentenario.gob.ar)

Texto y fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )

En la zona previa al descenso al Río de la Plata, y contiguo al frente del gobierno de la nación argentina, se ubica un nuevo museo, reducto de la historia de los últimos 200 años y desde el surgimiento del estado trasandino.
 
Por ende es un recinto que nos remonta a un cambio, transición de un gobierno a otro, rótula de dos momentos, configuradas casualmente en un quiebre de dos instancias geográficas (meseta y ladera).
 
El proyecto no está ensimismado, y tiene un sentido urbanístico mayor: es parte de un nuevo eje norte sur (orilla original), que remata en el Centro Cultural del Bicentenario (en construcción y remodelación), por lo tanto también se está recuperando y haciendo historia, al ser una obra dentro de un plan urbano de índole bicentenario.
 
Ubicándose a los pies de la Casa Rosada, se apropia de lo que alguna vez fue el edificio de la Aduana Taylor, soportándose en sus añosas fundaciones. Así se emplaza respetando el trazado del paseo y el perfil de la avenida, sin modificarlo, y destacando la presencia del edificio de la presidencia, sólo interrumpido por el acceso, que se asoma a la calle sur que confina la Plaza de Mayo, donde nos hundiremos en el pasado.
 
Antes de llegar al lugar, el deambular por el entorno entrega una sensación de historia permanente, viva, y que de alguna manera es el complemento palpable de la historia, suerte de lucha nacionalista que aboga por el sentimiento de apropiación del ser argentino. Allí destacan las “tomas” de las calles y sus organizaciones sociales, la Plaza de Mayo con la lacerante guerra de Las Malvinas, y el dolor de las Madres. Es el museo abierto y palpable.
 
Así, una vez hecho este recorrido o bombardeo a los sentidos, nuestra mochila de dudas puede ser depositada en este pabellón asomado que nos invita a descubrir la historia, donde entramos a sus raíces. El pasado aflora del suelo como los cimientos de este presente.
 
Ya en el interior, el museo se ordena linealmente, como la historia, lleno de simbolismo y testimonio. Es un trazo del bicentenario, con un espacio común, amplio y luminoso, donde quedan expuestos los “fundamentos” de la nación, mientras que cada una de las habitaciones en los costados, confinan una época particular de la historia, redundando en la oscuridad, para lograr el paralelismo de la introspección del ser individual con lo colectivo del pasado.
 
Hay otra lectura: la condición de testimonio del edificio en sí, del soporte de la muestra, entretejiendo capas de suelos, redibujando como palimpsesto, y deslindando con la condición de ser espacio de arte, próximo a la metáfora histórica. Luego, y más en detalle, la transparencia compromete a todo elemento que sea nuevo, incluyendo lo diáfano de la escalera, evidenciándose un contraste entre el nuevo pabellón que soporta en su ser contemporáneo, y la oposición del vetusto bicentenario.
 
¿Cómo se escribe la historia de un pueblo o nación?, ¿cuándo hay que escribirla?, ¿por qué?. Lo importante es no perder el origen, entender que somos parte de un momento entre un antes y un después, y asumir esa responsabilidad de testimoniar. Cada uno de nosotros lleva el potencial de ser un “pabellón” histórico y corpóreo y acá tenemos un ejemplo, un preámbulo entre presente e historia, dispuesto en equilibrio, ya que la historia no es más importante que lo real de afuera, donde se favorece la reunión y por ende la discusión.
 

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