Así como avanza la tecnología en la vida cotidiana, en la moda ha ocurrido exactamente lo mismo; pero en una forma más imperceptible, en relación con las redes de comunicación, que también tienen que ver con el desarrollo de esta misma.
Hoy sabemos lo que se está usando en el hemisferio norte otoñal, mientras nosotros damos los primeros pasos primaverales, unas dos estaciones atrasadas, pero las redes instantáneas nos dejan al día. Lejos en el tiempo y la historia quedaron aquellos barcos que llegaban con las últimas tendencias procedentes, general-mente, de Francia.
Bien, hoy me concentro en esta re-ingeniería que inspira mi columna, ¿recuerdan, algunas, la revista Burda? Veíamos unas modelos y ropajes preciosos, felices íbamos a la modista, para que nos hicieran el indicado, ya que esta revista adjuntaba los moldes de cada modelo. Nuestra preocupación era ir tras la tela adecuada. Dependiendo de la modista, el resultado a veces no era el esperado, pero éramos felices igual. Plenos años sesenta, pantalones estampados pata de elefante, vestidos talle largo, blusas de osnaburgo bordadas y el largo ¡mini... mini!
Hoy ya las modistas son escasas, existen los talleres, para overlocks, bastas etc.; ya no hay moldes, llegaron grandes marcas a Chile y la mayor parte del vestuario es importado. Pero hay que destacar que el mundo de la moda y confección hoy cuenta con las maquinarias, moldes, telas extraordinarias, vestidos con el largo perfecto, que hacen cintura donde no la hay, marcan el busto en el lugar preciso, la mezcla de texturas otrora impensable... que están dando a nuestro cuerpo la figura estilizada con la que soñamos. Creo no equivocarme al decir que tiene la cirugía incluida. Es cosa de probar. ¡Hasta la próxima!