¿Quién no recuerda la expresión Super- califragilisticoespialidoso?, la pegajosa canción que Julie Andrews junto a Dick Van Dyke llevaron a la fama con Mary Poppins (1964), uno de los musicales clásicos de Disney que ha encantado a grandes y chicos por años.
Del director Robert Stevenson, fue un éxito de taquilla y ganadora de cinco premios Oscar —entre ellos, mejor actriz, efectos visuales y canción— gracias a lo llamativo de sus escenas que combina encantadoras canciones (como Chim, Chim Chery o A Spoonful of Sugar) con dibujos animados en un mismo plano.
Ambientada en Londres en 1910, cuenta la historia de los traviesos niños de la familia Banks a los que sus padres no toman en cuenta. Por un lado su madre está empeñada en el sufragio femenino (y nunca está en casa), mientras que su padre, un estricto banquero, lo único que le preocupa es la obediencia y el orden de su familia; pero sin darse cuenta de que lo único que necesitan es amor y atención.
Luego de una larga búsqueda para encontrar a la niñera perfecta que controle a estos malcriados niños (quienes viven escapándose de su casa), llega la especial Mary Poppins (Julie Andrews) que esconde mágicos secretos como poder volar con su paraguas, ordenar los juguetes con el poder de una canción, flotar sobre las nubes o saltar dentro de un dibujo y llegar a paisajes llenos de color y diversión (una de las escenas imperdibles es la de los simpáticos pingüinos bailarines). Junto a ellos, siempre estará Bert (Dick Van Dyke), un inseparable amigo de Mary quién los acompañará en todas sus aventuras.
Recomendada para verla en familia, el mensaje más importante es el de nunca olvidar el valor de compartir con los hijos y dejarlos ser niños.