A solo un mes de la llegada de Navidad, no podía dejar de comentar una película que no tiene nada que ver con esta festividad, más bien es un clásico de la acción, pero siempre se contextualiza en la Noche Buena.
Se trata de Duro de Matar 2, Alerta Roja (1990), la secuela de las aventuras y desgracias del teniente John McClane (Bruce Willis), que nuevamente debe salvar a su esposa, y quienes la rodean, exactamente un año después del incidente de Nakatomi Plaza que lo hizo tan famoso.
Esta vez, la trama se centra en el Aeropuerto Internacional Dulles cerca de Washington, D.C. mientras McClane espera a su esposa Holly (Bonnie Bedelia ) de que llegue desde California. Pero dentro del aeropuerto, él ve a un grupo de hombres sospechosos que llevan armas escondidas y un extraño paquete, entonces decide seguirlos por si se trata de una bomba. El problema es que eso no será lo más preocupante, ya que descubre que el coronel Stuart, un resentido y peligroso ex-militar, pretende retener a los aviones que están a punto de aterrizar, y a sus pasajeros, en el aire hasta poder liberar a un antiguo general centroamericano y traficante de drogas, llamado Ramón Esperanza que viene en camino para ser encarcelado.
Para los fanáticos de Duro de Matar (que ya tiene cinco películas), es una de las mejores de la saga, que lleva en total más de veinticinco años en la pantalla grande, gracias a sus efectos especiales (con las infaltables explosiones hollywoodenses) y peleas, que volvieron a Willis en uno de los íconos de acción. Pero ojo, hay que ver la primera parte, ya que trae divertidas referencias y ganchos con la historia que comenzó todo. Como anécdota uno de los terroristas es interpretado por Robert Patrick, el indestructible T-1000 que se hace pasar por policía en Terminator 2, papel que lo llevó a la fama en 1991.