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EDICIÓN | Noviembre 2013

Navidad en la India

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.d. Profesor en la Universidad De Chile Director China & India Intelligence Reports
Navidad en la India

Navidad, en India, sabe a pistacho y cardamomo, y no tiene la parafernalia que ahoga el espíritu navideño. Hasta se siente más auténtica que en países que se dicen cristianos. India, país respetuoso de las minorías, celebra la Navidad con feriado legal, no obstante los cristianos son apenas el 3.8 %. Navidad de la India sin festival comercial. Apenas una sobria decoración en barrios elegantes donde se ven típicos íconos navideños.

La razón: el cristianismo se relaciona con transformaciones sociales de siglos. Esa influencia se acentuó con el comercio de espe- cias y el contacto con comerciantes europeos. Finalmente la épo-
ca colonial británica favoreció el nacimiento de una nueva capa social de funcionarios integrados a la Compañía de las India Orientales. La educación de tipo británica y la conversión al cristianismo se aliaron. Si bien las autoridades británicas no propiciaron una expansión misio- nal, fueron inevitables las conveniencias. Hacerse cristiano aseguraba el desarrollo profesional, creaba confianzas y era sinónimo de lealtad hacia la jefatura.
 
El aumento de cristianos fue rápido. Al comenzar el siglo XX, los cristianos superaban los diez millones. El número de escuelas cristianas era enorme en proporción a otros tipos de educación; así la nueva elite que hablaba y leía inglés se moldeó bajo parámetros occidentales. El acceso a la tecno- logía y el manejo de la lengua permitió desarrollar comercios e industrias. Nacía con ello una capa social industriosa, rica y cristiana.

Del siglo VI al XII, en el Estado de Kerala y bajo el alero tolerante de va- rias dinastías, los cristianos prosperaron en paz. No interfirieron en la política, sino se aislaron en aldeas del interior y se dedicaron a la agri- cultura, de manera de practicar su religión sin problemas. Ese relativo aislamiento y encierro social los ayudó a mantener intacta la tradición cristiana oriental, que es llamado hasta hoy “ritual sirio-malabar”.
 
Los frailes que pasan por India y dejan su huella son muchos: Juan de Monte Corvino, el año 1291. Odorico de Udino, en 1321. Jordanus, cura dominico y luego Jordan Catalani, también conocido como Mirabilia. El explorador por- tugués Vasco da Gama llegó a las costas de India, informado de la existencia de “naciones cristianas” con las que pensaba hacer alianza contra los mu- sulmanes. Pero todo el esfuerzo de cruzada fue vencido por el más lucrativo interés en el comercio de las especias. Roma misma reconoció la misión portuguesa y su esfuerzo en la difusión del cristianismo concediéndole a la corona de Portugal el monopolio regional. La tarea misional la emprendieron los jesuitas desde Goa, recibiendo el apoyo y patrocinó real para su obra. Por entonces, los negocios eran estupendos; la relación entre portugueses y jefes locales era de mutua conveniencia. Goa sirvió además de refugio para portugueses perseguidos por causas religiosas o políticas; a los que se sumaron judíos conversos al cristianismo que en Goa pudieron llevar una vida tranquila y volver a sus propias tradiciones, sin necesidad ya de aparentar. Al visitar la zona aún se ven las sinagogas y los barrios de judíos que huelen a un nuevo mundo que no es América, sino las Indias Orientales.
Desde el siglo XIX, la Iglesia Católica no continuó con las misiones de conversión masiva, sino se enfocó en las obras de caridad y de educa- ción, pero debió competir con las instituciones anglicanas que tenían el mismo propósito. La educación era definida como “A missionary tool” y la estrategia educacional rindió sus frutos. Hacia 1900, en cada ciu- dad importante de India, había por lo menos tres escuelas que daban educación a veces gratuita, otras veces más exclusiva y por lo tanto más costosa, pero siempre cuidadosa de entregar calidad y fuerte sen- tido doctrinal. Esto mismo se refleja en la apertura de seminarios, que contabilizaron hacia 1920 un millar de seminaristas. Al comenzar la República, la cantidad de religiosos y religiosas constituían un pe- queño ejército espiritual, con suficiente potencia para convertir a la India entera si se hubiesen dado las condiciones. Pero no se dieron porque la difusión cristiana ya había llamado la atención de círculos intelectuales hindúes de tendencia ortodoxa así como de sectores que mostraban inclinación hacia la izquierda marxista.
 
El resultado no pudo ser más curioso; unos veían con desconfianza la propagación del cristianismo y su expansión institucional. Los otros, criticaban la asociación entre burguesía pro-capitalista y su educación cristiana. Pero, por otra parte, la dirigencia política no podía traicionar los preceptos de magnánima y universal tolerancia que eran la carta de presentación de los que luchaban por la libertad. Intentar detener o restringir el esfuerzo educador cristiano, habría sido impresentable y una contradicción democrática.
 
Preludio de la Navidad sin Santa Claus. En Goa y Kerala habrá sencillas ce- lebraciones; veladas de oración y convivencias fraternas. Y en toda la India, los niños en las escuelas, aun las laicas del Estado, estudian con respeto el mensaje de Buda, el de Mahavira, el de Krishna, y las palabras del Mesías cristiano. Notarán que no hay gran diferencia, porque todas esas palabras dichas con insistencia inseminan el corazón humano hasta que brota con fuerza la Verdad que aquí también celebramos.
 

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