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EDICIÓN | Julio 2010

Simpleza que Acoge

Luz Méndez, diseñadora textil y de interiores
Simpleza que Acoge

Amante de las lanas por su textura y calidez, desde muy joven comenzó a tejer chalecos que vendía entre sus amigos con gran éxito. Hoy, treinta años después, Luz Méndez es una reconocida diseñadora textil y de interiores que ha logrado, gracias a su novedosa línea de alfombras, y a sus decoraciones de líneas simples y materiales nobles, hacerse un nombre en el mundo del diseño, tanto nacional como internacional.

Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

“Me gustaría abrir un taller textil aquí en Curicó, trabajar con mujeres de la zona y empezar desde el hilado hasta los laboratorios de teñido. Me encanta Curicó, quiero hacer cosas por mi tierra, es mi zona, mi lugar espiritual, mi referente”.

Luz creció en el campo, aquí en Curicó, en un ambiente ligado al arte y al diseño. “Tuve una infancia muy cerca de la tierra y del arte, donde aprendí a respetar los materiales y matices naturales; fue en el campo en donde comencé a valorar la limpieza estética, la belleza de lo simple”.

De esa época recuerda que, desde muy pequeña, sintió una especial conexión con su padre, Tito Méndez, arquitecto y poeta. Fue él quien le enseñó a contemplar la naturaleza, a interesarse en el mundo de los espacios, texturas, colores y formas, allí en el campo que la familia aún conserva en Lontué —comuna ubicada al sur de Curicó— y que Luz visita frecuentemente para ver a sus padres.

Por otro lado, su mamá, Luz Pereira, tenía galerías de arte que manejaba tanto en Chile como en Buenos Aires. Este hecho permitió que Luz, siendo aún muy joven, se codeara con buena parte de la vanguardia artística de la época y conociera muy de cerca las distintas tendencias existentes. “Me encanta el arte abstracto, lo geométrico; pude participar en grandes exposiciones de artistas de esta línea en la galería que tenía mi mamá en Buenos Aires”.

Luz dice que es producto de una mezcla bien especial, y que desde niña, debido a los constantes viajes de su madre por su trabajo y a que su papá se quedaba largas temporadas en el campo, tuvo que aprender a ser independiente en todo el sentido de la palabra.

Luego de un breve paso por la carrera de diseño en la Universidad Católica, Luz decidió casarse: “me casé súper joven y a los veinte años empecé a tener a mis hijos, Raimundo, Sebastián, Pablo y Matías, a quienes crié y mantuve prácticamente sola”. Desde su casa confeccionaba muñecas, juguetes, tejía a palillos y a telar, siempre experimentando con nuevos materiales y buscando la forma de tener algún ingreso propio, hasta que decidió separarse.

Fue, sin duda, una época muy dura para esta mujer, quien, en medio de tareas y pañales, debió buscar la forma de llevar adelante a la familia sin descuidar su rol de mamá. “Soy distinta, ando para adelante, no me interesan las tonteras. Igual en una época fui más inmadura, más frágil. En un minuto quise renegar de mi esencia y creí que al casarme iba a poner los pies en la tierra, busqué a un hombre con el que pensé iba a armar una vida como yo quería. Finalmente, la estabilidad que tanto buscaba no llegó”.

Tras su separación, ya había dado el salto de tejer ropa a alfombras. Se dio cuenta de que lo suyo era lo textil, que siempre le habían gustado las lanas, que tenía facilidad para mezclar colores, que sabía combinar y era audaz respecto de cómo mezclarlos. “Empecé con las alfombras hace veintitrés años, desde la casa, mientras criaba, siempre muy sola y dedicándole tiempo al trabajo mientras hacía tareas con los niños. En ese entonces, no dimensioné en lo que me estaba metiendo. En el estacionamiento de la casa tizaba las alfombras, en un comienzo las pintaba estilo persa”.

Después se fue involucrando en un taller de alfombras que tenían unos amigos que habían vivido afuera y contaban con máquinas especiales para confeccionarlas, pero que necesitaban a alguien que se las diseñara. Así esta tremenda creativa readaptó lo que ellos estaban haciendo, empezó a cambiar los telares, los hilos y otros, para crear una línea de alfombras que luego tuvo un éxito increíble.

“Mi propuesta no persigue las tendencias del momento, sino entregar mi visión del diseño: vanguardista, luminoso, depurado, simple y práctico. Lo esencial para mí es acoger la intimidad a través de la simpleza”.

¿Cuándo lograste independizarte?

Cuando me di cuenta de que no estaban respetando la exclusividad de mis diseños y que se vendían casi al por mayor, armé mi propio taller, lanzándome de lleno en la aventura de ser empresaria y dando rienda suelta a toda mi creatividad. Comencé con cuatro tejedores mapuches, aprendiendo sobre la marcha, llena de entusiasmo y dedicación. Contaba, además, con un laboratorio de teñido, en donde experimentaba hasta dar con el color preciso, siempre privilegiando el uso de buenos materiales.

DISEÑO DE ESPACIOS

Hoy, Luz Méndez es una marca registrada, reconocida por su tremendo éxito en todo Chile y en el mundo, ha decorado innumerables espacios y sus alfombras son un lujo para aplaudir, un descaso a la vista. Además, forma parte de un grupo de seis especialistas que trabajan en El Mercurio, asesorando el espacio de diseño y decoración que sale en las revistas. “También hago asesorías a los clientes, ayudándolos a potenciar lo que tienen, a vivir mejor buscando cómo abordar los espacios, colores, tapices e iluminación”.

Gracias a su talento incuestionable y natural afinidad con el diseño nórdico, fue considerada para decorar las representaciones diplomáticas de Japón, Finlandia y Suecia, instituciones que también la han invitado a realizar diversos proyectos y viajes gracias a que estas sociedades comparten la misma estética que ella en donde la naturaleza, el color y la síntesis juegan un rol fundamental en el diseño.

De la misma forma, Luz ha logrado internacionalizar sus creaciones, participando, el año 2006, en la conocida muestra londinense 100% Design, en donde tuvo la posibilidad de crear lazos y contactos que le han permitido mostrar su trabajo por el mundo y recibir ofertas de las más diversas latitudes. “Hoy en día tengo carpetas con mis diseños en Londres y París para trabajar allá.”

También fue la encargada de decorar el primer Hotel Explora Patagonia, y el hotel boutique The Aubrey, este último ubicado junto al cerro San Cristóbal en el barrio Bellavista en Santiago, en donde Luz eligió los colores y las telas para la generación de atmósferas y ambientes contemporáneos y elegantes. “Mi propuesta no persigue las tendencias del momento, sino entregar mi visión del diseño: vanguardista, luminoso, depurado, simple y práctico. Lo esencial para mí es acoger la intimidad a través de la simpleza. Yo soy muy transparente en mi vida y creo que esa característica se ha logrado traducir en mis diseños”.

Además, ha participado en distintas versiones de “Casa Mater” —el evento más importante del interiorismo nacional—, donde ha sido continuamente destacada e, incluso, premiada por presentar la mejor propuesta, como sucedió el 2002.

¿Qué buscas lograr en tus decoraciones?<br /> Busco la luz, la pulcritud, el minimalismo y el uso de materiales nobles. Personalmente, concibo el diseño de espacios como una integración del color, la naturaleza y la luminosidad. En mis trabajos intento que los rayos del sol descubran la belleza de los elementos elegidos y creados especialmente para ambientar un lugar.

¿Qué proyectos tienes en mente?<br /> Me gustaría abrir un taller textil aquí en Curicó, trabajar con mujeres de la zona y empezar desde el hilado hasta los laboratorios de teñido. También me gustaría traer tecnología de afuera. Me encanta Curicó, quiero hacer cosas por Curicó, es mi zona, mi lugar espiritual, mi referente.

 

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