A Camiña se debe partir temprano, ojalá antes de las ocho de la mañana, porque es un destino medianamente lejano (doscientos kilómetros desde Iquique), y si uno va por el día, les recomiendo aprovecharlo al máximo.
El primer encuentro es con la tranquilidad, después del pueblo de Huara, sigue una carretera recta adornada en sus costados por la Reserva Nacional de Tamarugos; hectárea tras hectárea vamos dejando la pampa atrás. El viaje se hace corto y nos encontramos con el cruce que lleva a Pisagua, aquí se debe seguir camino al este. Abruptamente, el camino se vuelve desolado y completamente árido; se hace latente el sentimiento de aislamiento, hasta que desde el plano desierto bajamos a la quebrada de Tana, que nos da la bienvenida con una inesperada postal cargada de verde.
Esta quebrada se denomina Tana o de Camiña y tiene una longitud de ciento cuarenta kilómetros, aproximadamente. Su inicio es en los alrededores del cerro Pumire, ubicado a una altura de casi cinco mil quinientos metros sobre el nivel del mar, y se extiende hasta la confluencia con la quebrada de Tiliviche, para posteriormente dirigirse en dirección a la localidad de Pisagua, donde sus aguas subterráneas desembocan por Pisagua Viejo, tierras ancestrales que fueron habitadas por los changos y los Hombres de los Conchales.
Desde un camino angosto y adherido al cerro vamos atravesando los doce pueblos que pertenecen a la comuna de Camiña. La población, en su mayoría, se ubica en caseríos al nivel de las terrazas fluviales (más alto que el piso principal del río), a excepción de la localidad de Camiña que se encuentra en un nivel más bajo del valle. El recorrido es muy colorido y cargado de energía, sobre todo cuando uno se encuentra de frente el cementerio lleno de flores y ornamentas que hablan de un pueblo tradicionalmente preocupado por honrar a sus muertos.
Es lindo ver a los habitantes, entre ellos muchos niños que desde los colegios, en bicicleta o caminando, se dispersan camino a sus casas. La vía es de tierra y estrecha, por lo que se debe tener precaución con la velocidad. También es probable encontrarse con el único bus que tiene destino Iquique y que pasa por cada pueblo tocando la bocina asiduamente, alertando a los interesados en “bajar” como dicen los camiñanos. A propósito, esa bocina es el único sonido que perturba la increíble serenidad del lugar.
Pasamos Pacagua, Francia, Moquella, Quistagama y Cuisama. El camino parece ser sin salida, pero la ruta por sí misma te guía a la plaza principal de Camiña, la que está rodeada de antiguos árboles, una hermosa iglesia tradicional blanca y un escenario permanente en forma de ajo, lo que evoca aquellos días de fiesta donde se celebran las fértiles temporadas del ajo y el maíz “más rico de Chile”, como aseguran los oriundos.
La Municipalidad de Camiña está justo en frente de la plaza y cuenta con una oficina de turismo, así que lo primero que les recomiendo es pasar y solicitar información o preguntar por un guía.
Excursión, paisajismo, fotografía, senderismo, etnoturismo, cicloturismo, ecoturismo, agroturismo y arqueología son algunas de las actividades recomendadas; sin embargo, si es tiempo de alguna festividad, el panorama es evidente, y los pobladores son amistosos, por lo que no hay problema en participar.
Esta vez, nuestro guía nos lleva a una excursión por tres pueblos al sur de Camiña y mientras transcurre el viaje nos relata un fenómeno único de la cultura camiñense. Los cultivos se encuentran destinados a la producción de hortalizas y verduras como el ajo, cebolla, zanahoria, betarraga, maíz. Sin embargo, por las condiciones agro-climáticas de la comuna se da un fenómeno que diferencia las zonas de cultivo. Por ejemplo: en la parte más alta de la comuna se encuentra la localidad de Nama, donde los terrenos son propicios para la producción de frutas como las manzanas, las ciruelas, los membrillos, las tunas y los tumbos. En tanto, dentro de la zona intermedia de la quebrada donde se ubican Apamilca, Chapiquilta y Camiña, los cultivos que mejor se desarrollan son el ajo blanco, la cebolla, el choclo y la alfalfa, así se dan variadas verduras y frutas ciento por ciento orgánicas y, además, comercializadas a un muy buen precio.
Mientras nos trasladamos, hemos tenido varios avistamientos de llamas, burros, gallinas y aguiluchos. Visitamos más de tres chacras y sus habitantes se encontraban en plena faena. Con un extraño instrumento sacan desde la tierra unas bellas y olorosas zanahorias, las que lavamos en el Río de Camiña para degustar inmediatamente su sabor natural y fresco, lo que nos abre el apetito y nuestro guía nos da la excelente noticia de que es hora de almuerzo.
SOBOREANDO CAMIÑA
En Camiña hay tres restaurantes, El entra como Silia y sale como Willy, La Flor y La Cocinería Marilin, entre estos se puede escoger, pero sin duda son similares porque todos trabajan la misma materia prima.
En cada uno de los platos que se sirven en Camiña se siente la arraigada cultura aymara, con sus tradiciones y sabores típicos que, para mi gusto, le dan otro sentido a la hora de comer. De entrada, un maíz de Camiña, un choclo bien amarillo de grano mediano y poco parejo, una exquisitez al paladar. De segundo, la tradicional Calapurca, un tipo de sopa que mezcla diferentes carnes, entre ellas, la carne de vacuno, llamo, pollo y cordero. Este es un plato típico que se ofrece en las festividades, el que es tradicionalmente utilizado como reponedor después de las largas jornadas de baile y música. Y el tercer platillo es quínoa acompañada de un bistec de llamo, un notable almuerzo que repone a cualquiera para seguir rumbo a los petroglifos.
Nos subimos nuevamente a la Sprinter que nos llevará a recorrer la zona de pictografías y petroglifos, para esto debemos volver a bajar la quebrada. A esa hora el sol es luminoso y la temperatura supera los veinte grados, aunque nuestro guía nos comenta que en la noche la sensación térmica desciende abruptamente a los cinco u ocho grados y que en invierno puede ser peor.
Pronto comenzamos un recorrido de senderismo, arriba sobre las colinas se aprecian ejemplares de cactus candelabro, que embellecen los secos cerros. La ruta no es difícil de seguir y en ningún momento perdemos de vista el río, por lo que la sensación es fresca y alegre. Llegamos a un sector de piedras de gran tamaño, por lo que la ruta se dificulta; no obstante, en ese mismo momento comenzamos a descubrir las antiguas señales pictográficas, que vuelven la caminata interesante y todos con un tono como científico comenzamos a interpretar los dibujos que, a mi parecer, relatan una era indígena de esfuerzo y aguerrido espíritu.
Con emoción vemos cómo el sol comienza a bajar, ya sabemos que es hora de volver; no obstante, nos reunimos y en consenso decidimos quedarnos un día más, para mañana visitar el mirador Ceremonial de Camiña, el que se encuentra en la cima del principal cerro frente a la localidad y donde se celebra el Día de la Suerte. Camiña cuenta con hospedaje siempre disponible y es aconsejable viajar en fecha de festividades porque la municipalidad organiza bellísimas fiestas y extiende la invitación a todos los turistas interesados.
NUESTRO DATO