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EDICIÓN | Octubre 2013

Ser en el mundo

Paulina Godoy, sicóloga
Ser en el mundo

Hace dos años que trajo a Antofagasta su taller de Biodanza, como una forma de cuidarse a sí misma y, a la vez, entregar una potente herramienta de autoconocimiento a quienes quieran trabajar en su desarrollo personal. Una mezcla de arte, comunicación e instinto puestos en movimiento. 

por Lorena Cisternas M. / fotografía Andrés Gutiérrez V.

Aunque suene incohe- rente, para practicar biodanza lo que menos importa es saber bailar. De hecho, el concepto más bien se asocia con nuestra esencia convertida en movimiento, sin que importe nada más que “estar ahí”. La biodanza es “ser en el mundo”, nos dice Paulina Godoy, sicóloga y facilitadora de esta disciplina, “que es una manifestación de quienes nosotros somos y por eso la danza que practicamos no debe ser ni linda, ni estructurada, ni estética, sino más bien una expresión de tu afectividad, de cómo tú te sientes”.
 
¿Cómo es esto de una danza sin danza?
La verdad es que relacionar esta actividad con coreografías o pasos determinados es un error bastante común. En realidad, la biodanza es un modelo de integración humana y desarrollo personal, sustentado en el modelo teórico biocéntrico, creado por Rolando Toro, a finales de la década del cincuenta, en Chile.
 
¿Es una especie de terapia?
Podría deducirse si consideramos que la biodanza nace inspirada en los trabajos que Toro, sicólogo, artista y escritor, realiza en un hospital de atención para pacientes con enfermedades mentales. Él buscaba integrar al hombre en todos sus aspectos, recuperando, principalmente, los elementos naturales, los instintos. Mientras investigaba, descubrió que en sus pacientes esquizofrénicos la música generaba ciertas respuestas. De esta forma, probó con distintos tipos de música, buscando los estados emocionales que estos provocaban.
 
Y cómo apareció la terapia de baile?
Fue algo que fluyó natural. Los pacientes esquizofrénicos tienen la característica del movimiento constante y hay también una rigidez motora en ellos. Toro empezó a darse cuenta de que con la música su nivel de activación física aumentaba y desde ahí es que él entiende la danza como una manifestación innata de la vida, como una coreografía innata que estos pacientes no racionalizaban, pero si coordinaban.
 
¿Cómo identificas qué emociones quieres generar en los participantes de tus talleres?
No es que la música genere emociones específicas, si no todo es un proceso de integración. El modelo biocéntrico identifica los potenciales humanos con los que se busca conectar a la persona. En biodanza hablamos de cinco: vitalidad, creatividad, afectividad, sexualidad y trascendencia. Esto es como la materia prima del ser humano y lo normal es que desarrollemos algunos, más que otros. La idea es despertar todos los aspectos y alinearlos con el día a día de cada uno, para que vivamos de manera más coherente con nosotros mismos y nuestras necesidades.
 
Uf, suena complejo ¿nos das un ejemplo?
Bueno... en el caso de la vitalidad, que tiene que ver con la activación y la motivación física
con que enfrentamos nuestros desafíos, probablemente tendremos música que nos conecte con esa emoción. En el caso de la afectividad, buscaremos algo asociado a los sentimientos y la trascendencia, porque es lo que en biodanza entendemos como el tú individual, como parte de un todo universal.
 
 
DEL DIVÁN A LA PISTA
 
Paulina estaba haciendo un postítulo de sicoterapia transpersonal. Su objetivo, más allá de una acreditación clínica, era descubrir herramientas que potenciaran el desarrollo personal de sus futuros pacientes. Luego de un año y medio siguiendo la especialidad, tuvo un taller de biodanza con una profesora de Santiago. “Habíamos pasado por diferentes instancias de autoconocimiento, pero cuando llegué a esa clase, me sentí completa. La biodanza me mostró, el lado amoroso de la vida, señalándome los aspectos negativos de mi vida, pero con cariño”.
 
¿Fue un beneficio inmediato?
Lo primero que me dijeron fue que hay que aceptarse tal cual uno es, lo que no significa que no tengas que mejorar, pero no siendo ni crítico ni lapidario con uno mismo. Lo otro que me impresionó fue que cuando terminó la primera clase, yo me sentí muy vital, contenta, renovada. De hecho, comprendí por qué la biodanza usa el concepto de renovación orgánica, pues cada clase es un espacio que se abre a un mundo diferente, en que nos volvemos a dar permiso para relacionarnos con otros de una forma más cercana, con mayor libertad, de modo más genuino, pero sintiendo, a la vez, que estamos en un espacio protegido.
 
¿Qué hiciste cuando se terminó ese taller?
Empecé a tomar otras clases viajando a Santiago y me di cuenta de que independiente del entorno o de los instructores, yo me sentía igual de bien. Era claro que la biodanza me ayudaba a mí, en mi estado de bienestar. Cuando no pude viajartanseguido,laempecéaextrañary decidí hacer el curso de formadora. El único lugar donde había escuela era en Santiago y para terminar el proceso, que dura tres años, me radiqué en Santiago el último tercio, porque cuando ya tienes el conocimiento teórico que sustenta el modelo, el resto son las vivencias que se generan clase a clase, el cómo ves engrosar tu experiencia teórica y práctica, era una cosa que solo conseguiría asistiendo en forma permanente.
 
¿Nunca pensaste en quedarte en Santiago, considerando que acá no había nada de lo que estabas queriendo hacer?
Es que siempre mi idea fue traer la biodanza a Antofagasta, tanto por mí como por los demás, por mis amigos. Porque esta es mi ciudad, la ciudad que me vio crecer y en la que generé mis vínculos. Además, poco y nada se sabía de este tema, lo que lo convierte en una oportunidad. Finalmente, eso se ha constituido como en la doble cara de la biodanza para mí; por un lado es el desafío y las ganas de hacerlo, pero, por otro, es lo más difícil, porque de alguna manera uno se siente medio sola, como sembrando en tierra de nadie.
 
Se necesita más difusión y más apoyo...
Claro, la biodanza es una experiencia personal, que se vive de manera colectiva. No existe la biodanza sin un grupo, porque, como te decía, es la danza de nuestro ser en el mundo y en el mundo no estamos solos, estamos en grupos, en comunidades.
 
¿Tú eres la única persona acreditada en Antofagasta, como facilitadora de biodanza?
Sí, la única. Afortunadamente, en este momento hay tres a cuatro personas que están estudiando, al menos dos en Santiago y una chica en Iquique. Eso es genial en la perspectiva, porque así se va renovando la energía, creciendo el círculo. Es muy positivo. Paulina comenta que en la biodanza suceden cosas a nivel orgánico celular, es decir, se activa el sistema nervioso, hay neurotransmisores que se liberan a través de un ejercicio de caricia. “Esa es la forma en que estas vivencias se convierten en materia. Yo al menos me doy cuenta de que uno es el que construye su vida con pequeñas cosas. En biodanza hablamos de “danzar la vida”, en torno al bienestar, a los estados de salud. Construir relaciones sanas, generar lazos que sean verdaderos con los demás, desde el cariño, el respeto, eso es fundamental”.

 
PONERSE A BAILAR
 
Toro decía: “puede ser bizarro ponerse a bailar cuando las cosas están tan complicadas como están, pero es una buena forma de apostar por lo bueno”; Paulina agrega que rescatar lo positivo que hay en el hombre, es de lo que habla también la sicología positiva: “porque la verdad, ya de lo negativo, sabemos mucho. La sicología y otras disciplinas han estudiado hasta el cansancio de todo lo feo y lo horrendo que es capaz de llegar a hacer el hombre y el cómo y por qué lo hizo; sin embargo, lo positivo, que se entiende como lo inherente, lo natural, es lo que se busca recobrar a través de estas vivencias relacionadas con la música y el movimiento”.
 
¿Quiénes deberían participar de la biodanza?
Acá es donde a mí me parece que lo apropiado es el uso del concepto de desarrollo personal, que no es una terapia, y que tiene que ver con que el hombre no solo tiene que aprender de ciencias, de materias y doctrinas, sino que también tiene que aprender de sí mismo. En general, lo recomiendo para todos quienes busquen volver a contactarse consigo mismos.
 
¿Cuáles son tus planes?
En lo personal, siento que la vida me ha tratado bien, creo que hay que buscar las oportunidadesdedevolverleunpocolamano a la vida. La primera clase de biodanza a la que asistí fue con pacientes esquizofrénicos que concurrían al hospital de día, y esa experiencia fue detonante para mí, en lo que la biodanza aporta. Mi proyecto es hacer biodanza para niños en riesgo social para entregarles un estado de bienestar. Mi esperanza es que esos niños aprendan algo distinto y que con el tiempo —porque esto requiere tiempo— pueda significar algo en sus vidas.

 

 

“Me parece que lo apropiado es el uso del concepto de desarrollo personal, que no es una terapia, y que tiene que ver con que el hombre no solo tiene que aprender de ciencias, de materias y doctrinas, sino que también tiene que aprender de sí mismo”.

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