En plena Cordillera de Nahuelbuta, cercano a los lagos LleuLleu y Lanalhue, se ubica Cañete, una localidad que recibe a los viajeros del norte con un hospital de moderna arquitectura, emulando las rucas del pueblo mapuche que habita en la zona. Seguimos por el camino a Tirúa y, pasando el Museo Mapuche (otro gran punto de interés turístico), nos desviamos hacia la izquierda en el Cruce Peleco, subiendo por la ruta hacia Contulmo. Un par de kilómetros más allá, a la izquierda, se encuentra la entrada al Parque Ecológico Reussland, nuestro destino.
HISTORIA DEL PARQUE
Llegamos al punto de partida de todo; la recepción, y unos troncos verticales de colores donde el guía turístico de turno da los lineamientos principales del paseo a los grupos de turistas.
Lo primero que hacemos es preguntar por el origen de este privilegiado pedazo de tierra de sesenta hectáreas de árboles nativos, montañas, saltos de agua y aire puro. Anabel Ramírez —una de las dueñas y gestora de este proyecto—, nos cuenta que, a fines del siglo XIX, llegó de Alemania Vitecindo Reusser a vivir a Traiguén. Una vez que creció, trabajó como constructor de ferrocarriles y se fue a la zona de Cañete, donde se enamoró de Sofía Monsalve, que era dueña del fundo Tromen. Así, adquirieron este terreno que finalmente heredó el marido de Anabel, Vitecindo Salazar Reusser.
En el 2006 nace la idea de hacerlo turístico. “En un principio solo ofrecíamos caminatas y trekking, porque mi esposo conocía bien los senderos antiguos que había. Así, los empezamos a limpiar e implementar con señalética que yo misma diseñé”. Al año siguiente se les ocurre la idea de hacer un parque ecológico privado. “A las pocas personas que quedaron con patrimonio de árboles nativos, no les interesa mostrar lo que tienen. A mí me parece muy importante porque es un ecosistema que no se puede perder y hay que enseñar a valorarlo. De hecho, se hizo una red de conservación del bosque nativo, a la que yo pertenezco”.
ATRACTIVOS
El parque tiene cinco ecosistemas: bosque maduro, bosque nuevo, praderas para cultivo, praderas agrícolas y humedales. “Esto es lo que hace que nuestro parque sea tan especial; una variedad de hábitats que permiten la vida de muchas especies de flora y fauna que otros propietarios no tienen la suerte de poseer”.
Empezamos recorriendo el sendero Los Robles, en busca de los adorables copihues y los encontramos de inmediato. En el camino también vemos boldos, lingues, notros, avellanos, maitenes, ulmos, quilas e, incluso, el sagrado canelo. Hacemos un alto para probar mutilla y las opiniones varían: “es como comer perfume”, “es el sabor del paraíso, o del pecado”, “es muy dulce”. La mermelada casera de este fruto que nos ofrece Anabel en el desayuno, nos ayuda a concluir que, simplemente, es una delicia.
En el sendero Los Coihues nos encontramos con restos de una fogata y algunas piedras puestas en lugares extraños, evidenciando la mano humana. Al preguntarle a Anabel de qué se trataba, nos cuenta que el famoso cineasta chileno, Jorge Olguín, grabó su última película, titulada Voces del bosque, en este lugar, y ahí era donde acampaban los protagonistas.
Mientras vamos avanzando, sentimos la presencia de otros compañeros de ruta: las aves. Escuchamos chucaos, torcazas, loicas, zorzales. De hecho, Anabel nos cuenta que está trabajando en un proyecto Innova de Bird Watching —avistamiento de aves— que consistirá en crear puntos específicos dentro del parque donde se podrán observar estas especies y aprender más de ellas. Estará enfocado en colegios principalmente, pero todos los visitantes podrán acceder a este panorama.
Finalmente, llegamos a una pequeña cascada, una linda meta para la caminata. En total hay ocho senderos y tres saltos de agua.
También hay paseos a caballo y en carreta tirada por bueyes, y se permite que si alguien viene en bicicleta pueda recorrer el parque en ella, ya que no interfiere con la naturaleza.
En verano se hacen caminatas nocturnas con antorcha y solo cuando hay luna llena. “Durante esta actividad se cuenta la historia del parque y hablamos de todo un poco, logrando una dinámica de grupo. Al finalizar, compartimos alrededor de una fogata”.
“La mayoría de la gente no sabe que la Cordillera de Nahuelbuta es una de las pocas Reservas Mundiales de Biodiversidad. Cuando se enteran de esto comienzan a valorarla. Además, para los más historiadores, es interesante saber que acá se dieron los primeros procesos de colonización”.
NIDALES
Hasta el 2011, el parque solo ofrecía actividades recreativas, pero sintieron que les faltaba algo más, para la comodidad de los visitantes. Así, gracias al apoyo de CORFO, pudieron construir la recepción-cafetería y los alojamientos. Es en este último punto donde hay que detenerse.
Las cabañas son un proyecto de la arquitecta Susana Herrera de Factoría Design. Así, se ideó un concepto de cabañas inmersas dentro del bosque, con la mínima intervención posible y, por estas características, se les denominó nidales.
Se trata de dos construcciones que se conectan con el suelo y entre sí por una especie de muelle o pasarela, lo que da la sensación de estar arriba de los árboles que las rodean. “Se intervino lo mínimo el suelo, por eso su naturaleza elevada, que pretende llegar a las copas de los árboles, como los nidos”.
Para su construcción se utilizó principalmente madera de pino, una especie que se encuentra en el parque introducida de manera natural por la polinización por las aves. Solo se usaron algunos trozos de madera nativa caída de manera natural y no se empleó ningún tipo de pintura, para que se mimeticen con el entorno.
Además, el agua proviene de vertientes milenarias y para su uso en las duchas es calentada por termos solares. La electricidad proviene de paneles también alimentados con este tipo de energía. “Esta es limitada, porque la idea es no tener conexión con celulares ni TV, sino poder adentrarse en la naturaleza”.
A futuro, el plan es sumar un lodge de dos niveles, crear más senderos y agregar puentes colgantes en algunas rutas.
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