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EDICIÓN | Octubre 2013

El “bastón” que faltaba

Ingelore Bernhardt Timmermann, vicepresidenta y fundadora de COALIVI
El “bastón” que faltaba
A los treinta y nueve años, Ingelore Bernhardt quedó prácticamente ciega. ¿Qué hizo? Lejos de echarse a morir, no dudó en reinventarse y seguir haciendo lo que mejor sabía: enseñar, pero esta vez a niños ciegos. Y de pasó logró que la sociedad penquista viera, por primera vez, a los discapacitados visuales.

por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.

Marcelo Figueroa (44), producto de un accidente automovilístico el año 2001, que completamente ciego. Tuvo que aprender a hacer todo de nuevo, desdsuperar lo “obstáculos”  de   su   casa   hasta preparar un plat d comida Despué d do año en la Corporación de Ayuda al Limitado Visual (COALIVI), además de llegar a ser independiente par desenvolvers e l vid diaria logró crear una empresa familiar y el o pasado formar INCLUDIVIC (Inclusión de Discapacitados Visuales COALIVI), una agrupación que tiene como objetivo primordial la validación como ciudadano igual a todos de las personas ciegas.

“Gracias a COALIVI empecé a perder los miedos, a recobrar mi autoestima y, lo más fuerte, recuperar mi dignidad. Llegó sin darme cuenta  ahora   la   valentía   para   enfrentarme a lo más duro y discriminador: la sociedad. COALIVI ha significado para la posibilidad de, conjuntamente con mi familia,  esposa  y dos hijos, reconstruir mi vida con todo lo que eso significa”, indica Marcelo.

Como él, hay mil ochocientos egresados de esta institución que nacieron ciegos o quedaron sin vista de adultos. Para ellos hubo un espacio de rehabilitación y recuperación en todo sentido, que los hizo convertirse o volver a ser personas autosuficientes y útiles a la sociedad. Se cumplieron los objetivos de integración a su ámbito social, familiar, reinserción al trabajo o continuar estudios. Una vida normal integrada a su comunidad, ya sea en las áreas de comercio, en instituciones públicas y privadas, como profesionales o cnicos.

Ese es el logro, el resultado de toda una vida de trabajo y dedicación por parte de Ingelore Bernhardt, quien después de treinta y tres años sigue planeando el siguiente paso en la historia de su amada corporación.
 

LOS ORÍGENES DE COALIVI

Ingelore nació en Osorno, luego vivió en Yumbel. A los diez años, falleció su papá, inmigrante alemán. En ese momento, su mamá se vino a Concepción con cinco hijos y estableció una pensión. De niña colaboró con su progenitora, a la vez que estudiaba en el Colegio Alemán. Se casó a los veintiún años y tuvo tres hijos. Fue profesora de ese establecimiento por trece años, hasta que, a los treinta y nueve, una enfermedad la dejó casi ciega de un ojo y después le dio una trombosis en el ojo sano.

Si tener aún la edad necesaria, estaba jubilada por invalidez. Un médico le dijo: “mejor dedícate a las ollas”, pero él no sabía con quién estaba hablando, una mujer que ni siquiera se dio el tiempo de hacer un duelo por su situación. Tomó su vocación por la enseñanza, la sumó a su dolencia y dio con un resultado; desde ese día se propuso enseñar a los niños ciegos y dedicarse a ellos.
 
¿De dónde sacas la fuerza para superar todos los obstáculos que la vida te ha puesto? ¿Cuál es la clave?
Creo en Dios y me siento muy acompañada de él. Los momentos difíciles son desafíos que sirven para crecer. Siempre me ha importado mucho mi prójimo, más que yo misma. La clave es que con ello tengo paz interior. Ingelore viajó a Alemania, donde estuvo quince días en una escuela para ciegos. Ahí aprendió las técnicas para desempeñarse normalmente y, además, el método para enseñar a otros. A su vuelta, conoció a Patricio Parada, también limitado visual, quien dirigía una escuela para ciegos con siete alumnos, el año 1979. Con él, emprendería esta aventura de fundar COALIVI.
 
Partieron con clases a quince alumnos en el Club de Leones. En 1981, obtuvieron la personalidad jurídica y el reconocimiento del Ministerio de Educación, para sus planes y programas. Paralelamente, Ingelore buscaba recursos en el extranjero. Así fueron apoyados desde Alemania por la Christoffel Blindenmission, hoy conocida como Christian Blind Mission (CBM), con material didáctico, cursos de especialización en habilidades diarias, uso del bastón, que antes no se conocía en Concepción, y Braille, entre otros.
 
Llegaron a tener ciento treinta alumnos el año 1986, divididos en los que asistían a la escuela y sesenta y ocho que vivían en el hogar de acogida para niños y jóvenes provenientes de Linares a Puerto Montt. Y con el voluntariado para el fin de semana, se amplió la cobertura a toda la gente de Chile, con pequeños de Santiago, La Serena y Arica. Ese año, Ingelore recibió el premio municipal al vecino destacado de manos del ex alcalde Claudio Arteaga. A esa altura, profesores del extranjero llegaban a capacitarse a COALIVI. Incluso, el año 1992, se realizó un congreso y asamblea de la Unión Latinoamericana de Ciegos. Vinieron de catorce países y se congregaron más de trescientas personas. A fines de los noventa, la fundadora obtuvo la medalla de Carlos Anwanter, galardón otorgado a chilenos-alemanes destacados, además de un reconocimiento por colaborar en la consecución de los fondos para edificar la escuela para ciegos de Viña del Mar, Antonio Vicente Mosquete.
 
Hasta 1987, Ingelore fue directora de la corporación, luego directora ejecutiva, dedicada en especial a la gestión y financiamiento. Dedicó sus días a desarrollar otras ideas en busca de recursos para cofinanciar la obra, porque de a poco los dineros de Alemania se fueron retirando. Se formó la unidad de prevención de la ceguera, que dio origen al centro de salud oftalmológica, y la óptica. Además, la CBM insistió en que no desarraigaran a los niños de sus lugares de nacimiento, por lo que ahora la ayuda debía ir, en su mayoría, a las municipalidades para atender a los niños en sus comunas, apoyando a los profesores de cada lugar.
 
¿Qué significa para ti COALIVI?
Mi cuarto hijo. Veo la justificación de mi ceguera. Muchas de las patologías y dificultades que han pasado las personas ciegas las conozco y puedo sentir lo que ellos padecen. Siempre he luchado para mejorar sus condiciones de vida, por lo que COALIVI es vanguardia en muchos servicios. Mi compromiso es incondicional por la causa. Por los logros, nuevamente soy una agradecida de Dios. Las satisfacciones superan los malos ratos y los sacrificios.

 
EL SUEÑO DE INGELORE
 
Ingelore se retiró de la dirección de la institución después de dieciocho años de labor. Hoy sigue entregando su valiosa experiencia desde la vicepresidencia de COALIVI. Y no descansa, el terremoto tiró al suelo la edificación donde se mantenía la escuela; sin embargo, sigue funcionando en salas prestadas, incluido el furgón que transporta a los niños que, además, tienen discapacidad motriz.
En estos momentos, se encuentra trabajando en el tema de ayuda óptica para gente de baja visión, y a la espera de la aprobación de gran parte del financiamiento para edificar el nuevo inmueble, ya que algunos fondos se consiguieron en una teletón en beneficio de COALIVI, realizada por la CBM. Para ellos, la institución penquista es un ejemplo de lo que se quiere lograr a nivel mundial. Además, en noviembre se realizará la Cena de la Luz, ya tradicional en la zona, para reunir capital que va en ayuda de esta institución.
 
¿Qué esperas del futuro?
Sueño con una escuela digna del trabajo que se realiza en ella, que tenga las dependencias necesarias y adecuadas, una implementación bonita, moderna. Sueño con un COALIVI autosustentable, sin falta de recursos, con los profesores necesarios y demás profesionales, sin tener que medirse por no poder financiarlos. Sueño con un COALIVI apoyado por el Estado o por la ciudad de Concepción, que se pueda mantener en el tiempo, y yo pueda retirarme sin el temor a que desaparezca. Que exista la conciencia de que es una institución que siempre será necesaria.
 
Como nunca la frase “por sus obras los conoceréis”, toma valor. Ingelore Bernhardt es COALIVI y COALIVI es Ingelore Bernhardt. 

 

 

“Creo en Dios y me siento muy acompañada de él. Los momentos difíciles son desafíos que sirven para crecer. Siempre me ha importado mucho mi prójimo, más que yo misma. La clave es que con ello tengo paz interior”.

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