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EDICIÓN | Octubre 2013

Alfarera luz de plata

María de los Ángeles Pérez - Cotapos
Alfarera luz de plata

Así es como se define y como define su oficio. Dedicada con una pasión increíble a la cerámica, a la escultura en arcilla, crea objetos únicos y ve obras de arte en todo lo que hace, desde enormes figuras hasta pequeños platos o tazas.

Por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Vive en un pequeño oasis. Donde Santiago se acaba y la montaña se quiebra cada vez más, hay un espacio donde se respira tranquilidad, donde el silencio de la naturaleza convive con ladrillos, tornos y decenas de esculturas.
 
Caminar por el jardín de María de los Ángeles Pérez Cotapos en como pasearse por una enorme galería al aire libre. Siluetas femeninas, enormes estructuras y figuras abstractas se
mezclan con platos, fuentes y vasijas. Cada una única en su forma, en sus dimensiones y sus colores. Todas con un denominador común: la arcilla.
 
¿Cómo nace tu relación con la arcilla?
Ha existido desde siempre. La primera vez que tuvimos contacto nos entendimos bien. Y desde ahí en adelante me ha convocado a investigarla y modelarla. Es un material muy práctico y dúctil, que me permite expresarme de una manera muy suelta. Estudié pintura, cerámica y estética, pero la verdad es que las escuelas de arte no tienen muy elaborado el tema de la cerámica y la escultura en arcilla. No existen los implementos ni las facilidades. Así que me ha tocado inventar mucho y aprender haciendo”.
 
¿En qué minuto decides abrir tu trabajo, empezar a exponer?
He hecho varias exposiciones, pero abrir mi ser ha sido difícil. Ahora estoy más accesible a exponerme con la obra, he trabajado muchos años en el laboratorio, me he dedicado a la investigación, en un proceso muy de adentro pero que de a poco he ido abriendo.
 
¿Cuántas veces llegas con una idea clara de lo que quieres hacer?
Nunca, es el material el que me habla, me gusta jugar. Concebir una línea de trabajo es lo más fácil del mundo y eso me aburre, porque tengo mucha versatilidad, manejo muy bien el torno, el modelado y la escultura. Pero no me interesa hacer diez platos iguales, los hago todos distintos y los esmalto distinto, de manera tal que cuando alguien se siente en mi mesa pueda escoger su propio plato.
Es un trabajo muy solitario.
 
Sí, pero me hace sentir muy libre, trabajo con el material y con todo lo que aparece. No es tan idílico, surgen muchas dificultades.
 
¿Te enojas con la arcilla a veces?
No, nunca. Tenemos una relación buena, hay cosas que me frustran pero sé que debo buscar cómo resolver los obstáculos. Este trabajo se relaciona mucho con la frustración, la pasta necesita un estado especial de humedad para las distintas cosas.
 
Hay una mezcla bien especial entre lo espiritual de la obra y lo complejo que es técnicamente...
Hay mucha técnica. Necesitas tiempo para poder expresar lo que quieres hacer. La humedad de la pasta limita lo que quieres crear, la pasta colapsa, hay límites en el torno también. El secado es muy lento, hay que estar todo el tiempo mirando, abriendo, sacando humedad
 
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SOLO PIEZAS UNICAS
 
María de los Ángeles hace clases, pero siempre desde una perspectiva muy personal. Cuando recibe a personas interesadas en aprender conversa largamente con ellas para entender sus motivaciones y lo que buscan crear. “Cada uno tiene su tiempo y su proceso. La manera de aprender es personal y todas las motivaciones son válidas. Lo único que no acepto en mi taller son los moldes, solo piezas únicas”.
 
¿Siempre escultura?
Sí, yo no hago utensilios prácticos, para mí los platos y tazas también son esculturas. Son objetos que te acompañan en el diario vivir.
 
Hoy hay cierto boom con el tema de la cerámica, mucha gente tomando y haciendo clases...
Me parece fabuloso que así sea. No importa de dónde venga, siempre es bueno. Sería maravilloso que todos viviéramos nuestro día a día con objetos de cerámica, que nuestra comida tuviera otro gusto, que pudiéramos detenernos a mirar una taza, a sentir su volumen, su peso, a disfrutarla cada vez que la acercamos a la boca.
 
El proyecto que por estos días la tiene fascinada se llama “Alfarera luz de plata” y es un nuevo espacio para la creación y el arte. En etapa de construcción, la idea es que en diciembre esté operativo y se transforme en un espacio de diálogo para todos quienes darle una dimensión única a la sensibilidad.
 
“Más que un taller es un centro. Un lugar enriquecido en el que todos puedan ir a trabajar en cualquier horario, donde existan espacios para otras expresiones artísticas. Necesito una nueva forma de enfocar lo que hago, porque yo misma he cambiado, he tomado nuevos caminos respecto de cómo enseñar y recibir a la gente. Quiero que sea un punto de encuentro para quienes realmente quieran estar ahí”.
 
Alfarera, ceramista, escultora... ¿cómo prefieres definirte?
En este minuto, como alfarera luz de plata. 
 
 

“Concebir una línea de trabajo es lo más fácil del mundo y eso me aburre, porque tengo mucha versatilidad, manejo muy bien el torno, el modelado y la escultura. Pero no me interesa hacer diez platos iguales”.

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