Son un grupo de hombres que lo único que tienen en común es su pasión por vivir la naturaleza. Se reunieron hace seis años y, poco a poco, han ido aumentando la dificultad de los ascensos. Sin prisa, pero sin pausa, tal como debe ser el ritmo al enfrentar todo nuevo desafío.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Hernán iba tranquilamente caminando cuando se encontró con un amigo que lo invitó a escalar el Cerro Coloso durante el fin de semana. Así, casi sin darse cuenta, comenzó lo que hoy, seis años después, es la formación oficial del grupo "Montañeros de Antofagasta", una agrupación que está en camino de alcanzar la personalidad jurídica y que, básicamente, reúne a un grupo de profesionales de diversas áreas que practican el montañismo, que para muchos es un deporte y para otros es un verdadero estilo de vida.
Como uno de los socios fundadores de este grupo, Hernán López nos cuenta sobre la magia de alcanzar una cumbre y todo lo que implica funcionar como equipo en condiciones normalmente adversas, donde los errores o las malas decisiones pueden, incluso, costar la vida.
<strong>Después de esa primera salida ¿cómo incorporaron más integrantes al grupo?</strong><br /> También fue una casualidad. Nos encontramos con otro amigo que venía llegando de Santiago. Él escalaba de manera más profesional y fue gracias a su experiencia que decidimos armar una expedición más formal. Y nos fuimos a un cerro.
<strong>Ahí se dieron cuenta de que había otra forma de hacer las cosas</strong><br /> Claro, después de esa actividad comenzamos a invitar personas con las que podíamos compartir esta aventura.
<strong>¿Son personas especiales?</strong><br /> Deben tener algo diferente, sin duda. Por ejemplo, deben tener una condición física más o menos aceptable y por nada del mundo ser sedentarios. Hay un tema de buenos hábitos deportivos que es importante, pues ascender una montaña requiere perseverancia y ser personas, sobre todo, tolerantes y respetuosas.
<strong>¿Hay algún factor común, además de la afición por la montaña?</strong><br /> Yo creo que el gusto por la naturaleza, es lo que resume todo. Porque fuera del cerro, tenemos actividades muy diversas y, a veces, ni siquiera nos vemos entre proyecto y proyecto. Anteriormente me había cuestionado lo mismo y después de mucho pensar cuál será nuestro motor en común, puedo pensar que somos un poco más soñadores que los demás.
<strong>Personas con una visión de la realidad distinta</strong><br /> Somos amantes de la libertad. Muchos nos preguntan ¿por qué suben los cerros? Hay una típica respuesta de un montañero famoso que fue Lionel Terray, que falleció intentando subir el Everest el año 1921. Ante el cuestionamiento <em>"¿Por qué subes a los cerros?"</em>, respondió: <em>"porque están ahí"</em>. Es decir, hay un impulso por conquistar lo inalcanzable.
<strong>Hay quienes lo asemejan con un algo espiritual</strong><br /> Algunos lo transfieren a experiencias religiosas o divinas, al estar cerca de Dios. En mi caso personal, tomo esto como un desafío, porque es poner a prueba todos los límites individuales. Es un constante auto superarse, porque tú no estás compitiendo con otras personas, estás probando tus propias limitaciones mientras disfrutas intensamente de la naturaleza. Nadie que haga montañismo puede ser quisquilloso al acampar, por ejemplo. Nosotros nos encontramos con alguna terma o un pequeño río y nos tiramos al agua sin pensar en el frío o en cómo nos vamos a secar. Entramos en una comunión casi sublime con nuestro entorno.
<strong>¿Eso se ve reflejado en otras áreas de la vida en lo personal?</strong><br /> Aprendemos a sacar el pie del acelerador. El vivir situaciones extremas, como ascender sobre los cuatro mil metros, nos da una perspectiva distinta de las cosas, de las urgencias. Hasta que uno no disfruta experiencias diferentes, probablemente sigue inmerso en la vorágine laboral, tienes que ser más concreto, más productivo. Cuando ya se ha conocido el mundo desde otro ángulo, las cosas van tomando su real dimensión y valoramos más las cosas simples.
<strong>¿Viven la realidad de un modo diferente?</strong><br /> Es que lograr un objetivo tan complejo, sí o sí te tiene que hacer pensar un poco. Nos enseña que lo que hacemos todos los días, no es lo único ni lo más importante que hay en la tierra. La gente que trabaja doce o trece horas diarias, si bien puede sentirse muy bien en lo profesional, generalmente tiene una pobre vida espiritual. Yo lo veo con un poco de pena, porque esas personas se han perdido muchas cosas. Hay más mundo, hay mucho más que ver y solo depende de nosotros el salir a buscar nuevos horizontes.
<strong>¿El montañismo ayuda a mejorar la calidad de vida?</strong><br /> Creo que amplía tus criterios, tus horizontes. Por ejemplo, si yo algún día mirara para atrás, me sentiría satisfecho... he hecho cosas, he estado en lugares donde otros no han estado, he logrado metas que otros ni siquiera se han propuesto y es una de las pocas cosas que nadie me podría quitar. Para mí, vale mucho más que cualquier bien material.
<strong>¿Cuántas montañas han subido como grupo?</strong><br /> Generalmente, uno va evolucionando en los ascensos. Primero sube cerros de cuatro mil metros de altura, luego de cinco mil y hasta los seis mil. El grupo de nosotros está en el rango de los seis mil. De hecho, el proyecto que tenemos de aquí a fin de año es subir el Llullaillaco, que tiene seis mil setecientos treinta metros, que es la cumbre más alta de la región. Uno de nosotros llegó a la cima, Miguel Acosta, yo estuve apenas a cien metros.
<strong>Debe ser difícil abandonar estando tan cerca...</strong><br /> Es que la montaña también te enseña templanza. Hay que saber reconocer las propias limitaciones, eso es parte del aprendizaje. Además, hay que tener conciencia de que una cosa es subir el cerro y otra diferente es bajarlo. Ser irresponsable no solo lo pone en riesgo a uno mismo, sino que tensiona a todo el equipo, por lo que tú tienes que saber el momento en que tu nivel físico, tu nivel emocional, llegó a su límite.
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<strong>LIDERAZGO </strong>
Los Montañeros de Antofagasta son un grupo democrático, donde los liderazgos se alternan y se deciden según las condiciones en que se encuentre cada uno. En grupo definen sus actividades y hasta organizan cursos de perfeccionamiento. "Hace poco trajimos a un instructor de la Escuela de Alta Montaña, para que nos instruyera respecto a cosas básicas que pueden marcar la diferencia al momento de subir un cerro", señala Hernán.
<strong>¿Cuántos son los montañeros?</strong><br /> Somos dieciséis los integrantes del grupo: Luis de Echaniz, Patricio Rodríguez, Mauricio Retamal, Pierre Todorovic, Patricio Cifuentes, Alfonso Crestá, Exequiel Ramírez, Lindley Maxwell, Alberto Cozar, Rodrigo Retamal, Héctor Rodríguez, Eric Zúñiga, Daniel Guevara, Jorge Mell, Randolph Gent y quien habla.
<strong>¿Cómo se adaptaron a esto de la seguridad por sobre todo?</strong><br /> Hemos ido aprendiendo juntos y aunque muchas veces las medidas de protección pueden parecer exageradas, nada está demás. Hay cosas que parecen simples, pero son fundamentales. Por ejemplo, conozco un caso cercano; un amigo se sacó las gafas porque estaban un poco sueltas. Andábamos en la nieve y por estar apenas media hora sin protección, quedó absolutamente ciego por cuarenta y ocho horas a causa de una lesión ocular provocada por la radiación, que entre más alto, es más dañina. Aunque se recuperó por completo, aprendimos de la peor forma que no es broma aquello del daño solar.
<strong>Cuando uno está arriba, ¿cuál es la sensación?</strong><br /> Hay varias, depende del momento de la escalada. Tú ves los paisajes, la lejanía y el infinito. Cuando llegas a la cumbre tienes una mezcla indescriptible de sensaciones entre alegría, plenitud y emoción. A veces nos caen lágrimas, porque cumplir el objetivo ha significado un tremendo esfuerzo, que te ha costado sangre y sudor. He visto a mucha gente -y me incluyo- llorar en la montaña, porque lo que vive es especial.
<strong>¿Se piensa en algo en concreto?</strong><br /> La mente se llena de imágenes. Uno lo asocia con un evento particularmente significativo en la vida. Se recuerda a los seres queridos que ya no están, quizás sintiéndolos más cerca, imaginando cómo ellos habrían vivido el alcanzar una cumbre. Quien puede ver un paisaje desde la altura, está viendo la creación en su máxima expresión y esa es una manifestación divina, independiente de tus creencias. Uno se siente suficientemente pagado, a pesar de lo que te haya costado llegar arriba.
<strong>O sea que es un deporte altamente recomendable</strong><br /> Si yo tuviera que decirle algo a la gente que leerá la entrevista, es que tener una actividad sana, innovadora, te estimula a mantenerte en un nivel óptimo como ser humano, tanto en lo físico, como en lo espiritual, intelectual y emocional. Hay muchos cerros aquí en la zona que se pueden subir sin tener grandes conocimientos, como el Cerro Coloso, Morro Moreno y tantos más que hay alrededor. Las alternativas son interminables, pues en la zona tenemos cientos de volcanes, incluyendo el más pequeño del mundo y uno de los más altos. Nosotros tenemos una naturaleza increíble que en otros lugares no hay. Para conocerla en profundidad, el montañismo es una actividad altamente recomendable para la gente, para la familia, para los niños.
<strong><em> "Cuando llegas a la cumbre tienes una mezcla indescriptible de sensaciones entre alegría, plenitud y emoción. He visto a mucha gente -y me incluyo- llorar en la montaña, porque lo que vive es especial". </em></strong>
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